El oro que en algún momento de julio de 2024 fue sacado del país para ser enviado al exterior no está en Londres. Los que siguen las pistas de los aproximadamente US$ 4.800 millones en onzas de ese metal precioso tienen desde esta semana una certeza concreta. Ese dinero, que forma parte activa de las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y que cada tanto le da al país una buena noticia según su cotización (no en las últimas semanas, por la guerra en Medio Oriente), no se encuentra depositado en la capital de Inglaterra.
Sucede que el jueves de la semana pasada, la Corte de Apelaciones de Londres, donde se encuentra en trámite la causa Cupón PBI, le ordenó al banco Lloyds congelar todos los activos soberanos pertenecientes a la Argentina hasta la audiencia fijada para el martes. La decisión se vincula con la condena que pesa sobre el país en esa causa, donde perdió en primera y segunda instancia, y la Corte Suprema del Reino Unido rechazó tomar el caso, con lo cual la sentencia negativa para el país se encuentra firme.
El Tribunal de Apelaciones organizó una audiencia para el próximo martes y, paso previo, dictó la orden a ese banco inglés. Lo que se supone es que la Justicia inglesa está a la búsqueda de activos financieros y físicos argentinos para embargar, para garantizar el pago de los aproximadamente US$ 1.800 millones de la sentencia negativa para el país. Sin embargo, y aquí la novedad, los abogados que representan a la Argentina le aclararon tanto al Lloyds como a la Justicia inglesa que no hay ningún activo para avanzar ni, mucho menos, embargar. Lo que incluye, obviamente, el oro que salió del BCRA en 2024.
Sucede que una de las sospechas de esa operación era que los lingotes que estaban en las reservas físicas en la entidad de Reconquista 266 habían sido enviados a Londres, mercado habitual de este metal y donde podrían estar depositados generando intereses. Ahora, la respuesta a la Justicia inglesa por la negativa salda esta sospecha.
Queda entonces la duda sobre dónde están depositados esos lingotes, y la posible respuesta ahora es que su destino actual es Suiza. Concretamente, en el Bank for International Settlements (BIS), con sede en Basilea, el tradicional intermediario financiero entre bancos centrales y donde se realizan operaciones habituales con oro y otros metales preciosos. El BIS es conocido como el “banco de los bancos centrales”. Si bien no es un depósito abierto al público, sino una institución donde los bancos centrales colocan oro como activo financiero y se realizan operaciones de corto plazo para obtener liquidez. Se canalizan swaps, préstamos y repos de oro. Y, aunque no es lo habitual ni lo común, el BIS acepta depósitos temporales si la idea es colocarlos como garantía.
Habrá que ver si alguno de los repos vigentes o por venir que instrumenta el quinto piso del Palacio de Hacienda obedece a este tipo de operaciones. Otra alternativa también habilitada por el BIS es que los lingotes estén depositados en la Federal Reserve Bank of New York, entidad que para la banca de Basilea también sirve de garantía. Esto quiere decir que si el oro está resguardado en ese banco de Nueva York, es válido como opción para canalizar la garantía.
De tres alternativas posibles sobre el misterioso destino final de los lingotes salidos del BCRA en 2024, descartando Londres, quedan dos: Basilea y Nueva York. Se supone que no fueron destinados a Nueva York originalmente ante el peligro de embargos por la causa YPF, la que finalmente quedó a favor de Argentina en segunda instancia de la Corte de Apelaciones de esa ciudad. Si bien el fallo fue positivo, todas las fichas estaban ordenadas para que el resultado del caso por la manera en que se reestatizó YPF en 2012 fuera negativo para el país. Y, en consecuencia, habría que haber resguardado el oro. En síntesis, y por descarte, los lingotes argentinos deberían estar en Basilea, Suiza, en el BIS.
La salida del oro había sido alertada en julio de 2024 por el titular del Sindicato de los Bancarios, Sergio Palazzo (Unión por la Patria), quien pidió detalles de la presunta operación. Luego, dos meses después, confirmó el movimiento el ministro Luis “Toto” Caputo, que consultado por el tema señaló que se trató de una operación “positiva” para que el país maximizara “los retornos de sus activos”.
Luego, oficialmente, el 2 de septiembre de 2024, el BCRA anunció que “completó exitosamente transferencias de parte de sus reservas en oro entre sus diferentes cuentas”, sin explicar ni cómo ni cuándo, ni adónde se habían girado los lingotes. Ahora, gracias a la Justicia de Londres, parece comenzar a develarse el misterio.
Por las dudas, en aquel momento la entidad que maneja Santiago Bausili había dicho que “estas operaciones de rebalanceo no alteran el volumen total de las reservas en oro” y que “la difusión irresponsable de información, con fines políticos, relacionada con estas operaciones antes de su finalización puso en riesgo la seguridad de los activos de todos los argentinos. La información sobre la administración de las reservas del BCRA ha sido siempre manejada de manera confidencial en el afán de preservar su seguridad”. Quizá por eso, el secretismo. En otro momento, Caputo explicó por qué la salida. “Es una movida muy positiva del Central. Hoy tenés oro en el Banco Central, que es como si tuvieras un inmueble adentro, que no lo podés usar para nada. En cambio, si vos tenés eso afuera, le podés sacar un retorno. Y la realidad es que el país necesita maximizar los retornos de sus activos. Tenerlo encerrado en el Central sin hacer nada para el país es negativo. Es mejor tenerlo custodiado afuera, donde te pagan algo”, dijo el ministro, pero siempre sin explicar dónde estaban los lingotes.
Sobre la causa Cupón PBI, Argentina está a punto de perderla definitivamente en ese tribunal de apelaciones londinense. El caso fue iniciado en Nueva York por el fondo buitre Aurelius en enero de 2015 por la supuesta “mala fe” del país al alterar la medición del PBI del Indec para el ejercicio 2013, lo que derivó en una causa espejo en Londres, a partir de una presentación del fondo cautivo de Aurelius Novoriver, a la que luego se sumó Palladian, con un grupo menor de tenedores de deuda argentina.
Según los demandantes, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, con Axel Kicillof como ministro de Economía, alteró la base de cálculo del EMAE para que el crecimiento final del PBI de ese año no superara el 3,22% y así no activar la cláusula de liquidación del Cupón PBI. El Indec calculó para ese año un crecimiento del 2,9%, pero modificando el cálculo base, una acción que para Aurelius fue “adrede” para perjudicar a los tenedores de este bono, en lo que representa “mal desempeño de sus funciones”. Axel Kicillof era el ministro de Economía en ese entonces.
Para los fondos que se presentaron en los tribunales de los dos países, si no se hubiera alterado la base de cálculo de 2013, la Argentina habría crecido un 3,5%, con lo que hubiera tenido que pagar el Cupón PBI. Estos argumentos fueron rechazados por Preska, pero tomados como válidos por Phillips.