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Mae es una chica de dieciséis años que vive con una camarera alcohólica y un intelectual bohemio que no trabaja.

La editorial Eterna Cadencia suele publicar libros irlandeses con la ayuda de la agencia para la promoción en el exterior de la literatura de ese país. Muchos países tienen fondos de ese tipo y muchas editoriales utilizan esos fondos para traducir libros que probablemente no se conocerían de otro modo. Entre los contemporáneos irlandeses del catálogo de Eterna Cadencia, tal vez el nombre más conocido y celebrado sea el de la cuentista Claire Keegan, de quien ya llevan publicados cinco libros. Este año publicaron también una colección de relatos de la redescubierta Maeve Brennan (1917-1993). Pero acaso el libro más original entre los nuevos sea Nada especial, la primera novela de Nicole Flattery, que nació en 1990 y la publicó en 2023 después de una colección de cuentos que también será traducida en breve.

Nada especial es una novela peligrosa, como lo son todas las que ficcionalizan hechos históricos o hablan de gente o ambientes reales. En este caso se trata de la famosa Factory de Andy Warhol, corazón del arte underground de Nueva York en los años sesenta. Mae, la protagonista, es una chica de dieciséis años que vive con una camarera alcohólica y un intelectual bohemio que no trabaja. Incómoda en el ambiente borreguil de la escuela, Mae la abandona y consigue un trabajo de dactilógrafa en el loft de las maravillas, en el que tantas cosas ocurrían, en particular la transcripción de unas cintas que Warhol convertiría en su novela experimental A Novel. Allí Ondine (Robert Olivo), uno de los actores fetiches de Warhol, monologa y conversa con otros personajes. Publicada en 1968, la novela no tendrá un argumento y ni siquiera será corregida: respetará la versión original que incluye los errores de tipeo y las falsas atribuciones de las voces.

Pero Mae se empeña en hacer lo mejor posible el trabajo con su amiga y competidora Shelley, en medio del lugar en el que Andy produce como un conejo y vampiriza las vidas de los que van a buscar sus quince minutos de fama. Así contado, esto suena a cliché de la peor especie, pero Flattery lo esquiva al concentrarse en la vida de Mae mientras el eco de lo que ocurre alrededor se filtra a través de los auriculares, que dejan adivinar la presencia silenciosa de Andy y de sus acólitos. Pero la oficina y las fiestas que prolongan su efervescencia por la noche son un caldero de ambiciones, humillaciones, promiscuidades y malos tratos de todos contra todos y también una vida diferente en la que Mae va entrando. Una vida cool: cuando Mae habla de perdonar a alguien, le advierten: “Si quieres perdonar a la gente te puedes mudar a San Francisco. Y no seas pretenciosa. Es pretencioso perdonar, queda feo”. Por otro lado, ese mundo de programada insatisfacción tiene su espejo perfecto en la insatisfacción de la “vida normal”. Pero nuevamente Flattery logra remontarse por sobre el cliché y evita la sociología. Acaso el rasgo más interesante de la novela sean los ramalazos afectivos que siente Mae (por Shelley, por la madre, por el novio de la madre, por su amiga de la infancia), que le dan vida a ese mundo muerto tanto dentro como fuera del círculo de la gente linda.

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Tengo la impresión de que Flattery va camino de convertirse en una estrellita de la literatura. Lo anómalo de su caso es que se trata de una escritora.