Fuera de la jaula solitaria
Benicio representa la negativa ante el llamado del mundo abierto; para él, “estar afuera deseando salir afuera/ se torna desesperante”. Ante esto, el espíritu se refugia en un jardín donde espera “acariciar al mundo/ y que ya no muerda”. Vivir en el propio redil de seguridad suele revelar un mundo que se despeña en el no ser y en la percepción de la “irrisoria existencia”, bajo un Dios depresivo que “dejó todo a medio hacer”.
La tensión que arde entre dos concepciones del mundo, enhebradas en un diálogo poético, es el eje de Leonor, de Pablo Andrés Rial. Rial es docente, poeta, dramaturgo y autor de varios poemarios. En Leonor, la imaginación lírica se funde con la inquietud filosófica.
Dividida en cinco partes, Leonor presenta una voz que intenta ayudar a su interlocutor a respirar en la cercanía de un “nuevo comienzo”. Es una invitación a cancelar la “fe desesperada por la soledad” que Benicio cultiva en su “casa roja”. Para escapar de la tentación de quedar encerrado en una jaula solitaria, resulta oportuno no refugiarse “en la oscuridad/ ni en el frío cercano/ de lo que ya no volverá”.
Benicio representa la negativa ante el llamado del mundo abierto; para él, “estar afuera deseando salir afuera/ se torna desesperante”. Ante esto, el espíritu se refugia en un jardín donde espera “acariciar al mundo/ y que ya no muerda”.
Vivir en el propio redil de seguridad suele revelar un mundo que se despeña en el no ser y en la percepción de la “irrisoria existencia”, bajo un Dios depresivo que “dejó todo a medio hacer”. Sin embargo, a esa visión del mundo como yermo estéril se le contrapone siempre la reivindicación de lo vivo, porque incluso “lo enfermo puede/ contagiarse del buen humor”.
Esta diferencia entre ambas voces se encauza a través de la negación o la afirmación de la vida. Es un contrapunto que remite a grandes antecedentes de la literatura: como en Los hermanos Karamazov, donde el nihilismo de Iván choca con la piedad de Aliosha; en Esperando a Godot, con el cansancio existencial de Estragón frente a la resistencia de Vladimir; o en La montaña mágica, con el pesimismo radical de Naphta frente al humanismo progresista de Settembrini.
Benicio reconoce que habita demasiado en un pensamiento que, lejos de promover ideas fértiles, resulta en “un estado de apatía y aspereza”. Pero Leonor no cede ante los timbales de la desesperanza: “Sea capaz de acostarse con la insatisfacción/ abrazarla hasta lograr su confianza/ y estrangularla”.
Este diálogo entre el alma fustigada por la angustia y la voz serena que guía hacia la salida es un proceso que abreva en múltiples fuentes: desde Krishna aconsejando a Arjuna en el, Bhagavad Gita pasando por Virgilio guiando a Dante hacia la luz, hasta Lord Henry Wotton proponiéndole a Dorian Gray el refugio de lo sensual. En definitiva, es la voz poética de Leonor la que, en su “infinito ir”, percibe la fuerza incontenible de la pulsión de vivir.
Leonor
Autor: Pablo Andrés Rial
Género: poesía
Otras obras del autor: Forzado a viajar; Aves desplumadas; La casa de barro
Editorial: Caleta Olivia, $ 20.000
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