Consumo y actividad

El consumo sigue en caída libre y explica parte del proceso recesivo de la economía argentina

La actividad cayó 1,7% interanual en agosto, mientras que el consumo masivo acumuló nueve meses consecutivos de retrocesos.

CAÍDA DEL CONSUMO EN ARGENTINA. Foto: NA/Marcelo Capace.

La economía argentina enfrenta una dificultad que excede los números de un mes. El consumo no logra recuperarse y se convirtió en uno de los principales obstáculos para consolidar una recuperación de la actividad. Mientras algunos sectores como la minería y el agro muestran capacidad para crecer, las ventas de productos básicos siguen en terreno negativo y reflejan las dificultades de los hogares para sostener sus niveles de gasto. El resultado es una recuperación desigual, con una parte del entramado productivo y comercial que todavía no encuentra un piso, realidades que exponen las dificultades para que la estabilización macroeconómica se traduzca en un mayor movimiento del mercado interno.

Las ventas en mayoristas y supermercados volvieron a caer en agosto, según el INDEC

El último dato del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC mostró que la economía cayó 1,7% interanual en agosto y registró un avance mensual de apenas 0,1%. La mejora fue insuficiente para compensar el desplome de 2,9% de julio, en un contexto en el que diez de los quince sectores relevados por el organismo exhibieron retrocesos frente al mismo mes del año pasado. Entre ellos, el comercio mayorista y minorista cayó 3,5% interanual y la industria manufacturera retrocedió 3,2%. El resultado volvió a encender las alertas sobre la posibilidad de que la economía encadene dos trimestres consecutivos de contracción, lo que generaría un proceso recesivo en nuestra economía.

La debilidad de la actividad encuentra uno de sus principales reflejos en el comportamiento del consumo masivo. Según los datos de la consultora Scentia, en septiembre, las ventas de los supermercados de cadena bajaron 2,6% interanual, las de los autoservicios independientes retrocedieron 3,7% y las de los mayoristas cayeron 3,4%, de acuerdo con el relevamiento.

El dato adquiere relevancia porque la caída no se limita a las grandes cadenas de supermercados. También alcanza a los autoservicios independientes y a los mayoristas, dos canales importantes para observar el movimiento del mercado interno.

Además, las ventas de alimentos, productos de limpieza e higiene cayeron 1,2% interanual en septiembre. Fue el noveno mes consecutivo de retroceso y el acumulado de los primeros nueve meses del año registró una contracción de 2,7% frente al mismo período de 2025.

La persistencia de estos números negativos expone una dificultad para la recuperación económica, ya que el gasto cotidiano de los hogares no consigue recuperar dinamismo y la contracción se extiende a los distintos formatos de comercialización. No se trata solamente de una menor cantidad de compras en un canal específico, sino de una debilidad que atraviesa buena parte de la distribución tradicional de bienes de consumo.

"Las dificultades existentes en la recuperación del consumo obedecen a varios factores. Por un lado, la recomposición del poder adquisitivo de los hogares perdió dinamismo y sigue siendo heterogénea, con salarios que todavía muestran dificultades para recuperar el terreno perdido frente a la inflación", mencionó Gabriel Foglia, Decano de la Facultad de Negocios de la Universidad de Palermo, ante la consulta de PERFIL.

El consumo como canal de transmisión de la recesión

La relación entre consumo y actividad económica funciona en dos direcciones. Cuando los ingresos pierden capacidad de compra, las familias ajustan sus gastos, postergan adquisiciones y priorizan los bienes indispensables. Esa decisión repercute sobre las ventas de los comercios y, a partir de allí, sobre los pedidos a proveedores, los niveles de producción y las decisiones de inversión de las empresas.

El mecanismo puede profundizar la caída de la actividad. Si los comercios venden menos, tienen menos incentivos para ampliar sus operaciones o incorporar personal. Si los fabricantes reciben menos pedidos, pueden reducir la producción y postergar inversiones. Y si el empleo y los ingresos se debilitan, el consumo encuentra todavía más dificultades para recuperarse.

Así, la contracción en el nivel de ventas no solo es una consecuencia de la debilidad económica, sino que aparece como un factor que puede prolongarla. La caída del consumo no explica por sí sola la recesión que sufre la actividad, pero ayuda a entender por qué el freno se transmite a sectores que dependen directamente de la demanda interna.

