COLUMNISTAS
Riesgos y expectativas

La confianza, un bien esquivo

La economía también se asienta sobre lo que esperan el mercado y los individuos. Allí, los números parecen formular un interrogante al ministro Luis Caputo que es ineludible responder con resultados.

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Caputo. | Pablo Temes

El ministro Luis Caputo dio dos definiciones no menores en su mensaje del jueves último durante un encuentro organizado por el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF): admitió finalmente un “retroceso” en el proceso de control de la inflación y atribuyó ese traspié a un problema de “credibilidad” y pérdida de “confianza”, producto de un “ataque especulativo”.

Caputo dio una explicación de carácter monetario según la cual, una caída en la demanda de dinero (la gente no quiere retener los pesos y se desprende rápidamente de ellos buscando refugios) presiona sobre los precios. “Yo no puedo forzar a tener pesos en el bolsillo si ustedes no quieren. Eso viene dado por la credibilidad”, reconoció el ministro. “Lo que tenemos que hacer es lo que seguimos haciendo: equilibrio fiscal, una política monetaria prudente y generar condiciones para que vuelva la confianza”, dijo.

El ministro de Economía está reconociendo un límite estructural en el programa para reducir la inflación, que en el catecismo friedmaniano de Javier Milei es “siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”. Ese límite revela que el Gobierno puede controlar la emisión monetaria, pero no las expectativas ni la confianza.

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La inflación acumuló casi un 6% en el primer bimestre del año. No ha bajado en los últimos nueve meses, desde mayo último. El índice de marzo, coinciden los análisis, seguirá en el orden del 3%, por inercia inflacionaria (la inflación pasada alimenta la inflación futura); el impacto en bienes estacionales y la continuidad del proceso de recomposición de las tarifas de los servicios. A esas múltiples razones deberá agregarse el impacto de la suba del petróleo en el precio de los combustibles, resultado de la incierta deriva de la guerra en Oriente Medio.

El diagnóstico de Caputo puede extenderse a otros planos: el Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) cayó por segundo mes consecutivo en marzo (-5,3%) y registró su nivel más bajo desde septiembre pasado (42,03 puntos).

Ese índice mide qué tan optimistas o pesimistas están los hogares en la Argentina respecto a su situación en particular y a la economía en general. Este mes arrojó una importante caída en el Gran Buenos Aires (-9,35 puntos) y en la Ciudad (-6,99), regiones de una alta concentración poblacional, aunque resiste (1,6) en el interior del país. Un reflejo de una economía que, como se sabe, marcha a diferentes velocidades. Todos los componentes del índice mostraron variaciones a la baja en marzo, entre ellos los que miden las condiciones presentes de la economía, que retrocedió 6,48%, y las expectativas a futuro, que cayeron 4,45%.

Otros indicadores objetivos confirman los retos que están enfrentando Caputo y Javier Milei. Esta semana se conoció que en el último trimestre de 2025 el desempleo trepó a 7,5%. La desocupación alcanza un pico del 8,6% en el Gran Buenos Aires, donde mayor es el pesimismo.

Este viernes el Indec difundió el informe de avance del nivel de actividad (PBI) del cuarto trimestre de 2025, que marcó un ligero avance del 0,6% respecto del mismo período anterior, y del 2,1% contra el año anterior, pero en un marco de una cada vez más marcada heterogeneidad entre sectores. Mientras que la intermediación financiera y el campo crecieron respectivamente un 17,2% y un 16,1%, el comercio retrocedió un 2,2% y la industria manufacturera, un 5%. El 2025 cerró con un crecimiento de la economía del 4,4%, cuando en el segundo trimestre había superado el 6%, dato que confirma la desaceleración en la segunda parte del año.

Sobre este escenario, al que debería sumarse la pronunciada caída en la recaudación tributaria, otro indicador del enfriamiento de la economía, se recortan los dos episodios que impactan en la promocionada integridad moral del Gobierno libertario: la investigación del caso $Libra, que compromete al Presidente y a su hermana secretaria general, y los desarreglos administrativo/patrimoniales del jefe de Gabinete Manuel Adorni y su familia.

La duda es de qué manera la sociedad relaciona estos episodios con su situación económica, y puntualmente si estos escándalos erosionan el compromiso y la tolerancia mostrados ante el ajuste. Si la gente pondrá en cuestión el esfuerzo realizado en los últimos dos años y si considera que ese esfuerzo aún puede ser justificado. En la respuesta a este tipo de preguntas está cifrado en buena medida el tiempo que viene.

El lunes se conocerá el Índice de Confianza en el Gobierno, de la misma Universidad Di Tella, un indicador que mide dimensiones como la capacidad del Gobierno para resolver los problemas del país, la honestidad de los funcionarios, y si estos actúan pensando en el bien común. El índice acumula tres meses consecutivos de caída después de haber alcanzado un pico en noviembre, tras la victoria electoral libertaria. Sabremos con qué capital político cuenta Milei en un momento desafiante.

La política parece entrever que allí hay un desgaste. Es lo que explica el súbito y temprano despertar de las oposiciones, que han acercado el horizonte electoral. Axel Kicillof desembarcó este jueves con su corriente en la Ciudad de Buenos Aires; Miguel Angel Pichetto y Emilio Monzó intentan construir un proyecto de peronismo institucionalista (podría parecer un oxímoron); y Mauricio Macri busca pegar pedazos sueltos del PRO y reparar su partido, aún con un objetivo incierto.