COLUMNISTAS
Malvinas

El primer combate de la Guerra

Las reflexiones de un jefe táctico sobre la experiencia del conflicto de 1982.

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Relato. Los soldados combatieron con valentía y profesionalidad. | cedoc

Se libró a 90 kilómetros al este de Puerto Argentino en el istmo de Darwin-Pradera del Ganso (Goose Green). La zona, a fines de mayo y en forma improvisada, estaba defendida por la Fuerza deTareas “Mercedes”, conformada por el Regimiento de Infantería 12 (RI 12) a cargo del Tte.Cnel. Ítalo Piaggi con algo más 500 hombres, que recaló en la isla Soledad con solo algunas armas pesadas, escasa munición, carente de movilidad y sin una clara misión. Desde Puerto Argentino se lo reforzó con tres obuses de artillería,dos cañones antiaéreos, 30 hombresdel RI 8 y 120 del RI 25 –con armas livianas– a cargo del Tte. Pr. Daniel Esteban. También había efectivos de la Fuerza Aérea con algunos aviones Pucará, que quedaron fuera de combate en el ataque del 1° de mayo. El enemigo poseía en el orden de dos mil hombres, con apoyo de artillería y aeronaval. Así se libró el primer combate de la Guerra de Malvinas, los días 28 y 29 de mayo de 1982.Días antes la Fuerza Aérea y la Aviación Naval habían logrado exitosos ataques a la flota británica.

1. La Fuerza de Tareas dependía del general Omar Parada, que días antes recibió de Menéndez la orden de trasladarse de Puerto Argentino a Darwin con su Estado Mayor, pero nunca lo hizo. Desconocía totalmente la zona de operaciones, nunca visitó a su tropa ni compartió las privaciones y vicisitudes de sus hombres. Parada condujo el combate, desde una oficina en Puerto Argentino. Al respecto, el general Jofre escribió: “Que Parada había seguido la evolución de ese combate a través de los medios de comunicaciones radioeléctricos”.

2. Distinta fue la actitud del general inglés Julián Thompson que, antes de desembarcar, dijo a sus hombres: “Los jefes de las fuerzas de tierra actuarán como vienen haciéndolo desde hace dos mil años. La única diferencia entre Aníbal y nosotros es que él iba en elefante y nosotros tendremos que caminar”.

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3. Las órdenes de Parada eran incumplibles y reñidas con elementales normas tácticas y doctrinarias, una de las últimas (desde Puerto Argentino) fue: “La de estudiar la posibilidad de romper el cerco y ejecutar un repliegue nocturno hacia el sudeste para el embarco de los efectivos en un navío a enviar desde Puerto Argentino, hacia un punto de la costa a convenir”. Ignoraba que los efectivos de Darwin estaban agotados, era imposible romper el cerco inglés, en Puerto Argentino no había naves disponibles, y el mar y el estrecho de San Carlos se hallaban controlados por la flota inglesa.

4. A pesar de ello, nuestros soldados combatieron en forma encomiable, exhibiendo valentía y profesionalidad, que no la tuvieron ni la reconocieron los altos mandos. Los británicos aseguran que entre el 28 y 29 de mayo dispararon miles de proyectiles desde cinco naves, misiles Milan, y sus aviones Harrier lanzaron centenares de minas antipersonales.

5. Es elocuente el relato del soldado Sergio Daniel Rodríguez del RI 25: “La noche del 28 nos efectuaron los primeros auxilios. El soldado Giraldo, también herido en combate, falleció esa noche. Sé que todos mis compañeros caídos, con el Tte. Roberto Néstor Estevez a la cabeza, deben de estar ahora en el paraíso de los valientes. Y vaya mi recuerdo sincero y emocionado a todos ellos. El 29 a la mañana nos llevaron a un hospital de campaña inglés en San Carlos y me efectuaron dos operaciones: una colostomía (ano contra natura) y una laparoscopía (tratando de localizar en mi interior fragmentos del proyectil). Luego fui trasladado al buque hospital Uganda, y allí en un perfecto castellano un capellán inglés me dijo: Para vos, la guerra terminó. Posteriormente cirujanos argentinos me hicieron otras cuatro operaciones”(Así peleamos Malvinas, Biblioteca Soldados, pág. 270).

6. Como en otras acciones el sufrimiento de los combatientes no diferencia a ninguno de los adversarios. Es elocuente un relato inglés: “Al endurecerse las posiciones argentinas, los Para 2 (Batallón de Paracaidistas) tuvieron que frenar su avance. Por el flanco oeste la compañía B veía aumentar el fuego enemigo al irse acercando a las trincheras enemigas (…) Luego, a otro soldado raso, llamado Hall, le dispararon a la altura de los riñones y cayó al suelo gimiendo. Un soldado de veinte años, Stephen Illingsworth, corrió a pesar del tiroteo con otros soldados para llevarse a Hall. El pelotón tenía ya escasas municiones y a Illingsworth se le ocurrió volver a salir bajo el fuego para recuperar el cinto de Hall, que tenía 100 cartuchos. De repente lanzó un grito y cayó. Le había entrado un tiro por el cuello, quebrándoselo y cortándole la yugular. Según el sargento Aird, casi seguramente murió de inmediato” (The Sunday Times Insight Team- Una cara de la moneda, págs. 136 y 137).

7. Sería imposible narrar el comportamiento en combate de decenas de soldados, suboficiales y oficiales que combatieron en Darwin. Me limitaré a la del soldado Roque Evaristo Sánchez del RI 12: “Al resultar aislado y rodeado por el enemigo e intimársele rendición negarse terminantemente y continuar con el fuego, ocasionando numerosas bajas y ofrendando su vida en esta acción”.

8. Un almirante inglés, dijo: “En los combates terrestres ocurridos hasta ahora, los militares ingleses expresaron privadamente su sorpresa ante la resistencia de los soldados argentinos, a menudo descriptos como conscriptos sin experiencia que no pueden compararse con los profesionales de Londres. Una guarnición pequeña, por ejemplo, había luchado fieramente a ocho kilómetros al norte de Puerto Darwin contra una fuerza inglesa abrumadoramente superior (…) Los informes no oficiales dijeron que los paracaidistas ingleses debieron recurrir a un concentrado fuego de artillería y morteros para desalojarlos” (almirante Sandy Woodward, Los cien días, pág. 48).

9. Los muertos británicos, a pesar de la notoria superioridad fueron importantes, incluyeron al Tte. Cnel. Herber Jones y el derribo de un avión Harriet.

10. La Fuerza de Tareas “Mercedes” tuvo la mayor cantidad de muertos: cuarenta y siete (35 del RI 12 y 12 del RI 25) en la única guerra que libramos en el siglo pasado. Cumplieron con lo que André Malraux dijo: “La tradición no se hereda, se conquista”.

11. Uno de los caídos heroicamente en combate –el misionero Tte. Estévez– en una carta premonitoria a su padre, entre otros conceptos, expresó: “Que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea apertura a la tristeza. Y muy importante, recen por mí (…) Hasta el reencuentro, si Dios lo permite…”.

Quisiera equivocarme, pero este combate en su real dimensión ha sido ignorado desde el 29 de mayo de 1982- Día del Ejército-hasta el presente, por muchos militares y civiles.

*Exjefe del Ejército Argentino, veterano de la Guerra de Malvinas y exembajador en Colombia y Costa Rica.