Sin datos que lo sostengan, cosa rara en quienes presumen de economistas (aunque sus muestras de ignorancia general superan a las de sabiduría económica) Javier Milei, Luis Caputo y algunos de sus comparsas, como la diputada Lilia Lemoine, se basan en fotos de las multitudes que pasean por la calle Corrientes los sábados en la noche para sostener que hay un deslumbrante florecimiento económico en el país, que es mentira que millones de argentinos no llegan a fin de mes, que el tendal de morosos es una farsa y que abunda el empleo.
En ese delirante universo paralelo, habitado por sujetos/as que no salen a la calle, que ignoran los precios de los insumos y servicios básicos para la convivencia (el propio Milei reconoció ante Chiche Gelblung, en un video viral, desconocer el precio de un café, del boleto de colectivo, del litro de leche o el monto de la jubilación mínima, entre otras cosas) no existen la pobreza, la indigencia, el desempleo, el cierre serial de empresas y comercios, los desalojos por falta de pago de alquileres ni la gente (seres humanos) en situación de calle. Pero creer (o hacer creer, tomando a la ciudadanía por idiota) que todos quienes atestan Corrientes un sábado en la noche están consumiendo algo es una triquiñuela pueril, típica de una mente binaria. Cuando no hay dinero para otra cosa, lo último que queda es pasear y eso es lo que hace la mayoría de quienes se apiñan en la clásica avenida. Todavía pasear es gratis, hasta que a algún genio libertario se le ocurra que podría ser una fuente de recaudación. Es cierto que hay paseantes que entran y salen de teatros, pero la concurrencia a esas salas es 13% menor en 2026 que en 2023, según datos de Aadet, cámara que integran más de 185 empresarios del teatro comercial). Pocas salas están llenas, los precios de entradas oscilan entre $55 mil y $ 95mil. Algunas pizzerías se llenan, y en el universo paralelo celebran esto como un triunfo. Algo tan simple y necesario como comer ellos se lo atribuyen como un logro del modelo. Y hablamos de pizza.
Hay otra gente en las calles. Gente que el modelo mental de Milei y de su corte (modelo que excluye la empatía, la compasión, el respeto por el que no es cómplice, entre otros valores morales esenciales) no registra. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hay 5.176 personas en situación de calle. Son datos oficiales, no fotos. Mientras Milei viaja una y otra vez a participar en las novilladas de lo que Naomi Klein (ensayista y activista antiglobalización canadiense) llama fascismo del fin de los tiempos, esas personas no comen, sufren violencia, carecen de porvenir y acaso sean un retrato doloroso del futuro que amenaza a tantos que hasta ayer trabajaban, comían, sostenían familias y proyectos, por modestos que fueran.
Hay más cifras de una realidad que no es una foto observada con mirada falaz. En la Argentina, el 76% de los estudiantes de 15 años no alcanza niveles mínimos de desempeño en Matemática, y 59% no lo hacen en Lectura y Ciencias. Son datos de las pruebas Pisa (empeorados respecto de 2022, cuando ya eran malos) registrados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Además, 15,9% de los alumnos desertan en el último año y el 51% falta a clase más de 15 días en el año. Ninguno de estos y otros datos de una realidad cada día más preocupante se consiguen en la calle Corrientes un sábado a la noche. En todo caso, allí se ocultan. En la noche más multitudinaria pasean por allí unas 20 mil personas. La población del país es de 46.466.688 de habitantes. Pero funcionarios cuyos patrimonios crecen cada año sin sustento lógico, y sus dólares duermen seguros en el exterior, siguen mirando y celebrando fotos.
*Escritor y periodista.