Entre dos mundos
El campo, parajes desolados e inquietantes, playas de la provincia de Buenos Aires y de la Patagonia son los ámbitos en los que se desarrollan estas historias que, por lo ya dicho, podríamos definir como “inquietantes” en tanto ese “grito callado” es lo que se oye como un telón de fondo en cada una de ellas.
El año pasado, en estas mismas páginas reseñábamos el libro Caleidoscópicas, de Flanelle Editora, con cuentos de cinco autoras premiadas en diversos concursos y publicadas en diferentes antologías. Entre ellas –alumnas o exalumnas de Pablo Alí, Marcelo Rubio, José María Brindisi, Cecilia Szperling, Ariel Idez y Mauricio Kartum–, destacábamos “Adiestramiento canino” y “Alguien en casa”, de la autora bonaerense –y también coordinadora de talleres de escritura–, Gabriela Buscemi, que ahora presenta, bajo el mismo sello, su primer libro en solitario: Nunca nadie cuidó el jardín.
En una nota preliminar, Buscemi nos informa que estos primeros cuentos que escribió hace más de diez años responden a su deseo “de encontrar las palabras para nombrar lo que quedó suspendido” en ella, “agitar esa confusión de emociones y sentimientos”, e intentar “narrar el silencio que flota en los vínculos formados por estas diez mujeres protagonistas, un silencio que no encuentra su voz: ese grito acallado”. Y lo logra, con una prosa muy cuidada que fluye del pasado al presente y del presente al pasado, reconstruyendo sensaciones que afloran para darle sentido a los recuerdos y explicar vivencias que, con notable eficacia, entrelazan las más tiernas situaciones con momentos escalofriantes.
El campo, parajes desolados e inquietantes, playas de la provincia de Buenos Aires y de la Patagonia son los ámbitos en los que se desarrollan estas historias que, por lo ya dicho, podríamos definir como “inquietantes” en tanto ese “grito callado” es lo que se oye como un telón de fondo en cada una de ellas. Y si bien es cierto, como apunta en la contratapa José María Brindisi, que estas mujeres tratan de “asomar la cabeza” con la certeza de que “en nuestras vidas no hay espacio, justamente, para certeza alguna”, ya desde el cuento que abre el volumen, “El pasado”, se traza el mapa que al promediar la lectura nos perturba con El Galguero, y que al terminarla dibuja el incontestable contorno de la violencia. Una violencia que no sólo se traduce en los comportamientos de los hombres (la caza de liebres, el maltrato a los perros), sino que puede cobrar también la forma de un aborto (el muy logrado Urdimbre) o traumáticos sometimientos producidos en la niñez (La perdiz y el cazador).
Asimismo, varias de las protagonistas se amparan en la escritura; entre ellas una joven aprendiz de escritora que, en el cuento “El origen”, viaja a una isla de Brasil favorecida por una beca. En ese mes, en la posada de una residencia artística se revelará que el deseo de expresar el mundo en palabras se queda corto cuando la realidad nos sorprende con sentimientos a los que, por un motivo u otro, preferimos ignorar.
Todo lo expresa con sutileza, Buscemi, en un cruel mundo de hombres de distintas edades que contrasta con el candoroso y sensual de las mujeres, llámese una madre, una amiga, una desconocida, una amante, y que parece decirnos que “nunca nadie cuidó el jardín” de ninguna de ellas. Y que, por eso mismo, es necesario salirse de él.
Nunca nadie cuidó el jardín
Autora: Gabriela Buscemi
Género: cuentos
Editorial: Flanelle Editora, $ 25.000
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