CULTURA
Nuevas exposiciones

Pasado, futuro y ecosistema: los estandartes del Museo Moderno en su 70 aniversario

Con cinco inauguraciones, en este 2026 la institución continúa repasando la historia del arte en diálogo con el presente en su propuesta “Moderno y MetaModerno”. El hall y dos de sus salas son tomadas por experiencias de impacto crudo sobre el mundo no humano.

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El Museo Moderno 70 años | Museo Moderno

El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires celebra su 70° aniversario con un programa anual titulado “Habitando el futuro”. Desde el sábado 18 de abril cuenta con cinco nuevas propuestas expositivas que brindan desde el arte pistas para conectar con la historia, con el futuro y con lo que nos rodea.

Este 2026 continúa con la apuesta que la institución denomina “Moderno y MetaModerno” en la que se pone en diálogo a artistas consagrados con artistas contemporáneos, todos parte del acervo del museo. En esta ocasión la selección incluyó también piezas emblemáticas de la Colección de Diseño Argentino y recientes adquisiciones.

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El recorrido propone anclajes históricos que dialogan con el presente, comienza con la tradición abstracto-geométrica, el Informalismo, el arte cinético, el pop, el diseño gráfico e industrial, la Nueva Figuración.
A este bloque le sigue el arte que reacciona frente a la dictadura, continúa con las creaciones emblemáticas de post dictadura y llega al arte de los últimos 30 años. Esta edición de “Moderno y MetaModerno” fue curada al detalle por la directora del Museo Moderno, Victoria Noorthoorn en diálogo con los equipos de Curaduría, Patrimonio y Conservación.

70 años de historia del arte en Moderno y MetaModerno

La sucesión de núcleos históricos comienza con el Informalismo, un movimiento de ruptura muy influyente para el desarrollo posterior del arte argentino, que coincidió con la creación y los primeros años del Museo y tuvo en su primer director, Rafael Squirru, a uno de los principales impulsores. En estrecho diálogo con artistas como Alberto Greco, Rubén Santantonín, Emilio Renart, León Ferrari y Marta Minujín, tanto Squirru como Hugo Parpagnoli, quien lo sucedió en la dirección, reunieron una colección excepcional del período.

El Informalismo produjo un giro radical en la pintura al incorporar materiales como trapos, maderas quemadas y alambres, y desafiar las convenciones del arte abstracto dominante con nuevas formas experimentales.

El recorrido continúa con el arte abstracto en los años 60 cuando, bajo la influencia de experiencias como el Groupe de Recherche d’Art Visuel (GRAV), la obra se transformó en un dispositivo activo que involucra al espectador a través del movimiento y los efectos ópticos. Asimismo, en la segunda mitad de los años 60, se produjo la explosión del arte pop argentino, que incorporó imágenes de la cultura de masas para explorar las relaciones entre el arte, la vida urbana y la modernización. En este contexto, el diseño adquirió un rol central como práctica vinculada a la industria, la tecnología y la comunicación visual, a la vez que dialogaba con las investigaciones perceptivas del período.

La exposición luego presenta obras de la Nueva Figuración, movimiento que restituyó la figura humana mediante imágenes fragmentadas y de gran intensidad material que expresan una profunda crisis cultural.

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Otro núcleo aborda el arte durante la última dictadura militar (1976-1983) y sus efectos posteriores, con obras de Alberto Heredia, León Ferrari y Luis Pazos, que utilizan el cuerpo, el lenguaje y la experimentación material para denunciar la violencia política. “Esa pregunta por cómo sentir la historia en el cuerpo o cómo volver a mirar la realidad aparece en Argentina de la mano de un auge de ciertos totalitarismos en la política institucional o en política de gobierno que, como sabemos, va a ir creciendo hasta llegar hasta la última dictadura militar en el año 1976”, detalló Nicolás Cuello durante la recorrida de prensa.

“Hay algunos tópicos que son centrales que la colección sabe representar de muy buena manera, que es la relación entre cuerpo y materia, y pensar a la práctica artística y a las comunidades artísticas como lugares de resonancia, elaboración, de alivio, resistencia y sobre todo de solidaridad mutua y de testimonio de una época en donde decir era complejo, en donde moverse, usar el cuerpo era, digamos, algo arriesgado”, agregó.

Con obras de Marta Minujin, Liliana Porter y Albertina Carri MUNTREF inaugura su último capítulo sobre infancias

La exhibición incluye a artistas posteriores al regreso de la democracia (1983), que revelaron la persistencia de las cicatrices dejadas por el trauma dictatorial. Desde los años ochenta se produce un retorno de la pintura con una expresividad vinculada a los circuitos underground y a nuevas formas de sociabilidad, que en los años noventa derivaron en prácticas íntimas y sensibles a la fragilidad del cuerpo y al cuidado colectivo.

