opinión

Gracias, Lula

ALFONSÍN Y LULA, padre y seguidor del Mercosur, base de la Unión Sudamericana. Foto: cedoc

Hace cuatro semanas, Milei consideró que el Mercosur “no cumplió ninguno de sus objetivos”. Ya en los años 90 funcionarios menemistas y hace una década macristas , también eran críticos del Mercorsur. En todos los casos influidos por la prédica norteamericana, que prefería un acuerdo de libre comercio americano en sus etapas más benignas, o una sumisión uno a uno con aranceles en la de Trump, para quienes la existencia de un bloque regional resulta un freno al poder regional de Estados Unidos.

Brasil, principalmente, es la piedra en el zapato de la cosmovisión hemisférica norteamericana, por lo que presidentes con distinto carácter y método, preferentemente republicanos, desde Bush hasta Trump, combatieron siempre la influencia regional de nuestro vecinos en Sudamérica.

“La reelección de Lula es fundamental para la estabilidad global en la era Trump”, sostuvo en una entrevista publicada ayer en Brasil el fundador del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Los Andes en Bogotá, exdecano de la Universidad de San Andrés e integrante del grupo Latin American Conversation, nuestro conocido Juan Gabriel Tokatlian. No solo para la estabilidad de Sudamérica sino también para la mundial ya que Brasil es la quinta economía del mundo, compitiendo con Rusia en esa posición, además de ser el único país junto con Estados Unidos y China que conjuga cuatro atributos: gran escala, territorio, población y tamaño económico (Rusia no tiene la población e India no tiene el territorio).

Brasil, además, es la B del BRIC original, actor determinante del Sur Global, geográficamente la mayor potencia del hemisferio sur y lejos el jugador latinoamericano de mayor tamaño: casi duplica en población a México y casi quintuplica el tamaño de su superficie. El territorio mexicano era sustancialmente mayor que el actual pero Estados Unidos se lo arrebató. Por suerte, Brasil estaba más lejos.

Y dentro del Mercosur concentra alrededor de dos tercios de todo: población, producto bruto y territorio, mientras que Argentina, Paraguay y Uruguay sumadas son el tercio restante. Se podría decir que, simbólicamente, el acuerdo Unión Europea-Mercosur es en gran medida un acuerdo Unión Europea-Brasil. Y también en la práctica porque fue Lula, maestro del soft power, el gran negociador que fue conquistando voluntades de los países europeos que se oponían al acuerdo.

Así como Alfonsín, quien fue el gran estratega de la creación del Mercosur siendo el primero de los países en recuperar la democracia y el que llevó adelante la mayor revisión ética de lo actuado por la dictadura, consideró geopolíticamente determinante tener una alianza democrática subcontinental para autopreservarse de futuros atentados antidemocráticos, concibiendo al Mercosur como una herramienta de hermandad que trascendía en mucho el comercio, cuatro décadas después Lula comprendió lo mismo: un acuerdo comercial con Europa es por sobre todo un acuerdo geopolítico para autopreservarse de avances hostiles norteamericanos en esta época en que Trump decidió que su país no se ajuste más a las reglas del derecho internacional.

En la Guerra Fría, Estados Unidos intervenía a través de golpes de Estado con militares locales afines. En la actualidad ya ni los necesita. Alfonsín en 1983 y Lula en 2025 son un escudo soberano. La Europa actual también se siente primero abandonada en Ucrania y después amenazada en Groenlandia por un Estados Unidos querulante, reforzando ahora sus lazos preexistente en la construcción original de Iberoamérica por parte de la Europa mediterránea.

Este año hay elecciones en Brasil, las geopolíticamente más importantes del planeta porque las de Estados Unidos no cambiarán al presidente mientras que continúe Lula; como sostuvo Tokatlian, le pondrá un freno a Trump en el Sur Global porque si este lograra intervenir como hizo en las elecciones de octubre último en Argentina a favor de Milei, en el caso de Brasil a favor del hijo de Bolsonaro, quedarían totalmente desestabilizados Latinoamérica y el multerateralismo global.

Le será más difícil a Trump que en Argentina porque los resultados de Lula nuevamente son meritorios, a pesar de no contar con el viento de cola de principio de siglo con el aumento de las commodities. Brasil en este mundo convulsionado alcanzó la menor inflación: 3% anual, bajó el desempleo de Bolsonaro del 14,5% al 5% actual y logró salir del Mapa del Hambre de las Naciones Unidas en 2025, al que había regresado en 2021 con Bolsonaro.

Al comienzo de nuestra democracia, el peronismo combatía a Alfonsín cantando: “¡Ay Patria mía, dame un residente como Alan García!”, porque el peruano era más distribucionista y en Argentina la CGT le hacía, obtusamente, 13 paros generales a un presidente solo porque era de la UCR. Hoy se podría parafrasear: “¡Ay Patria mía, dame un presidente como Lula!”. Alfonsín y Lula de alguna manera se unen en un abrazo simbólico entre el fundador del Mercosur y su refundador, porque este acuerdo con la Unión Europea relanza nuestra sociedad sudamericana.

La diferencia de envergadura de Milei con Lula permite por contraste observar la calidad de nuestra dirigencia actual. Brasil ya pasó por lo mismo con Bolsonaro y lo superó una vez, esperemos lo pueda seguir haciendo y ayude a nuestra propia autosuperación.

Gracias, Lula, por mantener vivo el Mercosur, por blindar su subsistencia con este acuerdo aunque en un futuro volviese a haber otro Bolsonaro que prefiera que no existiera el Mercosur, gracias por ponerle freno a Trump y ser un ejemplo para Argentina de responsabilidad fiscal, con sensibilidad humana, junto a crecimiento económico. Alfonsín también diría: “Gracias, Lula”.