El tiempo actual suele ser atractivo y funcional para los que venden el producto de la reducción de la complejidad del mundo en solo uno o dos pasos. La salud puede ser ofrecida como destino si es que los sentimientos de una persona quedan ordenados de acuerdo a energías que estarían por allí presentes, la historia del país explicada de acuerdo a las intenciones malignas, pero descubiertas por el supuesto historiador que las denuncia, el ascenso y éxito laboral como el resultado de un buen coach ontológico, y la inflación como un fenómeno monetario siempre y en todo lugar. La población cuenta, de este modo, con un menú aparente de salida al éxito cuyos resultado son en general poco claros, porque en realidad es más exitosa la venta de la promesa que el resultado del tratamiento. Pero este es un tiempo de decepción expandida, resultado de una complejidad que ya nadie puede coordinar, a pesar de que se haga dinero con ella o se ganen elecciones.
Un juego de dibujos acompaña al video de presentación de la empresa +Be, de muy destacada exposición estos días por ser propiedad de la esposa de Adorni. Según se explica en el material promocional, los empleados de una empresa, necesitados aparentemente de un “coach ontológico”, fueron expuestos a un ejercicio para demostrar que la comunicación, como es entendida por quienes hacen este video y ejercicio, no siempre logra que el “mensaje emitido” sea “el mensaje que se recibe”. Alguien daba aparentes indicaciones de lo que había que dibujar, mientras todos, en condiciones adversas para lograrlo, ya que tenían que dibujar apoyando la hoja en la espalda de cada compañero, procedían a justificar la contratación de esta empresa demostrando una revelación asombrosa: los dibujos eran cualquier cosa. ¿Y entonces quién podía resolver esto? Obviamente ella, que no solo tiene el potencial para diagnosticarlo, sino para corregirlo, porque este es un tiempo de gente que se celebra a sí misma, a pesar de no producir ningún logro.
A la consultoría de este tiempo le es muy sencillo autocongratularse. Una consultora que acierta un resultado electoral expondrá su caso por donde sea posible hacerlo para ser felicitada como el “único caso” (y hará silencio en la próxima cuando suceda lo contrario), una de prensa gustará decir que logró instalar un tema en los medios de comunicación masivos para producir un resultado de exposición alegre para su cliente, un lobista que una ley sancionada a su buen gusto es solo y únicamente gracias a su gestión, y una consultora económica que el número de inflación y crecimiento económico son lo mismo que habían dicho en sus informes gracias a su pericia analítica. Bajo estos mecanismos de centralidad en las operaciones propias, se compensa de manera ilusoria una complejidad del mundo que en realidad no es manejable.
Lo que estos ejemplos exponen son expansiones de semánticas, es decir, ciertas formas del decir sobre acciones posibles en el mundo, pero sin por eso alterar la complejidad de ese mundo. La sociedad moderna se caracteriza por una complejidad que opera combinando simultaneidad con falta de centralidad, es decir, con mucha comunicación que ocurre toda al mismo tiempo, pero sin una coordinación que la unifique o clasifique por orden de importancia o jerarquía social. Lo que en tiempos previos al capitalismo se podría indicar como sociedades estratificadas, con bloques rígidos entre grupos sociales, en donde la nobleza definía un lugar superior a otros grupos sociales, y el campesinado solo tenía un destino de eso mismo y nada más, e incluyendo allí arriba la unidad de lo verdadero, el poder, la riqueza, y hasta las relaciones sociales permitidas, cae en tiempos históricos más actuales hacia la desarticulación de todo eso en partes individuales que producen al mismo tiempo sus propias maneras de supervivencia.
La economía debe coordinarse sola y como pueda, sobre la base de una combinación compleja entre su propia lógica interna (pagos y ventas) y la que produce desde su exterior la política toda vez que decide algo nuevo con los impuestos u otro tipo de regulaciones. La política, a su vez, vive su realidad con inquietud demoledora, ya que sus decisiones pueden ser observadas con agrado o desagrado por la opinión pública y afectar o beneficiar el modo de garantizar su sobrevivencia en el Gobierno toda vez que deba presentarse a una próxima elección. Y el derecho puede poner en riesgo a la política calificando a algo como constitucional o inconstitucional, lo que significa, en ese caso, ajustado o no ajustado a derecho. Expuesto de este modo, la sociedad se parece más a un caos simultáneo, en donde todos buscan sobrevivir, que a un territorio en el que se puedan ejecutar soluciones causales con efectos controlados. La semántica de la supuesta influencia es solo un recurso comunicacional para seguir hablando, sin resolver en realidad nada.
El número de inflación reportado esta semana es un golpe directo a una semántica económica que parecía reducir con virtuosismo la complejidad de la economía a un único motivo. Milei repetía la definición, que ya unos cuantos lograron aprender, que la inflación “es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”, ofreciendo de este modo un recurso comunicacional interesante con beneficios no solo supuestos para la economía, sino para el aumento de la tensión política. Obtenía una ventaja en sentido temporal, ya que marcaba con esta descripción un antes (tiempo de la emisión) con un ahora (tiempo de la no emisión); de modo que el devenir de la complejidad social podía cortarse con una frontera cardinal fácil de identificar. A pesar de que la sociedad nunca se detiene, es posible construir marcas ficticias para establecer fronteras que la hagan supuestamente más explicable. Objeto (inflación) y tiempo (un gobierno antes, y este gobierno de ahora) se unen como dos manera del sentido disponibles.
El rol de Adorni en las conferencias de prensa era el de replicar estas dos dimensiones de sentido (tiempo y objeto) en un contexto social de interacción con otros periodistas. Cada tema podía ser ordenado en un antes y un después, siendo el antes descripto con actos cuestionables éticamente, y un ahora en donde todo eso se había terminado. Como la definición tajante de inflación, Adorni determinaba una reducción del mundo a descripciones firmes en formato de viveza discursiva, y obligándose a sí mismo, y por lo tanto a toda la administración, a cumplir con operaciones sociales reales e indudables, la réplica precisa de esa semántica, en la complejidad social de cada nuevo momento. Pero el mundo no permite nunca un emparejamiento preciso entre esa semántica mágica y lo que las personas pueden efectivamente hacer.
Los malos datos de inflación y los problemas de Adorni han ido dando espacio a explicaciones en donde la complejidad social aparece como excusa novedosa. Los precios internacionales producto de la guerra que aumentan el valor del crudo junto con la mencionada estacionalidad de marzo, y lo cansado que se encontraría el ahora jefe de Gabinete, intentan producirse como justificaciones con formatos de alta carga de relatividad que contrastan como castigos simbólicos a una pretensión de rigidez que aparenta ir quedando en desuso. En realidad, ellos no tienen la culpa de las contradicciones a las que la complejidad empuja, sino del uso intenso de la tozudez descriptiva a la que han ido recurriendo sin pausa desde hace un tiempo demasiado importante.
Tal vez es ahora sí un buen momento para hacer el ejercicio de los dibujitos de la consultora dentro del Gobierno, pero no para ordenar la comunicación y hacerla más efectiva, sino para descubrir que lo que parece un problema es, en realidad, el real operar de la comunicación en el mundo moderno. No existe el dibujo igual y reproducible, y esto el liberalismo lo sabe, ya que como es el respeto irrestricto a la vida del prójimo, qué mejor dejar dibujar a cada uno lo que quiera. El problema es cuando el workshop se estira, solo hasta que los dibujos se parezcan entre sí, pero en la mayoría de los casos, eso suele cansar a las personas.
* Sociólogo.