Rock nacional

Sin despedidas ni estrategia: Cuentos Borgeanos agotó Niceto y reafirmó su vigencia

La banda presentó “Sin Tiempo ni Final”, estrenó material inédito y confirmó un nuevo show en Niceto, consolidando un presente que combina celebración, evolución artística y conexión generacional.

Cuentos Borgeanos agotó Niceto y presentó nuevas canciones en su regreso Foto: Prensa

En tiempos donde la industria musical parece regirse por estrategias de posicionamiento, métricas digitales y calendarios milimétricamente diseñados, Cuentos Borgeanos elige otro camino. “No es un reencuentro ni una despedida”, aclararon cuando sorprendieron a la escena local con una serie de shows que agotaron entradas en cuestión de días. Sin embargo, lo que ocurrió sobre el escenario fue algo más profundo, una celebración atravesada por el paso del tiempo, la amistad y una identidad artística que nunca dejó de latir.

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Abril Sosa, Diego López Santana, Agustín “Búho” Rocino y Lucas “Gato” Hernández volvieron a abrazarse en vivo ante un público que no sólo recordó canciones: volvió a reconocerse en ellas. Las dos noches en Niceto Club no fueron una postal nostálgica sino una confirmación de vigencia. Y la expectativa crece de cara a su próxima presentación, el viernes 20 de febrero, nuevamente en ese escenario que ya funciona como casa simbólica.

Abril, Diego, Agustín y Lucas: amistad, música y vigencia sobre el escenario

La historia de Cuentos Borgeanos comenzó cuando sus integrantes apenas superaban los veinte años. Hoy, con más de cuatro décadas de vida, miran hacia atrás sin solemnidad, pero con conciencia del recorrido. “Siempre fue un proyecto muy libre, un espacio donde hicimos lo que quisimos”, explican en dialo con PERFIL. Esa definición, repetida casi como un mantra, resume una ética artística que se mantuvo intacta pese a los cambios personales y profesionales.

Lo que comenzó como un impulso juvenil se transformó en una plataforma creativa donde convivieron música, literatura, pintura y debates estéticos. La banda nunca se limitó a un género ni a una fórmula. La libertad fue su brújula. Y esa misma libertad es la que hoy les permite reaparecer sin presiones, sin la obligación de “volver” en términos tradicionales.

Niceto agotado y nuevas generaciones: el presente de Cuentos Borgeanos

El regreso a Niceto Club no fue un gesto menor. Las entradas agotadas confirmaron que el vínculo con el público trascendió el tiempo. “Hoy vienen personas que nos escuchaban hace veinte años con sus hijos”, cuentan. La escena no es sólo emotiva: revela una transmisión generacional poco frecuente en el circuito independiente.

La relación entre la banda y su audiencia siempre fue cercana. No se trató de una construcción de marketing sino de un diálogo sostenido a lo largo de los años. En los recientes conciertos, esa conexión se volvió tangible: hijos sobre el escenario mirando a sus padres tocar, padres entre el público compartiendo canciones que alguna vez marcaron su juventud.

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Esa dimensión afectiva atraviesa también las nuevas composiciones. En 2025, la banda presentó dos canciones inéditas: “Noche en la ciudad” y “Amigo”. Esta última funciona como un homenaje a Gabriel Ruiz Díaz, referente de Catupecu Machu y figura clave en la historia personal y artística del grupo. La cercanía entre ambas bandas no es circunstancial: algunos integrantes compartieron proyectos y escenarios, y el lazo se volvió también humano.

“Amigo” no fue pensada como un gesto estratégico sino como un regalo. Una canción escrita desde la emoción antes que desde la planificación. Ese espíritu atraviesa la etapa actual: lo que surge, surge. No hay plan maestro ni calendario cerrado.

“Sin Tiempo ni Final”: un disco en vivo que captura el reencuentro

El lanzamiento de “Sin Tiempo ni Final”, un álbum en vivo con once versiones registradas en Niceto Club, terminó de consolidar este momento. El material, disponible en plataformas digitales junto con videos exclusivos en YouTube, no busca reconstruir un pasado glorioso sino documentar una experiencia presente.

El título del disco parece dialogar con la propia lógica de la banda. No hay tiempo lineal ni final anunciado. Hay momentos que suceden y quedan registrados. La intensidad del primer show tras años sin actividad formal quedó plasmada con crudeza y sin artificios.

La grabación en vivo respeta esa estética: no se trata de un producto pulido hasta borrar imperfecciones, sino de un testimonio. La energía compartida entre escenario y público es el eje central del álbum.

Evolución artística y humor intacto

Desde sus comienzos hasta hoy, el cambio es evidente. “Arrancamos con 18 o 20 años. Era lógico que evolucionáramos”, reconocen. Las primeras composiciones, escuchadas con la perspectiva actual, despiertan sonrisas y cierta incredulidad. No desde el desprecio, sino desde la conciencia del crecimiento.

Las nuevas canciones exhiben otra madurez lírica y sonora. No necesariamente “mejor” ni “peor”, sino distinta. Más reflexiva, menos impulsiva, pero igualmente libre. Algunos integrantes cambiaron de instrumentos, otros modificaron sus búsquedas personales. La transformación fue orgánica.

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Sin embargo, hay algo que permanece inalterable: el humor interno, la falta de solemnidad. Nunca se tomaron demasiado en serio, aunque siempre asumieron un compromiso estético profundo. Esa dualidad —ligereza en el trato, seriedad en el trabajo— define su identidad.

“No ponemos mantos de solemnidad sobre lo que hacemos”, explican entre risas. Y en esa frase hay una postura frente al arte contemporáneo, donde muchas veces la gravedad excesiva termina vaciando de espontaneidad a los proyectos.

Sin hoja de ruta ni calendario cerrado: una banda que avanza por impulso creativo

En un contexto donde la mayoría de los artistas proyecta lanzamientos a cinco años vista, Cuentos Borgeanos evita ese ejercicio. “No sabemos qué va a pasar en cinco años”, admiten. La distancia geográfica entre sus miembros —algunos viven fuera de Buenos Aires e incluso fuera del país— vuelve impracticable cualquier planificación rígida.

La banda no funciona como una estructura empresarial en actividad permanente. Existe cuando sucede. Puede grabar tres canciones y detenerse, o quizá editar un nuevo disco completo el año próximo. No hay una estrategia cerrada.

Esa lógica, lejos de debilitar el proyecto, parece revitalizarlo. Cada encuentro es un acontecimiento y no una obligación contractual. Cada ensayo se vive como un reencuentro entre amigos antes que como una rutina laboral.

En ese sentido, la música vuelve a ocupar el lugar de origen: un espacio de juego, conversación y exploración compartida.

La vigencia de Cuentos Borgeanos en la escena del rock argentino actual

Si esta etapa tuviera un título, sugieren uno que ya pertenece a su propio repertorio: “Cuentos imborrables”. La expresión resume una idea poderosa. Hay historias que no se borran con los años, vínculos que no se diluyen y canciones que siguen encontrando eco en nuevas generaciones.

Más que un regreso, lo que Cuentos Borgeanos encarna es una persistencia. No la de la permanencia constante en cartelera, sino la de una identidad que puede pausarse sin desaparecer. La banda no necesita proclamarse activa para existir: su legado circula en quienes la escucharon y en quienes recién la descubren.

En una escena musical atravesada por la velocidad y el consumo inmediato, su propuesta funciona casi como un gesto contracultural. Amistad antes que algoritmo. Canción antes que campaña. Encuentro antes que estrategia.

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