El desafío de sumar reservas sin descuidar inflación y actividad
El oficialismo comenzó el año con el proceso de engrosar las arcas del Banco Central (BCRA), algo que fue celebrado por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero el objetivo choca con el propósito de desinflación y de crecimiento de la economía. Las tres variables no se pueden resolver al mismo tiempo en el corto plazo.
El Gobierno tomó nota y comenzó el año con el proceso de acumulación de reservas, algo demandado tanto por el mercado como por el Fondo Monetario Internacional (FMI). La entidad salió a celebrar la dinámica del Banco Central (BCRA), que encadenó diez ruedas consecutivas con compras de dólares y, en lo que va del mes, adquirió US$ 687 millones. Pero el programa económico se enfrenta a un trilema, según los economistas, entre engrosar las arcas de la entidad monetaria, bajar la inflación y tener un crecimiento de la actividad.
Los tres objetivos que no pueden resolverse al mismo tiempo en el corto plazo. Una decisión de política económica que favorece uno de esos objetivos tiende a afectar negativamente a alguno de los otros dos en el corto plazo. Es decir, cualquier combinación deja al menos una de las tres variables tensionada. “Si sube el dólar, tenés más inflación y baja la actividad. Si no tocás el tipo de cambio y lo mantenés en estos niveles, perdés reservas, pero la inflación no se descontrola e incluso podés tener algo de actividad”, comentó a PERFIL Martín Burgos, economista de la consultora Lado B. El oficialismo, a diferencia del año pasado, parece optar por la acumulación de reservas en 2026.
“Si el foco se pone en acumular reservas, el esquema requiere un tipo de cambio real competitivo, más alto, y una política monetaria que no estimule una demanda excesiva de dólares. Eso suele implicar aceptar algo más de inflación en el corto plazo o evitar un atraso cambiario, lo que choca con el objetivo de una desinflación rápida”, explicó a PERFIL Leo Anzalone, economista y director del Centro de Estudios Políticos y Económicos (Cepec).
El propio ministro de Economía, Luis Caputo, lanzó que este año podrían acumular entre US$ 7 mil millones y US$ 21 mil millones, según el grado de remonetización de la economía. Cabe señalar que, en lo que resta de 2026, el Gobierno enfrenta vencimientos en moneda extranjera por US$ 18 mil millones y las reservas serán claves no solo para afrontar esos compromisos, sino para bajar el riesgo país y conseguir financiamiento para postergar los vencimientos de deuda.
Inflación. Si bien el IPC de diciembre le permitió al Gobierno celebrar el dato anual más bajo en los últimos ocho años, el valor del 2,8% no solo fue el séptimo mes consecutivo en aceleración. También dejó un nivel alto y complica las aspiraciones del presidente Javier Milei de converger a un número por debajo del 1% para mitad de año o agosto, como había prometido el mes pasado.
Los economistas señalan que suele ser relativamente más rápido reducir la inflación de tres a dos dígitos anuales, mientras que pasar de esa zona a niveles de un dígito es mucho más desafiante. La actualización de la canasta que mide el Indec, y que ya comenzó a regir a partir de este mes, podría sumar algunos decimales al IPC general solo por esa reformulación en la medición de precios, debido a que pondera con mayor peso los servicios, que vienen con registros por encima de los bienes, y que con la quita de subsidios prevista para el transporte y las tarifas añadirán presión.
“En 2026 creo que la estrategia gira y relega la desinflación rápida por los objetivos de acumular reservas, remonetizar la economía con pesos y reactivarla. En contraposición a 2025, donde hubo una clara prioridad en la desinflación a costa en principio de atraso cambiario y deterioro de cuentas externas y luego hasta se pagó algún costo en actividad”, expresó a PERFIL Amílcar Collante, economista y miembro de Profit Consultora. Y agregó: “Aun con registros de inflación bien por arriba del 2%, el Gobierno no está tan preocupado por desinflar rápido. Pero sería un problema pasar sin acumular reservas o con la economía estancada, eso impidiendo bajar el riesgo país y sin poder acceder al mercado de financiamiento internacional. Y una economía estancada deteriora el mercado laboral, que está con números en rojo aún”.
Actividad. Para 2026, los especialistas esperan que se impulse la demanda de préstamos, aunque lejos de los niveles y el rol que ocupó en 2024 para traccionar la actividad económica. La clave pasará por el nivel de las tasas para que no se encarezca el crédito, aunque el equipo económico ya tuvo un traspié esta semana en la licitación del miércoles, donde convalidó tasas de interés elevadas para rollear los vencimientos en pesos que enfrentaba.
Este año se estima que el PBI tenga un crecimiento cercano al 2,4%, frente a un 2025 que terminaría en torno al 4,4%, pero casi en su totalidad debido al efecto de arrastre estadístico del año anterior, según señaló LCG. “Si se prioriza la actividad, con tasas bajas y estímulo al crédito, mejora el nivel de consumo e inversión, pero aumenta la demanda de importaciones y de dólares, presionando sobre las reservas y, eventualmente, sobre la inflación”, sostuvo Anzalone.
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