En la sección dedicada al arte contemporáneo, “Moderno y MetaModerno” presenta obras que el Museo ha adquirido en los últimos años, en las que la figuración y el cuerpo humano regresan desde perspectivas ligadas a la construcción de la identidad, el género y el deseo.

La exposición presenta, además, una importante selección de piezas de diseño que ingresaron a la Colección gracias a las gestiones de Ricardo Blanco en los años 2000 y de Franco Chimento, flamante curador de Diseño del Moderno, en 2025. Al respecto, Chimento explica: “Durante este último año, el Moderno retomó la política de adquisiciones de diseño, con piezas nacionales emblemáticas como el sillón Costilla (ca. 1948), de Martin Eisler (Interieur Forma) y el Sillón básico (ca. 1969), de Margarita Paksa y Osmar Cairola (Muebles Acrílicos Contemporáneos).

Epílogo: Retratos de artistas

En este año de celebración, el Moderno elige rendir homenaje a los creadores que formaron parte del Moderno con una selección de retratos realizados por artistas presentes en la Colección de Fotografía del Moderno.
El pasillo está colmado por 70 imágenes de destacados fotógrafos, como Annemarie Heinrich, Sameer Makarius, Gian Paolo Minelli, Anatole Saderman y Aldo Sessa.

“Naturaleza arquitecta”

“Naturaleza arquitecta” es una exposición colectiva curada por Patricio Orellana, jefe del Departamento de Curaduría del Museo Moderno, junto con Victoria Noorthoorn, directora del Museo. Presenta un diálogo entre artistas y arquitectos nacionales e internacionales y cuenta con la producción del equipo del Museo Moderno y un innovador diseño museográfico de Daniela Thomas, Felipe Tassara, Iván Rösler y Gonzalo Silva, formado por laberintos que, como guías, desembocan en las diferentes propuestas.

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La primera sala toma la forma de una gran mesa-río sobre la que se despliegan proyectos artísticos y arquitectónicos transformadores de los territorios de la región. El recorrido comienza con los proyectos de Paulo Tavares sobre la Amazonia brasileña, abordada como espacio arquitectónico. Plataformas de investigación como m7red y Casa Río Lab cartografían territorios atravesados por procesos ecológicos, económicos y políticos, como los ríos que circundan la ciudad de Buenos Aires hasta la cuenca del Plata.

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El proyecto Utopía del Sur sigue el legado de Nicolás García Uriburu, un artista pionero, cuyo abordaje visionario del arte como activismo ecológico influyó decisivamente en los artistas de esta exposición. El proyecto, además, honra su legado a través de grandes reservas dedicadas a la protección medioambiental y la reinserción de especies vulnerables.

El artista Tomás Saraceno también reflexiona sobre una naturaleza creadora en su investigación sobre las telarañas como modelos de colaboración entre especies. La exposición también presenta poesía abocada a la experimentación con el paisaje, con una sección dedicada al poeta chileno Raúl Zurita. Florencia Levy, por su parte, con su investigación sobre los paisajes marcados por el extractivismo, revela nuevas formas de sedimentación material e histórica.

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En la siguiente sala se encuentran dos grandes obras inspiradas en el río Paraná realizadas por el rosarino Manuel Brandazza especialmente para la exposición junto con los equipos del Museo Moderno. Por un lado, Brandazza presenta un gran mural realizado con barro del Paraná y un video que registra un desfile monumental producido por el artista, que transformó el río en una enorme pasarela donde decenas de modelos vistieron sus diseños a bordo de barcazas.

Un dibujo de Adriana Bustos reflexiona sobre la leyenda de La Maldonado, de donde proviene el nombre del arroyo entubado que corre por debajo de Buenos Aires. Dos obras fílmicas del artista brasileño Jonathas de Andrade: “O Peixe”, donde la rutina de los pescadores se quiebra en un gesto perturbador, el abrazo a los peces hasta su muerte, en una reflexión sobre nuestra relación ambivalente con la naturaleza y “Jangadeiros e canoeiros”, que muestra las velas creadas por pescadores donde el color y la forma revelan una potencia estética capaz de dialogar con la tradición abstracta brasileña.

Otros artistas, como Valeria Maggi y Rayana Rayo (artista brasileña que realizó una residencia en Casa Heredia, utilizada por primera vez desde su apertura como taller de producción), emplean la potencia sensorial de la pintura para crear paisajes imaginarios.

