CULTURA
crítica

La guerra contra el signo

El poeta es implacable contra la concepción estructuralista a la que acusa de “falso binario” que viene a oponer verso y prosa, poesía y prosa.

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“El poema se hace en el silencio del signo, que es el lenguaje del cuerpo, el cuerpo en el lenguaje”. La afirmación de Henri Meschonnic está incluida en el capítulo dedicado al silencio, que forma parte del ensayo La rima y la vida, publicado originalmente en 1989, y que ahora publica Mármol-Izquierdo en español.

La rima y la vida constituye un texto fundamental del poeta, lingüista, ensayista y traductor francés, para aproximarse a su enfoque sobre el lenguaje, el ritmo y la poesía. Meschonnic sale al cruce de la teoría del signo lingüístico, discute contra el corazón de la tradición estructuralista, fundamentalmente francesa, que aquí en la Argentina pasó a dominar el ámbito académico entre fines de los 60 y principios de los 70.

“El estado de guerra es el estado del signo. Tan habitual que ya no lo vemos. Modelo universal presentado históricamente como la naturaleza misma del lenguaje. Cuando en realidad es una representación del lenguaje. Porque el lenguaje sólo puede ser representado. No la verdad-naturaleza-transparencia del propio lenguaje. Como animaba a creer la gramática generativa.”, dispara Meschonnic poniendo en cuestión las dualidades naturalizadas entre “significante y significado, sonido y sentido, o forma y sentido”.

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Pero para el autor, el principal problema es “el paradigma político”, lo que considera “el aspecto más turbio del signo, ya que constituye el problema de la relación interna entre el lenguaje y lo político”. El poeta es implacable contra la concepción estructuralista a la que acusa de “falso binario” que viene a oponer verso y prosa, poesía y prosa, cuando la poesía ya no puede identificarse con el verso. Es la guerra del signo y el poema. Entre ellos, pero también dentro de ellos, cada uno en su propio campo de batalla interior”.

La disputa contra estructuralismo también se da en torno la “belleza” del poema, para quien la misma radicaría en su versificación, haciendo “de la complejidad formal el criterio de belleza”. Pero para el autor de La rima y la vida, “una frase muy simple puede ser bella, un soneto complicado puede ser malo”. La vieja oposición entre convención y naturaleza es cuestionada por Meschonnic que cree hacer justicia con la onomatopeya que emite un ruido natural en el lenguaje. La mejor verificación se da en la traducción, porque para el autor traducir no se trata solo de trasladar palabras de una lengua a la otra, sino recrear el funcionamiento del discurso. Por eso pone el foco en el ritmo, la subjetividad y la historicidad del lenguaje.

Lo de Meschonnic es crítica frontal al estructuralismo. La crítica para Meschonnic es “el ejercicio de un punto de vista”, “la lucha de preguntas contra las respuestas, “el descubrimiento de problemas, una “búsqueda de razones, no para tener razón”, pero si para “ser crítica consigo misma, bajo pena de desaparecer como tal, dejando paso a un dogmatismo tan sordo como los demás”.

La rima y la vida

Autor: Henri Meschonnic

Género: ensayo

Otras obras del autor: Modernidad modernidad; Para la poética; La poesía como crítica del sentido; Puesto que soy esa zarza; Heidegger o el nacional-esencialismo; Ética y política del traducir

Editorial: Mármol-Izquierdo, $ 36.500

Traducción: Luis del Mármol y Hugo Savino