El efecto mariposa, el karma y esa idea de que todo lo que damos vuelve quizás sean mucho más reales de lo que pensamos. La energía que compartimos con el mundo, de alguna manera, puede regresar a nosotros: si damos amor, podemos recibir amor; si vivimos preocupándonos por los demás, es posible que alguien también se preocupe por nosotros cuando lo necesitemos.
Una historia ocurrida en un frigorífico de Johannesburgo muestra cómo un gesto cotidiano puede convertirse en algo mucho más importante de lo que imaginamos. En un frigorífico de Johannesburgo trabajaban decenas de hombres. Al finalizar cada jornada, un guardia de seguridad se encargaba de cerrar las instalaciones y comprobar que todos los empleados hubieran salido.
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Un día, cuando los trabajadores estaban por retirarse, el guardia se acercó al responsable del grupo y le advirtió que creía que todavía quedaba alguien adentro. El encargado revisó las instalaciones, pero no encontró a nadie.
—Creo que todavía hay alguien adentro. No lo vi salir.
—Ya revisé todo. No hay nadie —le respondió el responsable.
El guardia insistió en que estaba seguro de que faltaba un trabajador. El encargado volvió a revisar, pero tampoco encontró a nadie y se negó a entrar por tercera vez.
Lo que ninguno sabía era que, a pocos metros, un hombre había quedado atrapado dentro de una cámara frigorífica. La puerta se había cerrado detrás de él y, por el ruido de las máquinas, nadie había escuchado sus gritos ni sus golpes.
Un gesto que salvó una vida
El trabajador estaba perdiendo las fuerzas, apenas podía mantenerse consciente y comenzaba a pensar que no saldría con vida. Mientras tanto, el guardia seguía convencido de que algo no estaba bien y volvió a pedir que revisaran el lugar.
—Por favor, déjeme revisar. Quizás ese hombre esté en problemas.
Esta vez, el responsable accedió. Ambos corrieron hacia la cámara frigorífica y encontraron al trabajador al borde de la muerte. Consiguieron rescatarlo justo a tiempo. Después del rescate, el encargado le preguntó al guardia cómo había podido saber que todavía había alguien adentro, entre decenas de trabajadores que salían todos los días.
—Es muy sencillo. Todas las mañanas, ese hombre me saluda. Se detiene, me mira y me pregunta cómo estoy, cómo está mi familia. Y cada noche, cuando se va, me desea una buena noche.
El guardia explicó que esa mañana el hombre lo había saludado como siempre, pero todavía no le había deseado las buenas noches. Por eso supo que algo no estaba bien: su compañero aún no se había ido.
La historia invita a prestar atención a quienes nos rodean y a mirar un poco más allá de nuestras propias preocupaciones. Un simple 'buenos días" puede mejorar la jornada de alguien y, en determinadas circunstancias, hasta convertirse en una señal que permita advertir que necesita ayuda. La bondad no siempre se manifiesta en grandes acciones. A veces aparece en un saludo sincero, una pregunta genuina, la disposición a escuchar o el interés por saber cómo está la persona que tenemos enfrente.
Dar y recibir
Una de las palabras preferidas del autor de esta reflexión es Natan, que en hebreo significa "dar". Su particularidad es que se escribe igual de adelante hacia atrás que de atrás hacia adelante, una característica que sirve como metáfora de la idea de que aquello que damos también puede encontrar el camino de regreso.
La vida funciona, en cierta medida, como un búmeran. No siempre recibimos de la misma persona, de la misma manera ni en el momento que esperamos, pero cada gesto de amor, cada preocupación genuina y cada acto de bondad dejan una huella.
Esto no te pasó a vos, nos pasó a los dos
Por eso, la propuesta para este fin de semana es sencilla: preocuparnos un poco más por quienes nos rodean, saludar de verdad, preguntar cómo está el otro, escuchar con atención y dejar de pasar de largo.Nunca sabemos cuándo un gesto pequeño puede generar una diferencia enorme. Y si sentimos que la energía que esperamos recibir no está llegando, quizás valga la pena preguntarnos qué estamos dando nosotros.
Que tengamos el mérito de compartir una hermosa energía y de ser vitamina para quienes nos rodean, con la esperanza de que esa misma vitamina también vuelva a nuestras vidas. Si queremos vivir en un mundo con más luz, empecemos por iluminar a quienes tenemos cerca.
Que tengas un hermoso fin de semana.
(*) Rafael Jashes - Rabino