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Odio, temor e intimidación: delicias libertarias

El odio es hoy un insumo estratégico de la construcción política. Este sentimiento está estrechamente ligado el miedo. La obsesión por la seguridad del Presidente y una sorpresa en el proyecto de ley malvinero: cárcel a quienes promuevan "campañas de desinformación masiva”. 

Quinta de Olivos
Quinta de Olivos | CEDOC

¿A quién odiás más, a tu papá o a tu mamá? Así debería ser reformulada hoy la pregunta más bien perversa que incomodaba a los niños en el pasado (ya remoto). La consultora DC incorporó un rasgo de época en su medición de opinión pública conocida la semana pasada: indaga sobre quién es el político que mayor “odio” despierta.

Es cierto que siempre se midió el nivel de rechazo que generan los principales dirigentes políticos, en todas las épocas. El rechazo, dicen los especialistas en opinión pública, es un factor mucho más movilizador que la simpatía. El politólogo Lucas Romero, director de Synopsis, dice que el enojo tiende a ser subestimado como motivador de la conducta del electorado, cuestión que se está observando especialmente en Estados Unidos en el umbral de la elección de medio término. Aunque aclara Romero que en el caso de la encuesta del comienzo, lo que se busca con el sondeo del odio es, “más que facilitar el entendimiento, la provocación”.

El odio es hoy un insumo estratégico de la construcción política. “Viste” -o más bien, oculta- las desnudeces en la argumentación. Es el sentimiento que dominó la primera mitad del siglo XX, los “tiempos oscuros” de los que habló Hannah Arendt, y que cien años después vuelve a mover multitudes.

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El odio es sin duda uno de los motores que impulsa al proyecto libertario; y acaso otro motor sea el odio que su principal protagonista en la Argentina genera. Cuando uno ve en acción a Javier Milei, no parece que le incomode suscitar esa reacción. El Milei encendido, el del insulto y el agravio, en ocasiones se ampara en que está respondiendo a algún estímulo. La reacción sume al Presidente en un estado extático, de placer intenso, de goce.

El odio está profundamente relacionado con el temor. Se afirma que ambos sentimientos nacen de una sensación de vulnerabilidad y endeblez, también de amenaza. Para el filósofo Zygmunt Bauman, odio y temor “tienen los mismos orígenes y se alimentan de lo mismo: son como los gemelos siameses condenados a pasar toda la vida en recíproca compañía”. Territorio resbaladizo, más propio del psicoanálisis que del periodismo. Dejamos acá.

Se supo en estas horas que la Secretaría General de la Presidencia dispuso cambios en la seguridad de la residencia de Olivos. Motivado, según versiones, por "filtraciones" sobre las actividades del Presidente y su círculo privado. En breve, la Casa Militar asumirá el control integral de la quinta presidencial y de otras “residencias transitorias” del presidente de la nación. Esta decisión incluye la disolución de la Administración General de la Residencia Presidencial de Olivos, un organismo integrado en su mayoría por personal civil, que, al igual que la Casa Militar, depende de la Secretaría General.

“La transferencia integral de responsabilidades y bienes de la Quinta Presidencial de Olivos a la Casa Militar, que se cumplimentará en un máximo de 60 días, responde a la necesidad de elevar los estándares de eficiencia y seguridad del Presidente y de su entorno en el marco de la escalada de la inseguridad a nivel global”, informa el texto con que Presidencia dio a conocer los cambios.


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Agrega a ese marco, sorprendentemente, la próxima visita a la Argentina del papa León XIV, “que demandará -dice- un gran movimiento de personal ajeno para la ejecución de obras y la prestación de servicios necesarios para el acondicionamiento de la visita oficial”. Resulta curiosa la decisión de reforzar la seguridad del Presidente cuando el objeto de la custodia se supone será el Papa.

Milei se ha movido desde la primera hora con patrones de seguridad inusuales en estas latitudes. Algo que es ostensible en cualquier movimiento del Presidente. El archivo registra dos episodios, menores, que pusieron en peligro su integridad física: un botellazo al aire el día de su asunción, mientras se desplazaba en un auto descapotable, y un ataque a pedradas durante una caravana de campaña en Lomas de Zamora, en agosto del año pasado, del que fue puesto a resguardo y evacuado por su custodia. Sin embargo, el Ministerio de Seguridad ha judicializado innumerables amenazas virtuales y alertas de inteligencia.

Las preocupaciones de Milei puede que también estén orientadas a otro tipo de riesgos que ha tomado el Presidente, riesgos que lo superan.

En marzo pasado, ante una audiencia de unos 500 estudiantes judíos ortodoxos reunidos en la Universidad Yeshiva en Nueva York, Milei habló de la guerra en Oriente Medio y no dudó en afirmar: “Vamos a ganar”. Pareció haber asumido que la Argentina estaba en guerra con Irán, país al que declaró “enemigo”. A través de editoriales en medios oficiales como el Tehran Times y reacciones de la Guardia Revolucionaria, el gobierno iraní dijo que la Argentina participa de un proyecto hostil de “iranofobia” y advirtió que no permanecerá indiferente.

Dirigentes de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) dijeron que los cambios dispuestos por el Gobierno en Olivos vienen acompañados por el despido de personal civil de la quinta presidencial. Otros trabajadores, trascendió, serían reubicados en otras dependencias del Estado. ATE se declaró en alerta y no descartó convocar a una medida de fuerza. “¿En serio va a despedir a los trabajadores de la quinta presidencial? No se lo vamos a permitir. Poco falta para que diga que lo quieren envenenar, como pensaba Calígula”, advirtió en X su secretario general Rodolfo Aguiar.

El Gobierno envió este jueves al Congreso el proyecto de ley de Defensa de la Soberanía en Malvinas anunciado la semana pasada por el Presidente. Prevé un endurecimiento de las sanciones para las empresas que exploten recursos naturales en el área de las islas y para sus proveedores. Como se mencionó en esta columna, la iniciativa contempla la creación de un Consejo de Seguridad Nacional que tendría como objetivo determinar amenazas a la nación y coordinar acciones tendientes a neutralizarlas.

El pliego incluye una sorpresa: la propuesta de modificación de un artículo del código penal para sancionar con entre cinco y doce años de prisión a quienes “actuando por cuenta, orden o financiamiento total o parcial de un Estado, organización o agente extranjero alteren procesos electorales o manipulen a la opinión pública mediante campañas coordinadas de desinformación masiva”.

Amenazas de persecución política envueltas en papel de fantasía soberanista. Odio, temor e intimidación. Delicias de estos tiempos.

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