Matar o morir. Título cinematográfico o de serie televisiva para presentar, el próximo 29, el estreno del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, ante la Cámara de Diputados. Un examen, se presume memorable la sesión, ya que un bloque apretará los dientes jurando “no pasarán”, como si fuera la Madrid republicana, y otros, quitándose la baba con la manga del saco, se imaginan un pantagruélico festín con la carne del funcionario.
Ni que fuera el Super Bowl o la reventa de River-Boca. Hubo hasta senadores que, por no perderse el anunciado show circense, pretendieron ocupar asientos de Diputados porque se consideran con superioridad institucional. No pudo ser: en el rechazo a ese propósito coincidieron oficialistas y opositores de la Cámara baja. No todo es riña. Sí, dicen, incluso, que el propio presidente Milei asistirá al matadero parlamentario para alentar desde un palco a quien llega como un esparadrapo público dispuesto a contestar –se supone– un centenar de preguntas por escrito que previo al espectáculo le habrá de formular una oposición –como ordenan los protocolos legislativos– sin aparentes diferencias partidarias, mezclada la izquierda con el peronismo y las herencias cuarentonas de Lilita Carrió. En nombre, claro, de la ética. Poca expectativa por los interrogantes anticipados; interesa más la batahola por el cruce de imputaciones a observar. No hay empate en esa jornada venidera. Es como en el toreo, en la lidia se salva la bestia si logra herir con sus cuernos al torero para mandarlo a primeros auxilios o, en su faena, el matador hace hocicar sangrante al toro luego de la estocada mortal y, muerto, se arrastra al animal con unos percherones a la carnicería para despedazarlo.
No puede quejarse Adorni de un milagro que llovió de Olivos: nunca el Presidente hizo tanto esfuerzo para bancarlo en el cargo y, además, obtuvo el unánime apoyo del triángulo de hierro constituido por la hermana presidencial, el mismo Javier y Santiago Caputo, dispuesta la geometría a defender la trinchera sin hendijas ni divisiones en el Parlamento. Como un solo equipo atrás de Adorni, su escribana y su amigo de ATC. Han evitado incluso que prosperaran candidatos al reemplazo, se hablaba de Federico Sturzenegger o Luis Petri, quien no está ahora para esos avatares: se encuentra abrumado por una referencia íntima que procazmente se lanzó en las redes contra su mujer. Ni hablar de la vuelta de Guillermo Francos, quien siempre dijo que jamás regresaría al Gobierno mientras estuviera el Caputo joven, de quien padeció un martirologio plañidero. No tiene problemas de manutención Francos: recuperó el cargo de director en YPF y también el jugoso estipendio junto a su yerno Catalán, ambos sin demasiada versación petrolera y gasífera. No es un privilegio el de Francos; el resto de los miembros del directorio tampoco sabe mucho más que él en la materia. Generosa la Argentina.
Logró entonces el jefe de Gabinete para la sesión del 29 el prodigio celestial y la oportunidad: ocurre justo cuando el momento político que atraviesa el trío dominante es de salvaje confrontación entre Karina y Caputo junior, una interna espesa como el dulce de leche viejo. Solo coinciden como guardaespaldas de Adorni. La pugna interna se incrementó en las últimas horas debido a que volaron a Agustín Romo como piloto de la Cámara en la provincia de Buenos Aires y, en su lugar, ubicaron a un personaje que responde a Karina y a otro jefe bonaerense, Sebastián Pareja. Romo, un dilecto de Caputo, se retrasa en el juego de la oca y, junto a él, también el mundillo de los operadores de internet, esa red que decían importante para el Presidente, que se descompuso al extremo de que casi toda la muchachada vocifera en esos medios contra la nueva jefatura de La Libertad Avanza en la provincia. Los jóvenes se consideran puros y detestan a la casta bonaerense. En particular, ahora que perdieron espacio político. Típico.
Raro y casi extraordinario el fenómeno-sostén a Adorni, ya que el jefe de Gabinete viene enlodándose hasta la nariz desde que un día embarcó a su mujer en el avión presidencial y desde entonces siguió una retahíla de denuncias patrimoniales y penosas explicaciones del funcionario (ni hablar de sus amigos): saltó solo al pozo negro. También es cierto, diría el Presidente, la exageración del huracán mediático para masacrarlo. En algún sentido se trata de la libre expresión o, si se acepta, hay una operación ajena a los políticos que en general se han callado la boca y han dejado que corra el río hediondo impulsado por las turbinas de la TV, las redes y los diarios. Un aluvión atmosférico desde entonces llovió sobre Adorni y, por tribulaciones de gobierno, evitaron deportarlo de la Casa Rosada: durante más de un mes permitieron que las llamaradas se lo comieran y hasta arrastraron buena parte del prestigio de Milei en la opinión pública. Si sale bien Adorni en Diputados el 29, mejor que nadie diga que ha sido parte de una inteligente estrategia oficial.
Para muchos, la consigna “matar o morir” en Diputados consiste en un bloqueo informativo de Adorni hasta que la Justicia se expida, hoy más veloz que el Correcaminos, cargada en seguir su rastro con nafta especial. Versiones de todo tipo al respecto: una parte del aparato judicial enojado porque no nombraron como ministro a Guillermo Montenegro, más indignada por la designación de Juan Bautista Mahiques y, sobre todo, por la colocación de nuevos jueces y camaristas que no responden a lo que Milei podría llamar la rosca judicial. Quieren convertirme en rehén de sus aspiraciones, extorsionarme, relatan las voces mileístas ante el apremio en tribunales, a lo que responde el otro bando: nos presionan para lavar ciertas causas, sumergirlas, y a cambio de que nombrarían a los nuestros. Como sucedía en otros gobiernos. Nadie sabe cómo termina esta reyerta, con personajes del mundo de los espías en el medio, tal vez Adorni en Diputados exhiba una lista de viajes al exterior de jueces & Cía., la vulnerabilidad de ciertas declaraciones juradas, la justificación del término “ensobrado”. Por supuesto, el argumento de los viajes por parte de los miembros del Poder Judicial es que han sido invitados a congresos, a estudiar en determinadas universidades, nada de placer. Pero ninguno que se sepa fue a estudiar a Tanzania, todos prefieren destinos más desarrollados. Se supone que esa andanada de “la bolsa o la vida” a pilotear por Adorni tal vez aterrice en otros factores de poder, de periodistas a medios, de políticos a empresarios. Este acontecimiento, si ocurre, alienta aún más la posibilidad de un escándalo en el recinto, la necesidad de conseguir un ticket para esa sesión en la que el jefe de Gabinete luchará por salir del fango y no comprometer aún más a su presidente. Habrá que ver; no le fue bien hasta ahora.
Entre el escándalo legislativo del 29 y los chispazos en la conducción del Gobierno, aparecen postulantes a la Presidencia para 2026, deseosos por constituir partidos y soñar con la Rosada. Acelera el pastor Dante Gebel, cuyos abogados realizan el trámite para formalizar su lanzamiento, o el de algunos allegados a Eduardo Duhalde que intentan legalizar el Movimiento Productivo como expresión partidaria, a disposición para integrar un conjunto de figuras que hoy hablan de una “construcción nacional”. Un film que ya se vio en blanco y negro y en tecnicolor. Mientras, Axel Kicillof viajó a Europa acompañado por un conmilitante de Cristina Fernández de Kirchner para sellar su inclusión en una internacional socialista. Y un fiscal, Ramiro González, planteó la necesidad de intervenir el Partido Justicialista por irregularidades diversas. La candidata para ese cargo, si se concreta, es la exministra de Trabajo Graciela Camaño.