Ahogada en su crisis, la industria evita el choque político con Milei para sostener negociaciones y dedicarse a los problemas reales
Atrapado entre el colapso de las ventas y el temor a la estigmatización oficial, el círculo rojo fabril eligió el silencio estratégico frente a la embestida presidencial. La supervivencia económica pesó más.
Entre problemas que se multiplican con la crisis en sus fábricas, o asegurándose un bajo perfil para evitar ser estigmatizados por el Gobierno, los dueños y referentes industriales permanecen en silencio frente a la agresividad del discurso del presidente Javier Milei en el Congreso. La parálisis atraviesa toda la jerarquía del poder fabril: los grandes buscan mantener la modestia para negociar las condiciones macro, mientras las pymes están ocupadas en hacer malabares para sostener sus negocios. Nadie cree que una respuesta, aun comandada por pesos pesados, pueda tener impacto.
Tanto el dueño del Grupo Techint, Paolo Rocca, como el de Aluar y FATE, Javier Madanes Quintanilla, dejaron que los agravios direccionados retumbaran con eco. Quienes conocen el entorno de la T están convencidos de que en el grupo están sorprendidos por la virulencia, pero que a la vez, se trata de un modus operandi del jefe de Estado, con el objetivo de avivar su núcleo duro.
La mayoría de los industriales consultados por PERFIL consideraron que el uso de insultos y violencia tanto a su sector como a diputados de la oposición es “lamentable”, aunque el “show” del mandatario no merece mucha más atención. “Estoy más preocupado por pagar la quincena”, admitió un influyente referente provincial.
Mientras que las compañías con espalda esquivan la pelea pública porque su prioridad es mantener abierta la línea de negociación sobre las condiciones macroeconómicas y el ritmo de las reformas estructurales; las pequeñas y medianas empresas enfrentan un combo que suma la ruptura irreversible de la cadena de pagos, un entorno de tasas de interés que imposibilita el acceso al crédito de contingencia, y un desplome interanual de ventas que ya consolida un año y medio de rentabilidad negativa.
La agonía pyme y el fantasma de la estigmatización
Si bien el Estimado Mensual de la Actividad Económica (EMAE) tuvo un crecimiento del 4,4% en 2025, la industria es uno de los sectores que más perdió, con una caída del 3,9%. Frente a la quiebra inminente, la inacción dirigencial responde a una lectura cruda de la coyuntura política. Las cámaras sectoriales asumen que cualquier queja pública contra el modelo tiene un impacto nulo en la gestión de política económica y un costo altísimo en la opinión pública. La matriz discursiva del oficialismo logró instalar un sesgo mediante el cual todo empresario que reclame medidas de alivio es automáticamente estigmatizado como opositor acérrimo, “kuka” o tildado de mercenario que busca vivir de los subsidios estatales.
El presidente de la Cámara de la Pequeña y Mediana Industria Metalúrgica Argentina (Camima), José Luis Ammaturo, apuntó contra el tono de la apertura de sesiones. "La realidad es que las generalizaciones son malas y, como en todo sector, hay buenos y malos. Sabemos que hay industriales que aprovecharon su cercanía con otros gobiernos y la protección desmedida. Pero también es cierto que hay muchísimos industriales, la gran mayoría, con una resiliencia impresionante que los llevó a sortear todas las tempestades económicas y que hoy están preocupados por una apertura económica, a pesar de que no se han solucionado los problemas estructurales de Argentina", planteó.
Fractura interna y el nuevo mapa del poder
La Unión Industrial Argentina (UIA) tampoco salió a comentar el discurso. Su titular, Martín Rappallini, mantiene buena relación con el Gobierno, e incluso fue parte del Consejo de Mayo, donde se redactó la mayor parte de la reforma laboral apoyada por el establishment. La intención: mantener los puentes institucionales, más luego de que el ministro de Economía, Luis Caputo, recibiera a sus referentes en el quinto piso del Palacio de Hacienda.
Distinto es el caso de los sectores orientados a la exportación, donde aseguran que la dicotomía expuesta entre la industria y los sectores más extractivistas y apuntalados por el RIGI, es parte de una nueva lógica económica que llegó para quedarse. Un influyente empresario exigió autocrítica puertas adentro del círculo rojo, sugiriendo que “el empresariado tradicional debe poner las barbas en remojo y asumir de una vez por todas que fue un engranaje fundamental de un ecosistema que fracasó y que enfrenta un cambio de época irreversible”.
Una reacción que responde a un tablero empresario que se está reconfigurando. Milei eligió a sus amigos y a sus enemigos. Con Rocca y Madanes Quintanilla en la vereda de enfrente, las bases entienden que los gigantes absorben el impacto y al resto le resta fuerza.
AM/ML
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