La mutación eterna de Bullrich
La senadora siempre fue vista en el oficialismo con una mezcla de respeto y desconfianza. Fuentes oficiales señalaron que lo mejor es ignorarla y tomar nota de sus actitudes de desgaste.
“Soy socia, no empleada”. Ante interlocutores de confianza, Patricia Bullrich conceptualizó en las últimas horas el eje de su diferenciación con Javier Milei y algunas decisiones del Gobierno, del que se sigue sintiendo parte.
Así como hace algunas semanas fue la primera —y única— voz oficialista en salir a reclamar que Manuel Adorni debía presentar de inmediato su declaración jurada, para despejar las dudas sobre su aumento patrimonial, ahora anunció que no acompañará en el Senado la decisión oficial de bajar el pliego de nombramiento de una jueza, por ser cuñada de Hugo Alconada Mon, un periodista que investiga casos de corrupción en todas las gestiones.
Bullrich anticipó su decisión en un posteo que difundió este lunes por la noche, con el argumento de que era una objeción de conciencia por sus valores republicanos.
En ese mismo texto, sostuvo que era un tema que había hablado con el Presidente. Y en una reunión posterior con senadores de la bancada oficialista, dijo que le ofreció a Milei su renuncia al frente del bloque, lo que fue rechazado.
La postura de Bullrich volvió a desacomodar al Gobierno. Cuando criticó a Adorni en A24, salió a responderle Milei por LN+ casi de inmediato. Esta vez las reacciones se mantuvieron en reserva. Por ahora.
La senadora siempre fue vista en el oficialismo con una mezcla de respeto y desconfianza. Fuentes oficiales señalaron que lo mejor es ignorarla y tomar nota de sus actitudes de desgaste.
Cabe preguntarse si estas señales de autonomía —y las que podrían venir— evitarían ser arrastrada por un declive mileísta
Pero más allá de la repercusión violeta, resulta todo un desafío desentrañar qué busca Bullrich, que insistió en su posteo con su respaldo al rumbo de la administración libertaria.
Acaso la senadora imagine encarnar la quintaesencia de un mileísmo sin Milei. Esa idea recibe afluentes de sectores empresariales, políticos y mediáticos, inquietos ante ciertos desbordes e imprevisibilidades del jefe de Estado.
Bullrich viene asistiendo a encuentros públicos —y privados— con representantes de estos ámbitos, en distintos lugares del país. Llamativo para alguien que en teoría iba a ir como candidata a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad por LLA. ¿Habló al respecto con Mauricio Macri, con quien reanudó el diálogo pese a las suspicacias mutuas?
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Ella jura que no va a romper con Milei, pese a liderar las encuestas de imagen. En el Gobierno creen que tampoco, siempre y cuando el Presidente mantenga respaldo social para la reelección. “Dudo lo que Patricia puede hacer si empieza a irnos mal”, señala un funcionario que la trata.
En ese caso, cabe preguntarse si estas señales de autonomía —y las que podrían venir— evitarían ser arrastrada por un declive mileísta. Sus allegados hallan una posible respuesta en su historia. Si sobrevivió a Montoneros, al menemismo, a la Alianza, a la Coalición Cívica y a Cambiemos, muestra que tiene el cuero duro. Y una vocación eterna por mutar de piel cada vez que lo cree necesario.
ML
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