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opinión

La paradoja africana y la historia y presente de Argelia

Todo amante del fútbol sintió, alguna vez en su vida, cierta fascinación por la potencia física, la velocidad y el desparpajo técnico de algún equipo africano en una competencia internacional. Esa fascinación que nace del desconocimiento y de la admiración que genera la capacidad bruta y anárquica de romper partidos. Sacarlos de toda lógica. Los que pintamos canas recordamos perfectamente como mojón histórico aquella derrota de la Argentina campeona de Bilardo y Maradona contra Camerún en Italia 90.

Mantenidas en un lugar de exotismo deportivo fugaz, e incapaz de transformarse en algo serio, eso han sido históricamente las selecciones africanas: condenadas a ser siempre promesas dentro del orden jerárquico tradicional del fútbol mundial, colonizado por los europeos y sudamericanos. Pero algo está cambiando con el cuarto puesto de Marruecos en Qatar 2022, y esta Copa del mundo 2026 se avizora como un punto de inflexión.

Soccernomics fue un libro contracultural escrito a comienzo de siglo y fue el primero en desmontar parte de esa mirada romántica del “talento natural africano”. Simón Kuper comenzó a explicar este fenómeno biológico con una mirada cultural, económica y política.

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Por ese entonces, ya se veían los primeros vestigios de globalización de la “factoría futbolística” y los hijos de inmigrantes africanos subsaharianos transformaban las fisonomías de las selecciones europeas. Así aparecían los primeros jugadores de tez oscura en selecciones de puros blancos latinos, arios o caucásicos.

El dilema nunca fue por qué África no producía mejores futbolistas, sino por qué con semejante talento sus selecciones rendían menos de lo que podían rendir. Por ese entonces, Drogba la rompía en el Chelsea, Eto’o en el Barcelona de Guardiola y Yaya Touré en el City.

El fútbol africano convivía con una paradoja brutal: producía futbolistas de elite mundial, los exportaba a Europa, pero estos por sí mismos no podían transformar las estructuras federativas subdesarrolladas y el caos organizativo.

Pero el paradigma mutó en la última década en dinámica y en cantidades, porque han sido tantos los hijos de inmigrantes que se criaron en Europa comiendo y compitiendo como europeos que ahora las federaciones lo único que tienen que hacer es dedicarse a rastrear antepasados. Hoy, en las mejores selecciones africanas, la mayoría de los titulares son nacidos y criados en Europa, pero juegan para la selección de sus padres.

En la Copa Mundial de la FIFA 2026, África contará con un récord histórico de diez selecciones clasificadas: nueve por las eliminatorias CAF y la República Democrática del Congo a través del repechaje.

Egipto es el máximo ganador histórico de la Copa Africana de Naciones, Senegal por su histórica competitividad y Marruecos, por su orden institucional y por ser el primer africano en alcanzar las semifinales en 2022, son los grandes exponentes.

Pero a nosotros como argentinos nos interesa conocer de Argelia, que tiene una fascinante historia para contar.

En las vísperas del Mundial de 1958, Mohamed Boumezrag lideró un plan de deserción masiva de futbolistas argelinos que brillaban en la liga francesa. Arribi del Lens, Kermali del Lyon y Rashid Mekhloufi, la gran estrella y goleador del Saint-Étienne, abandonaron Francia en secreto rumbo a Túnez para formar la selección del Frente de Liberación Nacional argelino. Fue una estrategia política sin precedentes para visibilizar su guerra de independencia.Argelia llegó a disputar 91 partidos amistosos antes de obtener su independencia en 1962: fue selección de fútbol antes que Nación.

Hoy representa un rival peligroso, fuertemente organizado y contragolpeador. Con muchos jugadores destacados en la Bundesliga y con el experimentado entrenador bosnio Vladimir Petković, quien curiosamente fue entrenador de Lionel Scaloni en su etapa de jugador en la Lazio de Italia.

Los Zorros del Desierto son una auténtica fuente de orgullo nacional y un símbolo de libertad para el país. En Brasil 2014, la generación dorada liderada por Mahrez, Slimani y Feghouli hizo historia al clasificar por primera vez a octavos de final y en 2019 conquistaron la gloria continental al obtener la Copa Africana de Naciones. Llegan a Norteamérica con la expectativa de seguir haciendo historia.