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Aterciopelados en Buenos Aires: la paz como bandera y el rock como trinchera

La banda regresó al país para conmemorar los 30 años de su álbum “La pipa de la paz”. “Estamos con ustedes en esa lucha”, arengaron respecto a la Ley de Glaciares.

Aterciopelados en Vórterix 2026 Foto: Prensa

En un momento en el que la paz parece una entelequia, los colombianos de Aterciopelados visitaron la ciudad de Buenos Aires y plantaron sobre el escenario del Teatro Vórterix su pipa de la paz. Tres años después, la banda regresó al país para conmemorar los 30 años de su álbum La pipa de la paz y eligieron dar inicio a la noche del pasado domingo 26 de abril con el tema que da nombre al disco.

Una pequeña muestra de lo que viene siendo Aterciopelados se vio en la reciente propuesta acústica de NPR, los Tiny Desk. Allí, Andrea Echeverri, cantante y cofundadora junto a Héctor Buitrago de la banda, señaló: “Somos rockeros desde hace muchos años, por eso habitar escenarios acústicos es una aventura vertiginosa que nos hace sentir desnudos. Pero la desnudez es honestidad pura. El resultado y el trato que recibimos fue toda una epifanía. Cantar desde la esquina del Escritorio chiquito es icónico y honesto”.

Aterciopelados en Vórterix

Sobre el escenario, el domingo, Echeverri aprovechó la oportunidad para subrayar su feminismo que se filtra en toda su postura y letras y Buitrago, un militante más vinculado a las causas ambientales, pidió no bajar los brazos en relación a la Ley de Glaciares, “estamos con ustedes en esa lucha”, aseguró.

Bueno, La Pipa de la paz es un disco muy político (¿cuál no?), que se lanzó en 1996 y fue un gran impulsor de su carrera internacional. La noche pasó por “Cosita seria”, “Nada que ver”, “Buena estrella”, “La voz de la patria” (acá se hizo notar la fuerte presencia de colombianos y venezolanos en la audiencia) y “Te juro que no” (la que en el disco hacen con Enrique Bunbury).

Andrea Echeverri con sus cabezas de muñecos de bebé adheridas al pecho

Hasta acá una primera impresión: la relación con el público es amorosa, genuina, todavía persiste en Andrea y Héctor, la esperanza en que la música sirve para algo. Otra cosa que sucede en esta banda es que hay lugar para la improvisación, algunos errores, no todo está ultra digitado, Echeverri acusa con dulzura y firmeza que su micrófono no suena bien. Se lo cambian. La cosa mejora, pero a veces vuelve a fallar. 

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Esto último se integra con algo de la esencia de Aterciopelados, tal como alguna vez escribió el periodista Eduardo Arias:  su interés permanente por reflejar lo popular desde la vanguardia. En ese bamboleo entre ser una banda internacional con enormes hits, populares y vanguardistas a la vez, se encuentra la experiencia de verlos que es la de descubrir a grandes artistas con la sensación de que están en un centro cultural de tu barrio.

Llega la segunda parte: “La ciudad de la furia” y un final muy personal

Llegó el turno de “En la ciudad de la furia”, esa que Andrea cantó junto a Gustavo Cerati en el MTV Unplugged de Soda Stereo. Ella reconoció que siempre se las pedían y a que ellos les daba cierto pudor hacer un tema de semejante banda. Pero finalmente decidieron hacer su propia versión que quedó registrada en su álbum pandémico Tropiplop.

Siguió “Maligno”, hipercoreada por corazones rotos, “Apocalipsis”, de su reciente Genes Rebeldes. Llegó el turno del baile con “Baracunatana”, “El estuche” y “El álbum”. Hubo un giro potente al álbum conmemorado y sonó su tema contra el gatillo fácil “Quemarropa”, al que le siguió “Expreso Amazonia”.

Ya sobre el tramo final invitaron a la argentina Ignacia que interpretó con la banda “Florecita rockera”. 

Ignacia y Andrea cantando "Florecita rockera"

En el momento que pareció ser el final sonó el ansiado “Bolero falaz” y el público se dio por satisfecho, pero todavía quedaba un tiempo adicional. Andrea recordó que tuvo cáncer de mama y que debió extirparse ambos pechos. Pero el proceso no terminó ahí, al tiempo le dijeron que debían removerle un pezón porque allí quedaban células cancerígenas. Con humor compartió que su busto quedó “peculiar” y decidió crear la canción “La teta pirata”, que fue con la que cerró el show.

La propuesta se mantuvo fiel a repasar La pipa de la paz, sumó los temas que todos sus fans quieren escuchar, presentó su propuesta de colores y arte en los vestuarios que incluyen cabezas de muñecos de bebé adheridas a la ropa de todos los integrantes, aros de múltiples pezones para Andrea Echeverri y mucho color, latino-ancestral. No es para perderse la vibración aterciopelada -y espinosa- de los colombianos.