Escribir contra la muerte
La historia comenzó con el encargo de un dossier sobre la obra de Leopoldo Brizuela para la revista El Ansia. Lo que parecía una tarea relativamente apacible, con su repentina muerte y un viaje a la casa que aquél había compartido con su amor, derivó en un trabajo de investigación de cinco años que se convirtió en una obsesión por reconstruir la vida, la intimidad y la obra reflejada en un archivo inabarcable de este escritor al que el éxito editorial lo encontró demasiado pronto, que desde muy joven se propuso delinear su figura de autor y que a la vez, fue el crítico más feroz de su obra y al que sus amigos definían como un joven “victoriano”.
Y ese primer viaje a Tolosa resultó el comienzo de una crónica de la historia silenciada de un padre con el que mantenía una relación complicada, de los lugares donde se desarrollan sus principales novelas, de los talleres literarios donde comenzó su formación, de sus primeros romances, de su faceta de folklorista junto a Leda Valladares, de los circuitos gay de la ciudad de La Plata, de su amistad entrañable con María Elena Walsh, de su trabajo con las Madres de Plaza de Mayo (a las que le dedicó el premio Clarín por Inglaterra, una fábula) y de la conflictiva relación que tenía con su propia obra, de la que los innumerables diarios, cuadernos, manuscritos, archivos y trabajos inéditos dan cuenta.
Y el autor de este libro, investigador del Conicet, lejos de seguir los lineamientos ortodoxos de un trabajo académico, registra las numerosas entrevistas que hizo a un círculo cada vez más amplio de gente que lo conoció (y hasta los últimos audios que intercambió con él unas horas antes de su muerte), exhibiendo su propia subjetividad en cada uno de los diálogos, que parecen publicados casi sin edición.
Si hubiera que encontrarle una palabra clave a esta biografía, quizás sería “intensidad” la que mejor la definiría, no sólo por la insistencia con que se repite, sino por el tono que adquiere a medida que se interna en la vida de su biografiado, pero además, por su literatura que descubre, muchas veces, intrincada y difícil de penetrar. Una intensidad que se replica en las controversias que se generaron alrededor de los premios que recibió, de las relaciones que estableció y de las que luego renegó (con Marta Lynch, su principal mentora, con Hebe de Bonafini), o en la toxicidad de unas relaciones amorosas en las que se enredó hasta el encuentro con quien terminó compartiendo su vida. Un personaje, en esta biografía, casi tan importante como su protagonista, al que el autor acompañó en su duelo (y al que le dedica especialmente este trabajo) y quien generosamente le abrió las puertas del monstruoso archivo de Brizuela, cuyo destino sea, muy probablemente, la Biblioteca Nacional, el lugar donde, en un bucle literario, este escritor trabajó los últimos años de su vida, organizando el archivo de sus autores más queridos.
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