"Después del fuerte dinamismo observado a mediados del año pasado, el crédito al consumo comenzó a desacelerarse, en un contexto de tasas de interés todavía elevadas. A esto se suma el deterioro de la capacidad de pago de las familias, reflejado en los altos niveles de morosidad, factor que limita las posibilidades de financiamiento", agregó Foglia. 

El último dato oficial disponible de ventas en supermercados y autoservicios mayoristas, correspondiente a agosto, refuerza esa lectura. En los supermercados, el volumen vendido cayó 3,7% interanual y acumuló una baja de 2,8% entre enero y agosto. En los mayoristas, las ventas también retrocedieron en la comparación anual, según los datos publicados por el INDEC. 

La caída no es homogénea: el contraste con las ventas online

El comportamiento de los distintos canales agrega un matiz al diagnóstico. En septiembre, mientras el consumo masivo cayó 1,2% interanual, las ventas de comercio electrónico aumentaron 30,5% y las de farmacias crecieron 8,8%, según Scentia. En el acumulado del año, el comercio electrónico avanzó 35,3% y las farmacias subieron 1%.

Además, según un relevamiento de la consultora Analytica, las compras de los argentinos en el exterior a través del sistema courier consolidaron su expansión en 2026 y ya superaron, en apenas nueve meses, el monto registrado durante todo el año pasado. Entre enero y septiembre, las importaciones realizadas mediante servicios postales alcanzaron los US$ 960 millones, un incremento interanual del 59,5%. El acumulado entre enero y septiembre ya superó en US$ 66 millones los US$ 894 millones registrados durante todo 2025. 

El contraste muestra que no todo el consumo evoluciona de la misma manera. La expansión de las compras online puede responder, entre otros factores, a cambios en los hábitos de compra y a una mayor participación de ese canal en la comercialización. Sin embargo, su crecimiento no alcanza para compensar la contracción registrada en otros canales de venta.

También hay que distinguir entre el volumen de ventas y la facturación nominal. En un contexto inflacionario, los comercios pueden recaudar más pesos que un año atrás aun cuando vendan menos unidades. Por eso, los indicadores a precios constantes y las mediciones de volumen resultan relevantes para determinar si la demanda efectivamente se recupera.

El problema para la actividad es que la debilidad alcanza a productos de compra frecuente, como alimentos, artículos de limpieza e higiene. Cuando las familias ajustan incluso ese tipo de gastos, el margen para que el consumo funcione como motor de una recuperación generalizada se vuelve más estrecho.

El mercado interno, bajo presión

La evolución del consumo también ayuda a explicar las diferencias entre sectores. Las actividades vinculadas con la energía, la minería o las exportaciones pueden mostrar una dinámica distinta de la de las empresas que dependen de la demanda de los hogares. Por eso, una mejora en determinados rubros no necesariamente se traduce en un repunte equivalente del comercio, la industria orientada al mercado interno y otros servicios.

En agosto, por ejemplo, la explotación de minas y canteras creció 11,1% interanual, mientras que el comercio cayó 3,5% y la industria manufacturera retrocedió 3,2%. La divergencia refleja una economía en la que los sectores no avanzan al mismo ritmo y en la que el dinamismo de algunas actividades convive con dificultades en otras. Esta heterogeneidad es importante para interpretar el escenario. La recuperación agregada puede convivir con un mercado interno debilitado, especialmente si los sectores que crecen tienen una menor capacidad de generar empleo directo o de impulsar las ventas de una amplia red de comercios y proveedores.

Las compras vía courier ya acumulan casi US$ 1.000 millones en el año y superaron todo lo importado durante 2025

A su vez, la persistencia de la caída del consumo puede condicionar las decisiones empresariales. Frente a una demanda débil, las firmas tienen menos incentivos para aumentar su capacidad productiva o asumir nuevos costos fijos. El freno de la inversión y de la producción termina limitando las posibilidades de una recuperación más extendida.

El desafío de convertir la estabilización en crecimiento

Estabilizar las variables macroeconómicas no garantiza, por sí solo, que los hogares recuperen su capacidad de compra ni que las empresas vuelvan a encontrar una demanda suficiente para expandirse.

Para que el consumo vuelva a traccionar la actividad, resulta clave la evolución de los ingresos reales, el empleo y las condiciones de financiamiento. Si las familias deben destinar una proporción elevada de sus recursos a gastos esenciales o encuentran dificultades para acceder al crédito, la recuperación de las compras puede seguir demorándose.

 

FN/ML