Perfil
CóRDOBA

A veces me pregunto qué significa realmente ser rico

Qué es, en verdad, poseer algo tan valioso que no pueda medirse en números. Si llamarse millonario es solo una cuestión de cifras… o si existe una riqueza más profunda, silenciosa, que no aparece en ningún balance ni en ninguna cuenta bancaria.

Riqueza
Riqueza | Pngtree

Qué es, en verdad, poseer algo tan valioso que no pueda medirse en números.
Si llamarse millonario es solo una cuestión de cifras… o si existe una riqueza más profunda, silenciosa, que no aparece en ningún balance ni en ninguna cuenta bancaria.

Eso lo aprendí a través de esta historia.

Kivi Bernard es un joyero que vive en Atlanta y, al mismo tiempo, un reconocido orador motivacional a nivel internacional. Es autor del exitoso libro de negocios Leopardology – The Hunt for Profit in a Tough Global Economy y conferencista habitual en eventos corporativos de alto nivel alrededor del mundo. Pero hay un dato central para entender su historia: Kivi es una persona profundamente conectada con su fe, sus valores y su tradición.

Hace algunos años, Microsoft lo invitó a dar el discurso de apertura en una de sus conferencias más importantes, un encuentro exclusivo que reunía a altos ejecutivos de todo el mundo. Gran parte del evento se apoyaba en las ideas que Kivi desarrollaba en su libro, por lo que su presencia era clave.

Cuando recibió la invitación, miró la fecha… y se detuvo.
La conferencia estaba programada para Shabat.

Aceptar implicaba utilizar micrófonos, pantallas, electricidad, grabaciones. Cosas insignificantes para la mayoría, pero imposibles para él en ese día sagrado.

Con respeto, respondió que no podría participar.

Desde Microsoft asumieron que se trataba de un problema práctico. Un ejecutivo senior lo llamó y, para “resolverlo”, le ofreció casi el doble de su tarifa habitual. Le explicó que la conferencia llevaba un año y medio de planificación y que cambiar la fecha no era una opción.

Kivi volvió a decir que no.

Convencidos de que el obstáculo era económico, insistieron una vez más. Esta vez, la cifra era astronómica: el equivalente al salario de medio año para muchas personas. La tentación era real. Pero Kivi entendió que no estaba frente a una decisión profesional, sino ante una prueba personal. No era una negociación; era un límite. El momento exacto en el que debía decidir si aquello que consideraba sagrado podía ponerse en venta.

Y decidió.

Les explicó que no tenía nada que ver con el dinero. Que no estaba rechazando la invitación para ganar más, sino porque para él Shabat estaba más allá del dinero, de la carrera, del éxito, de los ascensos y del poder. Era un día dedicado a lo esencial: la conexión, el sentido, la familia, lo trascendente.

Tiempo después, recibió una llamada inesperada.
Microsoft había decidido reprogramar toda la conferencia para el domingo.
Y, además, aceptar su tarifa original.

Así fue como la conferencia se inauguró, finalmente, con el discurso de apertura de Kivi Bernard.

Semanas más tarde, el mismo ejecutivo que había negociado con él volvió a llamarlo. Le contó que, tras el evento, había viajado en el jet privado de Bill Gates y que, durante el vuelo, surgió la conversación sobre aquella decisión inusual: mover una conferencia global para adaptarse a los valores personales de un conferencista.

Bill Gates escuchó la historia y dijo algo que quedó grabado:

“Soy una persona que puede comprar casi cualquier cosa.
Empresas, edificios, talento, genio, patentes.
Puedo comprar lo que quiera con dinero.

Pero hay cosas que el dinero no puede comprar.
Y una de ellas era eso que él no estuvo dispuesto a vender.
Eso… no estaba a la venta.”

Kivi suele contar que fue esa frase la que le permitió comprender, desde otro lugar, la verdadera magnitud de su decisión. Porque uno de los hombres más ricos del mundo le mostró que la riqueza no siempre se mide por lo que uno puede comprar, sino por aquello que jamás estaría dispuesto a vender.

Esta historia no es solo sobre religión o fe.
Es sobre valores.
Sobre límites.
Sobre descubrir que hay cosas en la vida que valen más que cualquier oferta.

Porque cuando una persona encuentra algo tan importante que ni el dinero más grande del mundo puede comprarlo, entonces —aunque no lo sepa— ya es inmensamente rica.

Ojalá que este año cada uno de nosotros pueda encontrar eso en su propia vida:
algo tan valioso, tan auténtico, tan esencial…
que ni siquiera alguien con todo el dinero del mundo pueda ponerle precio.