La historia detrás de "Andá a cantarle a Gardel", la frase que atraviesa generaciones
A 90 años de la muerte de Carlos Gardel en un accidente en Medellín, recordamos de dónde surge y qué significa mandar a alguien a que le cante al ídolo porteño.
El lenguaje de los argentinos debe ser uno de los más ricos y variados del mundo en insultos. ¿Cuántas variantes de “andá a la mierda” podemos nombrar? “Andá al carajo”, “Dejate de joder”, y tantas otras.
Pero una de esas frases cobra este 24 de junio otro valor, ya que se conmemoran los 90 años de la muerte de Carlos Gardel en un accidente de aviación en Medellín, Colombia.
El oirgen de la frase "Andá a cantarle a Gardel"
Se trata de la frase "Andá a cantarle a Gardel" y su explicación, para quienes no frecuentan la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, de una las maneras de sacarse a alguien de encima que tenemos los porteños.
Que no es exactamente sinónimo de “andá a la mierda”, pero tiene un significado similar, y que tiene un segundo uso, como sinónimo de éxito o de finalización de algún proyecto. “Termino esto y ‘andá a cantarle a Gardel’”.
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Como tantas otras frases populares, “Andá a cantarle a Gardel” surge como una variante suavizada de “Andá a contarle a Magoya”, forma lunfarda para sacarse de encima a alguien o para decirle que no se le cree, y se popularizó su uso desde la desaparición física del ‘Troesma’, del ‘Zorzal criollo’, ‘el Morocho del Abasto’, tanto como aquello de “Sos Gardel”, elogio máximo de un porteño, que en las últimas décadas se volvió a potenciar con aquello de “Sos Gardel con guitarra eléctrica”.
Monumento a Carlos Gardel en el cementerio de La Chacarita.
Desde que se inauguró su monumento en el cementerio de la Chacarita, en 1937, todos los años se reúnen los fanáticos de todo el mundo cada 24 de junio, día que se conmemora el accidente que le costó la vida. Y una de las características de esas reuniones, que solían ser multitudinarias, era que los cantores se subieran al mausoleo y lo “homenajearan” entonando alguna de sus canciones.
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Y no siempre se trataba de la mejor interpretación, más bien se trataba de algún mal imitador del Morocho del Abasto, que estaba muy lejos de su eximio arte y de su incomparable talento.
A ese homenaje, bastante discutible, se los manda a los indeseables para que dejen de molestar, a "cantarle a Gardel.
Pobre don Carlos, cuanto más tiempo pasa, más diferencia le saca a los demás y consolida aquello de que “Cada día canta mejor”.