crítica

Un amo impiadoso

El centro gravitacional del libro es la figura de Hélène Carrère d’Encausse: brillante, severa, casi impenetrable. Emmanuel Carrère no intenta descifrarla en un gesto psicologista clásico; más bien la rodea, la bordea, como si reconociera en ella un núcleo irreductible.

Foto: cedoc

En Koljós, Emmanuel Carrère vuelve a internarse en ese territorio ambiguo que ha hecho de su obra un caso singular dentro de la narrativa contemporánea: una zona de fricción entre autobiografía, investigación histórica y fabulación. Si en Limonov o Una novela rusa la tensión entre verdad y relato ya configuraba una poética reconocible, aquí esa tensión se vuelve más íntima, más áspera, como si el dispositivo narrativo estuviera sometido a una presión afectiva inédita.

La novela se abre con la muerte de Hélène Carrère d’Encausse, figura monumental de la cultura francesa, cuyo peso simbólico no solo organiza el duelo sino que también estructura la indagación narrativa. El archivo –cartas, fotografías, documentos– funciona como un dispositivo clásico de la autobiografía, pero Carrère lo subvierte: no busca la reconstrucción totalizante de un pasado sino la exhibición de sus fisuras. 

La genealogía que reconstruye –los Zurabishvili, exiliados tras la Revolución bolchevique, el abuelo Georges con su biografía atravesada por la ambigüedad moral de la ocupación alemana– no responde a una lógica meramente referencial. Por el contrario, se inscribe en lo que podría pensarse como una “poética del archivo intervenido”: los materiales del pasado no son garantía de verdad, sino materia narrativa que el autor reorganiza, tensiona y, en cierto modo, ficcionaliza. Aquí, la referencia histórica no clausura el sentido; lo abre.

El centro gravitacional del libro, sin embargo, es la figura de Hélène: brillante, severa, casi impenetrable. Carrère no intenta descifrarla en un gesto psicologista clásico; más bien la rodea, la bordea, como si reconociera en ella un núcleo irreductible. Este procedimiento remite a una ética de la representación: la negativa a domesticar al otro mediante el lenguaje. En este punto, la novela encarna con particular intensidad esa concepción carrereana de la literatura como “experiencia negativa”: no la afirmación de un sentido pleno, sino la exposición de su imposibilidad.

Desde el punto de vista formal, la sintaxis se convierte en el verdadero campo de batalla del texto. No es casual que la narración parezca por momentos descreer de sí misma, interrumpirse, corregirse, dudar. Esa autorreflexividad no es un mero recurso posmoderno, sino el modo en que la escritura dramatiza su propia insuficiencia. El lenguaje, lejos de ser un instrumento transparente, se presenta como una instancia resistente, casi hostil: un “amo impiadoso” que obliga al narrador a negociar cada frase.

En este sentido, Koljós puede leerse como una radicalización de la poética del “afuera” que atraviesa la obra de Carrère: la escritura como tentativa de alcanzar aquello que siempre se le escapa. No hay aquí una narración anclada, segura de su objeto; por el contrario, la novela encuentra su potencia en esa falta de anclaje, en esa incredulidad constitutiva que la recorre. Es precisamente allí donde el texto adquiere su fuerza más singular.

 

Koljós

Autor: Emmanuel Carrère

Género: novela

Otras obras del autor: Limonov; De vídas ajenas; El reino; El adversario; Una novela rusa; Yoga 

Editorial: Anagrama, $ 56.000

Traducción: Juan de Sola