El mismo modelo, con distinto estilo
El miércoles por la tarde, una multitud convocada por el movimiento #Ni Una Menos marchó hacia el Congreso bajo la consigna “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”. La movilización no quedó restringida a la Ciudad de Buenos Aires: sumó decenas de miles de personas en toda la Argentina. Durante la lectura del documento final, se exigió la libertad de Cristina Fernández de Kirchner y la de Milagro Sala.
Las consignas centrales fueron contra los femicidios, la violencia de género y el recorte de las políticas en el área, y también hubo una fuerte vinculación de esas demandas específicas con los ejes del actual proyecto libertario: el ajuste, el endeudamiento, las políticas del FMI, la precarización, el pluriempleo y la reforma laboral, entre otros. La confluencia de todas las luchas en una movilización creciente contra el actual modelo de país es clave para un cambio de orientación política en las próximas elecciones.
En otro orden, en los últimos tiempos se vienen gestando nuevos procesos más o menos subterráneos dentro del establishment político y económico: un ejemplo es el intento de construir una alternativa que permita continuar con el modelo actual, corrigiendo los excesos que se le atribuyen al estilo del jefe de Estado. En ese contexto, aparecieron versiones sobre una reunión entre Paolo Rocca y el expresidente Mauricio Macri.
La creciente diferenciación de Patricia Bullrich respecto del Presidente también se interpreta como una búsqueda de construcción de una alternativa al espacio libertario. Durante la votación del pliego de la candidata a jueza Verónica Michelli en el Senado, cuestionada por Milei por ser cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, Bullrich sostuvo que “no se puede atribuir consecuencias disciplinarias por una relación familiar”. A la hora de votar, la presidenta del Bloque libertario esgrimió la “objeción de conciencia” y se abstuvo.
Comienza a hacerse visible la preparación de una alternativa para el caso de que el deterioro del gobierno sea tal que exista el riesgo de que el actual primer mandatario no cuente con posibilidades de ser reelegido. Milei puede resultar útil para una etapa y no para la siguiente. Para el poder económico concentrado lo importante es el modelo, no quién lo ejecuta.
Mientras tanto, lo que hay entre una elección y otra es la batalla cultural. Siempre con la cancha inclinada: los grandes medios de comunicación, salvo excepciones, no defienden los intereses populares. A ello se refiere “Magnifica humanitas”, la primera encíclica de León XIV, que está dedicada al tema de “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. El Papa advierte que “en el contexto digital, el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo no es prerrogativa de los Estados, sino de grandes actores económicos”, que son quienes “determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación”. Agrega que cuando “un poder de tal magnitud se concentra en pocas manos, tiende a hacerse opaco y a eludir el control público”, y resalta el hecho de que “los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos”.
Este es el territorio donde debemos llevar adelante la batalla cultural: un escenario de absoluta desigualdad. Allí juegan los distintos actores. Y hay de todo: algunos intentan mostrarse parecidos al modelo, diferenciándose por matices. No confrontan claramente desde un proyecto alternativo. Se trata de “opositores” que, por ejemplo, ponen el énfasis en la necesidad de mantener a toda costa el superávit fiscal. Esto es un claro ejemplo de derrota cultural. Para matizar: nosotros no somos hinchas del déficit fiscal. Lo que somos es enemigos del ajuste para resolverlo. Hay otro modo de solucionar el déficit: por vía del aumento de los ingresos. Los ajustadores se desentienden de impulsar impuestos como, por ejemplo, a las grandes fortunas.
¿Cómo lograr que la riqueza no se siga acumulando en muy pocos manos y, por el contrario, sea distribuida entre la mayoría de la población? Ésta es una de las preguntas que debería conducir, a nuestro juicio, el diseño del programa del espacio opositor.
* Presidente del Partido Solidario.
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