A comienzos de 2023, cuando todavía Horacio Rodríguez Larreta era considerado el más probable futuro presidente, Jaime Duran Barba me pidió transmitir un mensaje: “Decile a Horacio que con los mismos economistas de Macri va a perder las elecciones”. La tesis de Duran Barba es que el recuerdo de empeoramiento del consumo y la producción en 2019 respecto de 2015 estaba en la memoria de la sociedad y la gente vota por aquel que prometa mejoras.
El entonces jefe de Gobierno de la Ciudad me respondió que todos los economistas recomendaban ajuste, a lo que agregué: “Entonces buscá un economista extranjero, alguien que pueda prometer desarrollo, no solo ajuste, y un modelo exitoso como el de Corea del Sur, con confluencia mercado-Estado, el economista coreano Ha- Joon Chang, por ejemplo”.
Ha-Joon Chang es considerado uno de los economistas heterodoxos más destacados del mundo, a quien había entrevistado pocos días antes, en ese otoño de 2023, y aún resonaba en mi mente el título de ese reportaje: “La inflación es una forma perezosa de resolver luchas distributivas”.
Finalmente, Duran Barba tuvo razón, Horacio Rodríguez Larreta perdió las elecciones ya desde las PASO y la paradoja es que quien las ganó en el balotaje prometiendo otros economistas no asociados con el macrismo luego al asumir como presidente convocó a los dos economistas que más protagonizaron la debacle del gobierno macrista en 2018: Luis Caputo y Federico Sturzenegger. Vale mencionar que los economistas más progresistas de Cambiemos fueron Alfonso Prat-Gay y Hernán Lacunza, respectivamente el que encaminó la economía en el inicio de la presidencia de Macri y el bombero que la aterrizó en medio de las turbulencias, mientras que Caputo y Sturzenegger fueron los que renunciaron en la crisis de 2018.
Volví a entrevistar a Ha-Joon Chang esta semana, cuyo reportaje se publica en esta edición de PERFIL para hablar de los aranceles de Trump, la reindustrialización y la economía de Milei bajo el título: “Con Hayek como con Marx, sus defensores tienden a adoptar posiciones muy extremas”, y allí desliza un consejo tanto para libertarios como para intervencionistas: “Argentina no tiene que obsesionarse con la ideología, sea Perón o Milton Friedman”.
Recomiendo asistir al nuevo reportaje de Ha-Joon Chang, al igual que al reportaje al historiador y economista Pablo Gerchunoff titulado “El verdadero problema de Milei no es la inflación, sino la fractura social”, realizado también esta semana en el programa de las mañanas de Perfil, a partir del lanzamiento de su nuevo libro, La demora y la prisa: historia de los (des)equilibrios sociales argentinos.
Me sorprendieron las coincidencias de parte del análisis de Gerchunoff –ideológicamente más distante de la perspectiva económica de Milei–, con quien representa una escuela económica más cercana al Presidente, Ricardo Arriazu, quien en una conferencia que brindó también esta semana sostuvo que el desempleo es el mayor riesgo político de Milei. Desempleo y fractura social son dos expresiones de lo mismo.
Arriazu advirtió que “la transformación estructural de la economía argentina genera en el corto plazo más destrucción de empleo que creación”, sumado a que el crecimiento del 0,7% del desempleo se duplica en el conurbano bonaerense: “El empresario no tiene la culpa de haber invertido donde invirtió: fueron los incentivos que dieron los gobiernos. La gente tampoco tiene la culpa de haberse mudado al Gran Buenos Aires; también fueron los incentivos que le dio el Gobierno. Y ahora cambian las reglas del juego y algunos quedan en el daño”.
Optimista en el largo plazo (a comienzos de la próxima década solo en cobre exportaremos 25 mil millones de dólares, y en energía más de 30 mil millones, lo que permitiría bajar las retenciones al agro generando aumento de la producción del campo con otros 20 mil millones de exportaciones) y pesimista en el corto: “La economía se planchó, el Banco Central debería bajar las tasas de interés, la gente piensa que el récord de consumo (que proclama el Gobierno) es un chiste”. Concluyó pidiendo políticas activas de compensación: seguro de desempleo, más asignación universal por hijo y obra pública focalizada.
También Gerchunoff observa oportunidades y amenazas: “Milei enfrenta una oportunidad inédita vinculada al petróleo, el gas y la minería, comparable en escala histórica con la que aprovechó Roca a fines del siglo XIX (barco frigorífico y ferrocarril), pero mientras aquella generación integró a los perdedores del modelo, el actual gobierno aún no muestra esa capacidad política: abrir la economía como la abre Milei, con un tipo de cambio bajo, en el mejor de los casos es enfermedad holandesa, y en el peor de los casos es una catástrofe social”.
Arriazu le asigna el 50% de posibilidades a que el plan económico de Milei resista el riesgo político del desempleo, y Gerchunoff le pide a Milei que no se preocupe solo por el país sino también por la nación. El país es el territorio (geografía) y su gestión política (Estado) mientras que la nación es la suma de personas que lo integran compartiendo vínculos culturales, históricos y emocionales. Finalmente, ambos están hablando de una economía que contenga a todos.
Volviendo al comienzo de esta columna, ¿se puede ganar las elecciones –en este caso las de 2027– con los mismos economistas que fracasaron con Macri en 2018? Cuando Mauricio Macri, en sus recorridas proselitistas, esta semana en el Chaco, sostiene que el PRO no es un paso atrás sino el próximo paso, que vendrá a completar el cambio corrigiendo lo que falta, ¿se estará refiriendo al desarrollismo incumplido en sus albores o a un mileísmo sin Milei, un mileísmo de buenas maneras?
Gerchunoff dijo que Milei se equivoca en querer bajar la inflación demasiado rápido. La fórmula elegida para bajarla parece no tener solución: para bajar más la inflación tiene que enfriar la economía, al enfriar la economía le cae la recaudación al Estado, la menor recaudación le pone en riesgo el equilibrio fiscal, para paliarlo vuelve a reducir el gasto pero vuelve a reducir la recaudación.
Quien presida Argentina entre 2031 y 2035 encontrará una economía mucho más sólida. El debate es cómo se llegará a 2027, qué tipo de cambios habrá que hacer y quién será el mejor preparado para hacerlos en esa transición económica entre 2027 y 2031.