crítica

Filosofía sin superaciones

Por encima de la función docente, sale a escena un maestro del pensamiento, cuya maestría consiste en mostrar, en acto, cómo se piensa en filosofía y partir de qué.

Foto: cedoc

Si bien la primera edición de Cactus, en 2006, presentaba en un solo volumen dos cursos sobre Leibniz impartidos por Gilles Deleuze en 1980, en la Universidad de París VIII-Vincennes, el primer tomo de esta segunda edición, tanto corregida como aumentada, contiene (sin especificar cuales) algunos fragmentos nuevos de las cinco clases dictadas entre el 15 de abril y el 20 de mayo. De cualquier modo, estos detalles no parecen afectaren nada el estilo filosófico deuno de los maîtres à penser –es decir, de uno de los “maestros para pensar”– del siglo XX. En estas exposiciones desgrabadas y ajustadas al registro escrito, aunque se pretende conservar cierta oralidad, no descuella solo un profesor erudito y divertido. A la vez, y por encima de la función docente, sale a escena un maestro del pensamiento, cuya maestría consiste en mostrar, en acto, cómo se piensa en filosofía y partir de qué. Dicho al modo deleuziano, cómo se crean conceptos (lo propio del filosofar según sostiene), y ejemplarmente, en referencia a Leibniz, de qué manera se hace posible transformar una noción matemática en concepto filosófico. 

Esta inventiva, por lo demás, que arroja una viva luz sobre el constructivismo de Deleuze, está lejos de reducirse a una técnica. En primer lugar, se requiere, y en estas clases lo dice (y con variantes y excursus), siempre sobre el supuesto –lo que no resulta evidente de por sí– de que cualquiera puede pensar, de una sensibilidad especial ante los conceptos. Luego, hay que aceptar la terminología de la tradición filosófica y, por otro lado, no creer que la historia de la filosofía se compone (el no hegelianismo deleuziano) de superaciones. Al contrario, y el inconsciente diferencial de Leibniz –no freudiano, no opuesto a la conciencia, “psicomatemático”– sería la evidencia, todos los conceptos filosóficos se prestan a la recontextualización, a la reformulación, a nuevas e inesperadas articulaciones y funciones. Después de todo, en estas clases se deja claro que el mismo pensamiento leibniziano se conforma en parte de principios y conceptos heredados, pero convertidos en otros, inscritos en distintos campos problemáticos, sometidos a impugnaciones y radicales metamorfosis. El Dios matemático de Leibniz, por caso, se estructura como la pieza teológica en la teoría de la composibilidad, una lógica de lo continuo y de los mundos infinitos y posibles. 

De igual forma, en la última clase, acercadel desplazamiento que opera Kant respecto de Leibniz y de la metafísica en general, Deleuze explica la creación kantiana de los conceptos de espacio y tiempo, junto con el de fenómeno –el cual da lugar a la fenomenología de Hegel y de Husserl–, como una revolución conceptual y, en última instancia, el antecedente filosófico de la teoría de la relatividad de Einstein. Lo cual, sin embargo, por múltiples factores, lleva a un retorno poskantiano a Leibniz sobre otras bases. Con ello, por supuesto, se establece que en filosofía no existen las superaciones.

 

Exasperación de la filosofía. 

Tomo I: El mundo de Leibniz

Autor: Gilles Deleuze

Género: clases

Otras obras del autor: Empirismo y subjetividad; Crítica y clínica; ¿Qué es la filosofía?; Diferencia y repetición;  Dos regímenes de locos; Nietzsche y la filosofía

Editorial: Cactus, $ 26.000

Traducción: Pablo Ires y Sebastián Puente