libros

Invaluable y colosal

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

Como el atentísimo y fidelísimo lector recordará, la semana pasada manifesté mi interés en celebrar mi ingreso a la senectud (que bien podría equivaler también a mi salida, porque con la vida, tan caprichosa, nunca se sabe), dedicando un año a la lectura de libros aún no leídos y que en orden alfabético y lingüístico se agrupan en mi biblioteca, comenzando por la A de Argentina, faltaba más, criterio digno de alguien que en su infancia escuchaba “¡Argentino hasta la muerte!” de Roberto Rimoldi Fraga en lugar de zangolotearse con The Beatles; alguien que, peor aún, en gala de su nacionalismo de recién llegado al mundo gustaba llamar Guillermo y no  William a Shakespeare. Exagero, por supuesto.

Pues bien, una vez tomada esa decisión, a cambio leí dos libros que aún no habían entrado en los anaqueles, uno comprado en un kiosco y otro que ligué durante la tarde de su presentación, y de los que ya comenté mis impresiones. Luego, a cambio de ir rellenando mis agujeros culturales con lo no leído de mi biblioteca, extraje parte del legado invaluable y colosal de la obra de Luis Chitarroni. Era Pasado mañana (diagramas, crìticas, imposturas), que publicó la chilena Ediciones Universidad Diego Portales. Pasado mañana es mi libro crítico favorito de Chitarroni, sin desmedro de La ceremonia del desdén (Mardulce), su libro póstumo delicioso y fragmentario acerca del Borges de Bioy. Ceremonias del desdén es una especie de puesta en práctica, dentro del género de la crítica literaria, del estilo del Chitarroni de su novela Peripecias del no, y que tarde comprendí que a su vez era una puesta en práctica narrativa del cuento semiensayístico “El jardín de senderos que se bifurcan”, del propio Borges. Un insidioso dirá que Pasado mañana es su, mi libro crítico favorito, por la sencilla razón de que dedica un artículo a desmenuzar brillantemente una de mis novelas, y de paso reírse de mis falencias, que para eso están los amigos, a lo que contestaré que ese no es un argumento suficiente, ya que en la misma obra Chitarroni se explaya con más brío acerca de otros colegas. 

¡Y nos quedamos sin espacio justo cuando empezábamos!