CULTURA
novedad

Esa musiquita, esa musiquita

En los márgenes de la industria y lejos de cualquier cálculo, el sello independiente Los Años Luz construyó durante más de dos décadas un catálogo guiado por la intuición, el oído, el riesgo y una ética sin concesiones. A propósito de la publicación “20 años de música luminosa”, este recorrido celebra no sólo una discografía heterogénea y exquisita, extravagante e irrepetible, sino también una forma de escuchar: abierta, solidaria, curiosa y ajena a las etiquetas.

En algún momento de los primeros dos mil hubo un final. Y un nuevo comienzo para la música popular argentina. Que no sería rock, ni folklore, ni tango. Que sería todo eso junto como en los comienzos de Luis Alberto Spinetta y Miguel Saravia. Y que los intérpretes, aquel germen del rock and roll sepultado en el ídolo de las corporaciones, irán de frente, a veces, en el nuevo ropaje de cancionistas en busca del dorado de la canción perfecta. Nacidos en los estertores de la peste menemista, Los Años Luz, el sueño de dos apasionados musicales que arrancaron conociéndose en una disquería a la manera de los personajes de Nick Hornby, cumple veinte años y presenta una publicación al cuidado de Humphrey Inzillo, 20 años de música luminosa. Una historia de Los Años Luz. O un mapa de obras cumbres que emergen solitarias entre el pop algoritmo reinante y el militar trap. Martín Buscaglia, uno de los grandes artistas de este sello y de cualquiera otro de la galaxia, esgrime, “Javi & Nani. Ambos contienen la armonía que sostiene a la intuición; la chispa de la melodía inaudita que te empuja embelesado por los senderos, el ritmo hondo para marearnos un poco menos con el girar frenético del mundo. Todo eso irradiado en su pensamiento, en sus acciones, en su aura. Así el sello que crearon”. Ellos, Javier Tenenbaum y Nani Monner Sans, cruzando sonidos de esa cordillera luminosa.

“Este libro nace como un homenaje a un trabajo silencioso y sostenido durante (más de) dos décadas”, cuenta Humphrey Inzillo, uno de los principales agitadores de la escena simultánea que iba de La Vaca Profana a la redacción de Rolling Stone, y agradeciendo a quienes participaron seleccionado sus discos favoritos, cuarenta entre los más de cien del entrópico catálogo, enfatiza, “Está concebido como un agradecimiento por tantos momentos increíbles que nos regalaron a mí, y a una gran legión. Cada lanzamiento de Los Años Luz era una invitación a descubrir una música exquisita más allá de los géneros y las etiquetas. Es un proyecto independiente, que detrás de cada disco tiene mucho amor, y la idea era poner en valor a través de un dream team de críticos”. Un muestra de la diversidad de miradas sobre una discográfica de estilos y géneros expansibles y multiversales son los elegidos que van, por citar, de Mariano Del Mazo y Karina Micheletto a Gabriel Plaza y Sergio Pujol. Que pueden destacar analíticos en “Compilado 1997/2003 + remixes” de Fernando Samalea “un lenguaje propio que abarca, por separado, lo instrumental y la palabra” (Del Mazo); lanzar una sonda al espacio de la música rioplatense ”He aquí, entonces, junto al piano y la voz de Fattoruso, los cuatro tambores de la típica polirritmia afro. Cuatro escuderos fieles al barrio sur de Montevideo: chico, repique, piano y bombo. Estas “lonjas” salidas de llamadas y comparsas atávicas trascienden el lugar convencional” para “Emotivo. Hugo Fattoruso y Rey Tambor” (Pujol); o valorar el resurgimiento del prócer de la tierra roja, “Lo que podría ser leído como el legado definitivo de Ramón Ayala, un disco que grabó a los 77 años y parecía cerrar su historia, terminó transformándose en un renacimiento: la fuente de eterna juventud, que abreva en el devenir misterioso y vital de sus canciones” (Plaza) en la celebración del imperecedero “Cosechero” de Ramón Ayala. Cosechas Los Años Luz.

La era de los curadores. “No sé si la palabra es “orgullo”: mucha satisfacción. Me encanta escuchar y mostrar esos discos. Sí, me gusta mucho. Me encanta regalarle algún CD a los que todavía escuchan en ese formato. O escuchar esa música con alguien. Y hablar de cada uno de esos discos. Es un poco como mostrar mi discoteca, porque así como la disquería que curaba era la disquería la cual me hubiese gustado ir a comprar discos, el catálogo de Los Años Luz es el catálogo al cual yo estoy seguro de que hubiese recurrido como cliente, como buscador de música”, señala Tenembaum en el primer capítulo-entrevista, y Monner Sans agrega, “Elegimos hacer un sello con todos los géneros. No importaba nada si era chamamé, o si era jazz, o si era un cantautor, o si era klezmer. Y aunque eso fue dificultoso, también fue genial”.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Puesto a revistar el fondo musical comenta a este suplemento Inzillo que se expresa “una lógica curatorial que va más allá de los géneros y que tiene que ver con la sensibilidad, con el amor puesto a la edición de cada uno de esos discos (y en esto incluyo también la línea estética de las portadas y el diseño), con una falta absoluta de ambición comercial (más allá de que tuvo best y long- sellers) y con una ausencia de prejuicios. Es un sello que tenía (que tiene) la capacidad de sorprendente, y a veces de desconcertarte, pero que nunca falla. No hay discos que me parezcan menores, intrascendentes, evitables”. Kevin Johansen, Lisandro Aristimuño y Ana Prada, que se convertirían en artistas de proyección internacional, partieron de esta casa que lanzó todos los discos de Axel Krygier, y que posee gemas de Eduardo Mateo, Diane Denoir, Minino Garay y Ramiro Musotto junto a otras del jazz, la música de ambas orillas del Plata, y un músico descomunal en su batea cordobesa en el chuncano José Luis Aguirre.

De cables al mundo. A medida que la editora fonográfica fue creciendo con sus discos, pero también con ciclos en salas amigas en el CAFF y El Matienzo, fue construyendo su propio público, no tan distinto a sus hermanas editoriales independientes en papel. Abriendo lazos afectivos con el escucha frente la marea digital, Los Años Luz inventaron un novedoso “oyente definitivamente melómano, sensible, con los oídos y el corazón abiertos, con una dosis de curiosidad importante y una apertura estética para disfrutar de la música más allá de estilos o etiquetas”, rara avis en un entorno que goza de las grietas y de comer a diario empanadas.

“Cada nuevo disco era una fiesta, uno de esos momentos maravillosos y luminosos”, reconoce el compilador Humphrey Inzillo en 20 años de música luminosa. Una historia de Los Años Luz (por ahora virtual y gratuito, descargándolo de laldiscos.com) los fulgores musicales que siguen contando y resonando en musiquitas donde está la vida y todo lo demás.