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Adorni es pobre

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TITULOS DE HACE 6 Y 3 SEMANAS: ”Adorni es un síntoma” y “Adorni es MIlei”, lo que era obvio. | cedoc

Hace un mes, un conocedor de la política de las últimas décadas dijo en privado: “Menem subía al avión presidencial de todo, hasta ..., y no puedo creer porque la esposa del jefe de Gabinete lo hiciera se arme semejante escándalo”. Hace algunas semanas, una ciudadana común, también en privado, dijo: “Lo acusan a Adorni de haber escriturado su departamento por menos valor, pero si todos los argentinos escrituramos por menos”. Esta semana, periodistas oficialistas resaltan que la Justicia no avanza con la misma rapidez en la investigación por corrupción de Adorni que en otros casos; el ejemplo usado fue Insaurralde. Y recién antes de ayer, un mes y medio después, Infobae titula un artículo, “No es (solo) Adorni: datos sobre la caída de imagen de Milei”, donde por primera vez registra que “la caída de imagen de Milei empezó antes del caso Adorni. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella acumula tres meses consecutivos de baja: −2,8% en enero, −0,6% en febrero y −3,5% en marzo, con una contracción acumulada del 6,5% desde fines de 2025”.

Un mes y medio tardó la prensa oficialista en tomar nota de que Adorni es un síntoma (textualmente así titulamos esta columna el 4 de marzo) del rechazo a resultados de la política económica de Milei en un porcentaje mayoritario de la población. Y casi un mes en correlacionar la caída de imagen de Adorni con la propia de Milei (hace casi un mes así titulamos esta columna, “Adorni es Milei”). ¿Cuánto tardarán hasta que visibilicen los verdaderamente importantes casos de corrupción que atraviesan al Gobierno? Arriesgo: cuando la imagen de Milei vuelva a caer tanto y lo suficiente como para estar seguros de que no se repondrá como ya lo hizo entre septiembre y octubre del año pasado y, en menor medida, también entre abril y mayo de 2025. Son los amigos del campeón, los que siempre se suben al “carro del vencedor” de la profesora emérita de la Universidad de Maguncia de Ciencias Políticas Elisabeth Noelle-Neumann, resultado repetido del efecto procíclico de parte de los integrantes de todas las instituciones: empresarios, Poder Judicial, periodistas.

Aburrido ya de cada nueva revelación diaria sobre Adorni, más que poner foco sobre él o lo que y a quien él significa, vale la reflexión sobre las condiciones de posibilidad que generan casos como el de Adorni, y disculpándome primero de lo políticamente incorrecto del título de esta tercera columna sobre el jefe de Gabinete, continuado con la saga ontológica sobre lo que es Adorni, provocadoramente agrego la palabra pobre.

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Todo lo que se descubre alrededor de Adorni describe una persona con aspiraciones económicas insatisfechas que al llegar a un puesto importante en la función pública comenzó a satisfacerlas con el apetito de la falta acumulada, en forma de atracón. Hambre tenía Adorni por la velocidad en concretar todo al mismo tiempo: un viaje al Caribe, otro a Nueva York, un viaje en avión privado, el cambio de un departamento por otro mejor, pero dentro del mismo barrio, y la compra de una casa de fin de semana no suntuosa.

Anhelos y ambiciones típicos de clase media, lejos de la representación de la corrupción en alta escala que generalmente se produce con las privatizaciones y ventas de bienes del Estado.

Dimensionemos: ahora la nueva gran revelación es que Adorni recibió de un contratante con el Estado en la TV Pública, Marcelo Grandio, 1.670.000 pesos entre 2022 y 2023 distribuidos mensualmente, comenzando en 105 mil pesos hasta 600 mil a fines de 2023, o sea, entre 500 y mil dólares por mes.

Probablemente, el mismo tipo de anhelos y ambiciones de Adorni y su nivel de vida previo al acceso a la función pública de Karina Milei (quizás por eso lo entiende tanto) y, en una etapa no muy distante, del propio Javier Milei, representando Adorni no solo a él, sino a un gobierno con una cantidad de personas buscando pegar un salto económico relativo a su posición.

En cambio, la familia Caputo representa otro decil socioeconómico, y sus aspiraciones materiales son diferentes.

El miércoles pasado, La Nación informó: “YPF busca desprenderse del 70% de la principal distribuidora de gas del país, valuada en unos US$800 millones; un consorcio liderado por la familia Neuss junto a fondos internacionales y Central”. Más adelante amplía: “Uno de los grupos que ya se posicionó es el encabezado por la familia Neuss. Los hermanos Germán, Patricio y Juan Neuss, cercanos al asesor presidencial Santiago Caputo, participan a través de Neuss Capital en un consorcio que suma socios internacionales de peso como Mubadala Capital y SIA Capital”. Y concluye: “Neuss Capital –conducida por Germán Neuss– suma conocimiento del mercado argentino y trayectoria en sectores regulados. El grupo ya participó en adquisiciones de activos energéticos en los últimos dos años, como las distribuidoras eléctricas EDET (Tucumán) y Ejesa (Jujuy), la transportista Litsa y las centrales hidroeléctricas Potrerillos, Alicurá y Cerros Colorados. Ahora presentó también una oferta para quedarse con Transener”.

Resuena que el aporte sea “suma conocimiento de mercado regulados” y que resulte relevante estar vinculado a Santiago Caputo. Jaime Duran Barba, maestro y exjefe de Santiago Caputo, considera que su discípulo, con el solo éxito de haber convertido a un outsider como Milei en presidente, acumuló credenciales para ser un consultor valorado en toda Hispanoamérica y podría irse del Gobierno en la primavera, muy satisfecho con su futuro. Quienes conocen el negocio de los “mercados regulados” dicen que eso es chiquitaje, como lo de Adorni, un empleo o consultoría más y mejor paga, pero que el verdadero poder económico no persigue un trabajo con influencia y “viáticos” siempre coyunturales, sino apropiarse de capital, un stock que genere permanentemente un flujo sin depender de nadie.

El problema de Adorni o hipotéticamente de Karina Milei y otros como ellos que integran el Gobierno no es que sean relativamente pobres en sentido material, porque sus necesidades físicas estén insatisfechas, sino que sus necesidades psicológicas están insatisfechas. Raúl Alfonsín tomaba el colectivo Río de la Plata de Constitución a Chascomús los viernes antes de ser presidente y no tuvo necesidad de comprar ningún inmueble diferente, volvió a la misma vida al ser expresidente.

No precisamos funcionarios ricos, pero sí que no sean pobres de espíritu.