Opinión

Revolución y después

El único futuro posible para la literatura es la confección de catálogos inteligentes, que rompan con la producción masiva de bazofia.

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

Con la multiplicación de los estudios académicos, todos los días aparece una ciencia novedosa e intrascendente. Pero también hay ciencias que nacen sin que se note, pero tienen un lugar asegurado en el futuro. Acaso una de ellas haya tenido su fecha de nacimiento en agosto de 2017, cuando la editorial Gris Tormenta publicó su primer libro. Con sede en Querétaro, dirigida por Mauricio Sánchez y Jacobo Zanella, Gris Tormenta suele aparecer por la FED de Buenos Aires y otras ferias del continente con sus volúmenes cuidados al extremo desde la gráfica a la estructura, pensados hasta el mínimo detalle y orientados a reflexionar sobre “la intersección contemporánea entre escritura, lectura y edición”. La idea detrás de esta formulación ambiciosa es que el único futuro posible para la literatura (y acaso para el pensamiento o la humanidad misma) es la confección de catálogos editoriales inteligentes, que rompan con la producción masiva de bazofia organizada a nivel planetario y conviertan la edición en un arte, en un arma y, sobre todo, en una obra. 

La idea de que un catálogo puede ser una narrativa, una teoría y un manifiesto no es nueva. Ese es el sentido en el que Roberto Calasso concibió la sucesión de libros publicados por la editorial Adelphi: como la bibliografía de un autor que escribe mediante sus elecciones y sus prólogos. Sin embargo, la aparición de Gris Tormenta, con sus colecciones imbricadas y sus decisiones cuidadosamente estudiadas, le da a la propuesta un carácter sistemático, cuya validez como disciplina científica está dada por la continua reflexión sobre sí misma. Gracias a eso, apuntan los editores, “una editorial es siempre el esbozo de una editorial futura”. No es extraño, entonces, que el trabajo de Gris Tormenta haya llamado la atención en el ambiente académico. Por ejemplo, la Universidad del Litoral les encomendó a Sánchez y Zanella la escritura de un libro que acaba de aparecer y se llama Paisajes hechos con libros; el trabajo con formas editoriales, en el que describen meticulosamente su tarea, su producción (unos cincuenta volúmenes hasta ahora), las ideas que las sustentan y las afinidades que encuentran en otras iniciativas.

Gris Tormenta publica no ficciones de un tipo particular, de las que es altamente representativo un librito de Lewis Lapham cuyo título es El sonido de una voz. El libro tiene noventa páginas, pero el texto de Lapham, una conferencia que data de 1975, ocupa apenas unas veinte. El resto está compuesto por el prólogo de Zanella y recuerdos que Lapham dejó en sus contemporáneos. Lapham (1935-2024) no fue un editor de libros sino, básicamente de dos revistas, Harper’s Magazine y Lapham’s Qarterly, desde donde construyó una idea sobre la cultura de su época no solo alternativa sino contraria a la de los medios y de la industria editorial basada en ideas como que un libro del que nadie tiene nada malo que decir no puede ser interesante, o que los libros que valen la pena son los que permiten identificar, a través de la Historia, una voz que le habla directamente al lector.

Esta ciencia aun no tiene nombre (aunque provisoriamente podría llamarse arquitectura de catálogos) pero tiene sin embargo en Lapham un pionero (cuya estatua será de rigor en futuras facultades) y en Zanella y Sánchez a sus primeros profetas.