También se encuentran las raíces de Virginia Buitrón, los trabajos con volcanes de Eduardo Navarro y Sebastián Roque, y las investigaciones sobre la extracción energética de Julián D’Angiolillo. Otros artistas recurren a los animales para abrir la percepción hacia perspectivas más allá de lo humano: desde el poético film de Rivane Neuenschwander y Cao Guimarães, hasta las acuarelas de hormigas de Ariel Cusnir y las máscaras animales de Florencia Rodríguez Giles.

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El recorrido culmina con la obra monumental del zimbabuense Felix Shumba, quien representa este año a su país en la 61ª Bienal Internacional de Arte de Venecia (2026). Invitado especialmente por el Museo Moderno, el artista compone un gran paisaje nocturno realizado con carbonillas que produjo con madera de los bosques de su tierra natal, Bulawayo. En el mural, un bosque en el momento exacto en el que está a punto de amanecer.

Océano interior

“Océano interior” se ubica en el subsuelo del museo, una elección que aporta a la sensación de sumergirse. Curada por Alfredo Aracil en diálogo con Victoria Noorthoorn y Patricio Orellana, toma como punto de partida la obra del artista francosuizo Julian Charrière para concebir el descenso al fondo marino como una experiencia transformadora, capaz de inspirar un mejor entendimiento de nuestro entorno.

La obra de Julian Charrière, “Midnight Zone” (2024) funciona como eje conceptual: una luz que desciende en el Pacífico activa encuentros con criaturas y partículas, revelando tanto la belleza como la fragilidad de estos ecosistemas.

En diálogo con estas obras, el estadounidense Max Hooper Schneider realizó “Falling Angel 2 (Merzlandschaft)” (2026), una instalación que mezcla restos industriales y compone un hábitat fantástico donde naturaleza y tecnología se funden para imaginar universos futuros más allá de los relatos de colapso.

Las argentinas Aurora Castillo y Jimena Croceri articulan un diálogo entre arte y ciencia como una forma de colaboración con los elementos propios de cada entorno: Castillo filma junto a un equipo de biología marina la vida en un bosque de macroalgas en Chile, mientras que Croceri habilita la posibilidad de que el mar intervenga sus telas en la costa atlántica, inscribiendo en ellas sales, restos y variaciones del clima. En el centro, una escultura del artista histórico Juan Pablo Renzi traduce lo líquido en estructura a través de un cubo en proceso de derretirse, mientras que Erica Bohm presenta una serie de fotografías de los llamados “hielos testigo” de Svalbard (Noruega), que conservan huellas de la atmósfera. A esto se suma “A Journey That Wasn’t” (2005), del destacado artista francés Pierre Huyghe, que parte de una expedición antártica para poner en cuestión los límites entre ciencia, ficción y relato.

Por último, se encuentra un variado conjunto documental abre los temas de la exhibición en diversas direcciones: desde las ilustraciones del Infierno como un gran bloque de hielo de Gustave Doré, hasta las ficciones afrofuturistas del dúo electrónico de Detroit, Drexciya, pasando por investigaciones argentinas sobre el Atlántico Sur y proyectos históricos sobre la Antártida, entre ellos, el del gran arquitecto del Movimiento Moderno argentino Amancio Williams.

Ariel Cusnir: “Desde el origen”

Pero el Moderno desde la entrada prepara a los visitantes a ponerse en contacto con el mundo natural, ya que Ariel Cusnir fue invitado por el Museo Moderno a intervenir el ingreso al Museo para su 70 Aniversario.

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El artista creó “Desde el origen”, la acuarela más grande jamás realizada por Ariel Cusnir. El mural fue realizado por el artista con agua de mar que él mismo trajo de las playas de Necochea.

Ana Gallardo: “Materiales para la memoria”

Ana Gallardo (Rosario, 1956; vive en Ciudad de México) fue invitada a realizar una obra para el Café del Museo Moderno. La artista eligió, como imagen de fondo de su obra, la ampliación de una pintura de su madre, también artista, quien falleció cuando Gallardo tenía solo 7 años.

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A partir de esta relación con la ausencia familiar y la posibilidad del recuerdo cotidiano, la artista decidió visitar durante el último año a diversas familias de nuestro país cuyos hijos fueron desaparecidos. En esos encuentros, identificó objetos muy preciados por los familiares, que les recuerdan a sus seres queridos todavía ausentes. Gallardo eligió algunos de estos objetos, dibujó otros tantos, y los reunió en el bodegón que recuerda la apasionada creatividad de su madre, como un marco de contención para las sentidas conversaciones aquí referidas.

De este modo, “Materiales para la memoria” escenifica los gestos íntimos a los que el arte recurre para sostener la presencia de quienes nos faltan. Recuerdos que anidan en la arquitectura de lo doméstico, en la belleza silenciosa que acompaña nuestro día a día, para que su apacible presencia resguarde con esperanza el sentimiento reparador de un nuevo encuentro.