la mecánica del sistema

La casta castra

Abandonados en la miseria. Generaciones nacidas en la pobreza. Foto: AFP

Inteligencia artesanal argenta. Video. Avatar de Milei. Pelito revuelto. Mentón al pecho. Papada oculta. Ojos a las cejas. Labios fruncidos. Pulgares arriba. Muñequito modo Ekeko, no rechoncho. Si cae simpático sale en versión Lego para kioscos. Super Javi. Mameluco con marca. En la imagen inicial, de perfil, luego de frente, se ve un bulto de forma oval debajo de la cintura. Acción.

El zoom de la cámara se aproxima. La bragueta se desabrocha. Asoman dos huevos inflados, tamaño avestruz. Voz en off advierte: la economía se enfría. Lentamente, arrugan. En un minuto, ideal para Tik Tok, se convierten en dos bichitos bolita. Quedan colgando, de Adorni. Desde un meme, el infame procesado todavía en libertad, Alberto Fernández, pregunta: ¿qué pasó ahora? Se dibuja una flecha oblicua que apunta a los mellicitos. Fin.

Si se quiere evitar que la alegoría tome en joda al Presidente, o por el contrario active la reacción airada de los que babean en las redes sin más que hacer que vivir vidas ajenas, se deja latiendo una pregunta final para promover, hacer viral el debate. Panelistas, encuestadores, analistas, gente en busca de protagonismo, se prenderían a responder algo provocador, tipo: ¿Qué pasa con los huevos de Milei?

¿Se los quieren cortar? ¿Quién? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Alguien puede dar fe de que eran así de grandes? ¿Le quedaron como los de cualquiera? ¿Menos? ¿Tiene todavía? ¿Es posible asegurar que tendrá para lo que falta? El maple de una docena, quince, o treinta funcionarios amuchados en la cocina del poder no suma a la polémica. Son de gallinas en jaula. Por cualquier huevada Karina los hace torta.

Esto no va de boquilla, como el título de abogada de Cristina Kirchner. Ella nunca peló el certificado de estudios. La única prueba documental apareció retocada. Acá, ahora, hay que probar. Demostrar. Ofrecer testigos. Que se sepa, ninguno de los que se cambiaba con él en el mismo vestuario, cuando era arquero de Chacarita, confirmó que el tamaño del que presumía el Milei candidato, llamara la atención. Menos, las famosas conocidas que llegaron a tener relaciones íntimas. Reservadas, leales, confiables. Nunca hicieron comentarios públicos. Huyeron, sí, pero anda a saber por qué.

Una pena no tener unos mangos. Si no hay para ahorrar, menos para poner. La apuesta al video es segura, rentable. Da para serie. Cuarenta democráticas temporadas. Precuela basada en hechos reales. Presidentes, ministros, secretarios, funcionarios, operados, limados, afeitados, serruchados por miembros de las “familias” empresarias, gremiales, judiciales. Gente de mierda, ladrones de guita pública, prebendarios del Estado, coimeros. ensobrados. La secuela contaría la historia de millones de personas abandonadas en la miseria, generaciones sin destino nacidas en la pobreza. Más un spin off del saqueo al futbol argentino. La AFA, de Grondona a Tapia-Toviggino.

En una versión hardcore, para adultos, se podría mostrar cómo funciona la mecánica del sistema. La morsa de carpintería. Comienzo amable. Reuniones de parientes, hijos que heredan empresas, sindicatos, cargos en el Estado, en la Justicia, esposas cómplices, asesores testaferros. Besos en la mejilla. De Moyano a Macri. De Tapia a Faroni. De Faroni a Toviggino. De Toviggino al juez Mahiques, padre, cuando le festejó el cumpleaños en la mansión de Pilar puesta a nombre de dos jubilados. Del dueño de laboratorios, Hugo Sigman, a sus financiados Cristina, Alberto, Kicillof.

Abrazos, devolución de favores. De Alberto a Sigman con contratos para proveer vacunas. De Scioli a Guillermo Francos en el Banco Provincia cuando era gobernador, de Guillermo Francos a Scioli cuando fue Jefe de Gabinete. 

Los huevos apretados se tensan. Filtran audios, capturas de pantalla, denuncias. Revientan. Sangran. Entonces, Mahiques, hijo, abogado de todas las familias, vinculado a Tapia-Toviggino, es designado nuevo ministro de Justicia.

La casta castra, cariño.

*Escritor y periodista.