Derrota cultural

Gramsci 2, Milei 0; pero también Axel 0, Adorni 0

La crisis que en torno a presuntos casos de corrupción del exjefe de Gabinete constituyó una de los principales fracasos ideológicos del oficialismo. Sin embargo, la oposición no capitalizó el momento.

Universo bascular-gramsciano. Foto: Pablo Temes

“La crisis consiste precisamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en este interregno se verifican los fenómenos mórbidos más variados.”

Antonio Gramsci

“D’Alema, dì una cosa, dì qualcosa, reagisci!”

Nani Moretti, fragmento de la película Aprile

----------------------------------

1. En pleno Mundial, mientras la euforia o el entusiasmo de la sociedad mira hacia otra parte, la renuncia de Manuel Adorni y la asunción de Diego Santilli implican que la parte ideológica del proyecto de Javier Milei fue reemplazada por una más pragmática. En su carta de renuncia, Adorni enuncia esta diferencia (que a la luz de lo que se conoce también es una descripción sociológica del apoyo a Javier Milei): “Soy un simple ciudadano que un día quiso colaborar con un proyecto que está poniendo a la Argentina en la cima del mundo, un ciudadano de a pie, con una vida que no es ni más ni menos que la que tuve siempre”. Santilli, por historia y recorrido, no responde a esa lógica. Y tampoco responde a la de muchos de los argumentos que exhibió Milei a lo largo del tiempo: oposición a las diversidades, la tentación autocrática, el exabrupto como método. No es la primera vez que el Presidente deja de reproducir a los Lajes, Márquez y Gordos Dan de la vida en contexto de caída de imagen positiva. No es la primera vez que pierde su condición plebeya y se recuesta en los poderes habituales de nuestra sociedad, que tan exactamente representa Santilli. Desde aquel 1° de marzo en el que el Presidente formuló su enunciación de “la moral como política de Estado” a la renuncia de Manuel Adorni, con la caída de las encuestas de la imagen presidencial, lo que se cuestionó es la ética de un gobierno. Pero no solo es la ética: la ideología oficial perdió como Alemania contra Paraguay. Y no por penales (salvo que aludamos a los fueros de la Justicia). 

2. Giorgia Meloni tiene un origen político comparable al de Javier Milei. Sigue siendo ubicable dentro del entorno de las derechas a nivel mundial, muy a la derecha, quizás, pero se quedó del lado del institucionalismo. La gran demostración de ese recorrido es la distancia sobre Donald Trump, especialmente en el momento de la guerra con Irán. Y esto se inscribe en un momento global en el que hay algo del boom de las derechas más reaccionarias que se detiene: la derrota de Viktor Orbán en Hungría es más que un símbolo. Las elecciones de medio término en los Estados Unidos (y en nuestra región, las presidenciales en Brasil) marcarán la tendencia de cara a 2027 que, en Argentina, es un año electoral. ¿Se habrá melonizado Milei? ¿La casta tiene nuevo miembro? (Entiéndase como chiste esa pregunta de respuesta obvia: sí, lo tiene desde hace mucho tiempo.) ¿Peter Thiel vino a buscar una república tecnológica y Milei le devuelve una institucionalidad a la que los argentinos estamos acostumbrados? No en vano el flipper que compró Manuel Adorni tiene como inspiración a Los Locos Addams.

3. Aun así, hay geopolítica. Y política. Desde la reelección de Trump en noviembre de 2024, Perú, Ecuador, Bolivia, Chile, Costa Rica, Colombia y Honduras eligieron presidentes de derecha o extrema derecha en los últimos 18 meses. Bukele anunció que también irá por la reelección. A eso se suma la situación de Venezuela. Si bien fue de los primeros, el presidente argentino ya no es el único. Y es posible que esto lo debilite más que fortalecerlo. Las reelecciones son un problema para los oficialismos en el contexto de la ira política. 

4. En este escenario, las encuestas revelan un discreto rebote del oficialismo –muy discreto como para justificar el entusiasmo de algunos de sus voceros– y un nulo aprovechamiento de la oposición política. Sorprende el silencio de los líderes opositores con chances de ser opción el año que viene. Sorprende la pasividad con que unos y otros se entregan a una peleíta no muy explicable. Sorprende la carencia de propuestas opositoras convocantes. El grito, se sabe, puede ser una forma del silencio. Más cuando ese grito sucede en la intimidad. 

5. Con motivo del 4 de julio, la publicación de The Atlantic rescató un artículo del año pasado, de David Brooks, que se llamó “América necesita un movimiento de masas ahora”. Allí se pregunta: “Para los Estados Unidos, la pregunta de la década es: ¿por qué no se ha materializado aquí un movimiento de resistencia? La segunda administración de Trump ha incumplido las decisiones judiciales en un tercio de todos los fallos en su contra, según The Washington Post. Opera como una raqueta nacional de extorsión, utilizando el poder federal para controlar el funcionamiento interno de las universidades, bufetes de abogados y corporaciones”. Brooks sostiene que Estados Unidos necesita construir una resistencia masiva y nacional frente al giro autocrático del gobierno de Trump. Caracteriza las políticas y acciones de Trump como una “guerra salvaje” contra instituciones, organismos de gobierno y políticas de larga data, orientada a concentrar poder y beneficio para Trump. Una vez más, parecidos y coincidencias. 

6. Citábamos al principio, un fragmento de la película Aprile, del director Nani Moretti, que además es el guionista y protagonista de la escena: en esa escena, Moretti está frente al televisor mirando un debate de la campaña electoral italiana, con Massimo D’Alema (líder de la izquierda, ex-PCI) enfrentado a Berlusconi. Se tapa los ojos, angustiado, y empieza a increpar al televisor: le pide a D’Alema que reaccione, que no se deje avasallar por Berlusconi en el tema de la justicia. Primero le pide: “D’Alema, dì una cosa di sinistra!” (“¡Decí algo de izquierda!”. Ante el silencio, baja la exigencia: “Dì una cosa anche non di sinistra, di civiltà!” (“¡Decí algo, aunque no sea de izquierda, algo de civilidad!”). Finalmente, ya desesperado, se resigna a pedirle simplemente que diga algo, lo que sea: “D’Alema, dì una cosa, dì qualcosa, reagisci!: “Decí cualquier cosa, decí algo, reaccioná!”. 

7. Las peleas de familia –entre hermanos, entre una madre y sus hijos, de sangre y políticos– son el escenario de una ópera que vivimos todos. Volvamos a Los Locos Addams, que tanto le gustan a Manuel Adorni. En la canción de apertura se hablaba de “familia muy normal” para describir a los protagonistas. Así estamos.