crítica

La locura del arte

Foto: cedoc

Para empezar convendría acomodar una cita: en sus clases dictadas en el Malba junto a Luis Chitarroni, Daniel Guebel señala una marca de identificación en los narradores flaubertianos, esa marca consiste en trabajar sobre “la indagación y la documentación de las materias de su asunto narrativo”. Si se traslada esa idea al ámbito ficcional donde esa voz encuentra su lugar, el efecto de lectura sería equivalente al que se percibe leyendo Posesión, una novela que si se adscribe a ese vector referencial, bien podría señalarse como flaubertiana en cuanto su “asunto narrativo” es la investigación académica, aunque su motivación sea de otra naturaleza y responda a la construcción de un esquema narrativo con elementos del policial clásico, que incluye las disputas y rencillas derivadas de la apropiación de una obra y las relaciones de poder que se ponen en juego y cómo nuevos hallazgos resignifican su valor y su recepción, el enigma de un romance victoriano (el título original de la novela es Posession. A Romance) y el juego de la inteligencia deductiva: “El crítico literario es detective por naturaleza”, postula uno de sus personajes.

La novela tiene como punto de partida el descubrimiento de unas cartas por parte de un joven catedrático cuyo misterio es la identidad de su destinataria, hecho que pondría sobre el tapete y ante una nueva luz la obra del poeta Randolph Henry Ash. A partir de ahí, la novela transcurre en dos planos narrativos y desarrolla una doble trama: el presente, que resulta ser entonces la década de 1980 (Byatt no solo deja caer alguna fecha concreta, sino que establece referencias tan inequívocas como la presidencia de Ronald Reagan en los Estados Unidos o la aparición del Sida) y la era victoriana, ese período histórico que forjó grandes mitos literarios y las pasiones se intensificaban en el anonimato y en el resguardo del secreto; un tiempo donde se sentaron las bases de los movimientos feministas modernos y actividades tales como el espiritismo atraían, paradójicamente, a figuras como Arthur Conan Doyle, el mismísimo creador de Sherlock Holmes. De todo eso da cuenta Byatt en su libro merecedor en 1990 del Booker Price. 

Pero si algo pone en valor esta novela, que por largos pasajes omite delimitar su generosidad narrativa allí donde comienza el exceso, es la práctica de la escritura y la importancia de la lectura y del registro histórico como elementos centrales e insustituibles. En una suerte de juego de postas, los personajes contemporáneos de Posesión descifran señales y persiguen pistas en cartas, diarios, cuentos y poemas que traspasan el tiempo. El suyo es un universo cuyo signo vital por momentos es la inadecuación a la realidad o, en todo caso, lo que cotidianamente convenimos en llamar realidad. Un universo (como todos) con leyes propias, no exento de actos irracionales en nombre de la literatura. Un mundo cincelado por aquello impreciso y misterioso que Henry James dio en llamar “la locura del arte”.

 

Poesión

Autora: A. S. Byatt

Género: novela

Otras obras de la autora: Ángeles e insectos; El libro de los niños; El libro negro de los cuentos; La Torre de Babel; La virgen en el jardín; La mujer que silba

Editorial: Anagrama, $ 54.900

Traducción: María Luisa Balseiro