Poder y oportunismo

Triunfos que se disputan y silencios que incomodan

El fallo por YPF desata una puja de méritos en la política, mientras el caso de una argentina detenida en Brasil expone omisiones incomprensibles.

La gestión no realizada. Agostina Páez, presa en Brasil. Foto: cedoc

Tal vez, alguien o varios hicieron bien la tarea. Caso YPF y el nuevo fallo de la Justicia norteamericana que hizo suspender el obsceno pago de 16 mil millones de dólares a unos litigantes por parte del Estado argentino, una ganancia excepcional merced a una jueza de los Estados Unidos. Más de uno, claro, se atribuyen esa victoria tribunalicia: siempre hay voluntarios para pasar por la boletería. En cambio, otros se han equivocado o abstenido en el caso de la abogada, Agostina Páez, detenida en Brasil con una tobillera hace casi tres meses por haberse burlado groseramente de unos vendedores de color. Y, por supuesto, todos hacen silencio como en el hospital, nadie rescata esa gestión no realizada: típico del país. Entre la libertad y la plata, uno empieza por la prisionera en Río de Janeiro, una historia aún viva e irresuelta, caprichosa por lo menos.

Primera pregunta vinculada al poder y a la política: si la turista argentina fuera ciudadana de los Estados Unidos, ¿la Justicia brasileña se hubiera demorado tanto en pronunciarse o mantener en un limbo carcelario a una mujer vulgar, argentina, que en una discusión callejera realizó gestos deplorables –imitar a un orangután– contra empleados de un bar que la habían atendido en forma deficiente? En base a un amenazante criterio antirracista, presuntamente legal, a la ordinaria abogada le han impedido dejar Brasil y, quizás, la obliguen a un castigo dinerario superior a los cien mil dólares. Una desproporción inaudita en el escarmiento que ningún gobierno de EE.UU. hubiera tolerado. No solo Donald Trump, quien no hubiera admitido la detención ni el gobierno de Brasil la hubiera sostenido. Además, someten ejercicio por parte de una administración que en Itamaraty, por ejemplo, casi no alberga negros entre sus máximos diplomáticos. Caso cínico. Es una observación común, más que una estadística. El caso de la argentina blanca y aculturada, especialista en danzas animales, reviste una cuestión de dimensiones, algo parecido al pago exigido por Burford en el caso de YPF. Pero hay que entender a la administración Lula –en plena campaña política y acechado por Flavio Bolsonaro– que tal vez le reporte un rendimiento político nacionalista a su favor esa persecución a la turista. Por lo menos, no le quitará votos, como está ocurriendo por otras razones.

Es cierto que, para prevenir actitudes atávicas contra el origen y el color de sus habitantes, en Brasil se ha endurecido en el último año el castigo contra los agresores de la raza. Cuestión que, por ejemplo, no sabía el expresidente Alberto Fernández cuando discriminó a los brasileños porque “venían de la selva”, en una famosa exposición de ignorancia portuguesa que lo acompañará toda la vida. No parece estar tipificada esta expresión entre los juristas de ese país, como tampoco se sabe si la Páez merecía otra pena si hubiera imitado a un monito tití, a un simio más común o a un gorila comiendo bananas. No están especificadas en el código esas manifestaciones ofensivas, tampoco si exhibir un corte de manga o agarrarse los genitales con una mano o con dos merecen la misma condena de privación de libertad y posible reparación económica. Lo curioso de esta desproporcionada sanción es que Fernández hoy actúa como mediador, por su cuenta, riesgo y quizás culpa, para disminuir los castigos a la turista transgresora. Puede más, sin duda, su amistad con Lula, a quien fue a visitar a la cárcel cuando ocupaba Olivos. También el agradecimiento del paulista, en franca contradicción con Milei.

Encomiable lo de Alberto, ya que la Cancillería argentina se ha dedicado a formalismos de queja de otra época, igual que procedió cuando Maduro rodeó y hostigó a la embajada argentina en Venezuela o se detuvo a un gendarme en las mazmorras de Caracas. Habrá que advertirle al Palacio San Martín que el mundo diplomático se ha transformado radicalmente, que tampoco el cambio es un acontecimiento nuevo –data del siglo pasado– y que los intereses de un país y de sus ciudadanos se defienden de otro modo. Quizás como ocurrió con el caso de YPF y la reprobación de una Cámara al fallo casi sospechoso, según el instituto, de la jueza Loretta Preska, que obligaba al Estado argentino a pagar 16 mil millones de dólares de compensación al fondo Burford que, de madrileño, tiene poco: por amistades y adhesiones políticas.

Se colgó la medalla Milei del nuevo veredicto, igual que Cristina –hasta reclamó alabanzas a su gestión–, quien tenía al frente de la Procuración del Tesoro a una dama que era su vecina en Río Gallegos, y luego ocupó ese cargo bajo Fernández el abogado Carlos Zannini, algo más que un vecino, quien disponía de un escritorio en el banco de la provincia que administraba la familia Eskenazi luego de la expropiación y a la que le endosan vínculos con el fondo Burford. Justo a un grupo local que es agente financiero de cuatro provincias. Gran ensaladera de intereses. Mauricio Macri, a su vez, habrá de reclamar participación en la buena noticia porque sus publicitados abogados también intervinieron en la puja jurídica ante la criticada jueza de primera instancia. Tampoco querrá quedarse afuera la Cancillería, menos el encumbrado titular de YPF, Horacio Marín, quien no se pierde una foto y sin que su empresa tuviera que pagar la cuenta. Igual que Kicillof, quien había cometido no solo la expropiación, sino también el apartamiento del reglamento de la empresa que contemplaba derechos de sus accionistas. Todos ganadores, titulares en los medios, cuando en verdad las tareas bien hechas quizás le corresponden a un pragmático mandatario norteamericano que dice, como en la Argentina, que la Justicia de ese país es independiente del poder central. Aunque, en ocasiones, esos intereses se funden con los propios y sirven para robustecer un vínculo que excede a las relaciones carnales, a nuestro hombre en el sur del Hemisferio, a nuestro Presidente más sionista del universo. Una comunión inédita y afortunada para el caso YPF, como para la estabilidad económica, tal vez azarosa hacia el futuro: las elecciones de medio término, en noviembre de este año en los Estados Unidos, llevan de la mano a Trump con Milei. Indispensables para ambos. Y, si nadie lo impidiera, también en EE.UU. se votaría el destino del actual gobierno argentino.