No todo será color de rosa
Cuando Harry Fuld compró Le Mur Rose, el cuadro que Henri Matisse había pintado en 1898, no se imaginó que esa pintura iba a estar tan vinculada con los acontecimientos del siglo XX que estaban por venir. Por lo pronto, el empresario de origen judío que fabricaba teléfonos y fundó H. Fuld & Co. Telefon und Telegraphenwerke AG, con sede en Frankfurt, adquirió esa obra en la famosa subasta de la colección La Peau de l’Ours (La piel del oso) del 2 de marzo de 1914, organizada por el Hôtel Drouot en París, unos meses antes de que empezara la Primera Guerra Mundial.
Sin embargo, no llegó a presenciar la siguiente porque se murió en un accidente en Suiza en 1932 durante un viaje de negocios. La colección quedó para su hijo Harry Jr. que tuvo que huir de Alemania, cuando el partido nazi llegó al poder y dejó todas las obras de arte guardadas en cajas.
Fueron confiscadas por las SS, más precisamente, del oficial Kurt Gerstein, que fue el responsable de las entregas del Zyklon B para abastecer a las cámaras de gas de los campos de concentración. Al finalizar la guerra, en 1945, Gerstein se rindió a los franceses en la ciudad de Reutlingen. En el hotel Rottweill, donde fue trasladado en principio, redactó el Informe Gerstein. Luego fue encontrado muerto en la prisión militar de Cherche-Midi. Gracias a la investigación se encontró al cuadro cerca de su casa en Tübingen.
La restitución de este cuadro y otras piezas a la familia Fuld fue uno de los finales del periplo de esta obra. El segundo está fechado en 2010: cuando fue comprado para el Museo Judío de Frankfurt, donde cuelga desde ese momento y recuerda su historia.