Morosidad de los hogares: uno de cada cuatro se endeuda para llegar a fin de mes y crece el fiado
El 25% de los hogares argentinos recurre a préstamos para llegar a fin de mes, mientras casi la mitad de las obligaciones queda fuera de los registros financieros tradicionales. El fiado representa el 13,3% de las obligaciones, aunque los almaceneros aseguran que es una práctica acotada.
El endeudamiento de los hogares argentinos atraviesa un escenario de creciente fragilidad y ya no se limita a los préstamos bancarios, las tarjetas de crédito o los créditos personales. Una parte cada vez más visible de las familias recurre a distintas formas de financiamiento para poder atravesar el mes, mientras que otra acumula obligaciones por fuera del sistema financiero tradicional.
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Según la cuarta edición del informe Nivel de Endeudamiento de los Hogares Argentinos, elaborado por el IETSE en agosto de 2026, el 49,3% de las obligaciones relevadas se encuentra fuera del universo que puede identificarse directamente mediante los registros del Banco Central. Dentro de ese segmento aparece una modalidad particularmente vinculada al consumo cotidiano: el fiado en comercios de proximidad, que representa el 13,3% de las obligaciones relevadas.
Pero el fenómeno no termina allí. Un informe del Instituto Argentino Grande (IAG) muestra hasta qué punto el endeudamiento se convirtió en una herramienta para sostener los gastos corrientes: uno de cada cuatro hogares se endeuda para “llegar a fin de mes”.
En términos concretos, se trata de unos 2,5 millones de hogares, que recurren a préstamos informales, conocidos o entidades financieras para cubrir sus necesidades antes de volver a cobrar.
El relevamiento del IAG, elaborado sobre microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, muestra que 10,3% de los hogares se endeuda solamente con conocidos, mientras que 8,8% lo hace exclusivamente con entidades financieras y otro 5,9% utiliza ambas vías. En conjunto, el porcentaje alcanza el 25%.
Además, el fenómeno se profundizó en los últimos años. Frente al primer trimestre de 2023, aumentó 117,9% la cantidad de hogares que se endeudan simultáneamente con conocidos y entidades financieras. Ese universo pasó de 277.133 a 603.943 hogares, es decir, 326.810 hogares más.
Una parte de la deuda queda fuera de los registros bancarios
La combinación de ambos informes permite observar una dimensión que suele quedar parcialmente escondida cuando la situación de los hogares se mide solamente a través de los datos bancarios.
Mientras el IETSE encuentra que 49,3% de las obligaciones relevadas queda fuera del universo identificable mediante la información del BCRA, el IAG muestra que una cuarta parte de los hogares directamente necesita recurrir al endeudamiento para poder atravesar el mes.
Y allí aparece una discusión sobre el origen de esa deuda. El informe del IETSE identifica al fiado en comercios de proximidad como el 13,3% de las obligaciones relevadas, pero desde el sector almacenero relativizan la idea de que los pequeños comercios estén convirtiéndose en una fuente masiva de crédito para las familias.
Los almaceneros cuestionan dónde se genera la deuda
Daniel Acuña, presidente de la Cámara de Almaceneros, sostiene que la realidad que observan los comerciantes de cercanía es diferente a la que muchas veces surge de las estadísticas generales.
Según explicó para PERFIL, el 70% del consumo de los argentinos se realiza en comercios de proximidad, pero en esos establecimientos no es habitual que los clientes compren alimentos en cuotas.
“La gente no se endeuda en el almacén del barrio", afirmó Acuña, quien sostuvo que prácticamente no existen comercios de cercanía que vendan alimentos en cuotas de manera sistemática.
Su argumento apunta directamente a una de las preguntas centrales del debate: si las familias se endeudan para comprar alimentos, dónde se produce esa deuda.
“El argentino que está endeudado en alimentos es porque se endeudó en el supermercado”, sostuvo Acuña, quien cuestionó las promociones de grandes superficies que incentivan a los consumidores a llevar mayores cantidades de productos para acceder a descuentos.
“El estudio que hay que hacer es cuánta gente realmente está endeudada en alimentos, cuánto está endeudada en alimentos y dónde se endeuda en alimentos”, planteó.
El fiado sigue existiendo, pero con límites
Acuña, de todos modos, reconoció que el fiado nunca desapareció de los comercios de cercanía. Explicó que cuando un cliente no llega a fin de mes, los almaceneros muchas veces le permiten llevar mercadería y pagar unos días después. La diferencia, según remarcó, está en que no se trata de una financiación prolongada ni de una venta en cuotas como las que pueden ofrecer las grandes superficies.
“Antes de endeudarse en un supermercado en cuotas, que se acerque a nuestros comercios”, planteó, aunque aclaró que un almacenero tampoco está en condiciones de financiar las compras de una familia durante todo el mes.
Además, señaló que la práctica es más habitual y la cobrabilidad suele ser más alta en localidades pequeñas, donde existe una relación más cercana entre comerciantes y clientes.
Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires (FABA) y de la Confederación General Almacenera Nacional, coincide en que el fiado sigue vigente, aunque también remarca que los comerciantes hoy tienen mucho menos margen para sostenerlo.
“El fiado nuestro está muy medido, pero no por egoísmo”, explicó Savore en diálogo con PERFIL. Según su experiencia, la decisión de acotar los montos responde a la necesidad de proteger tanto al cliente como al propio negocio.
El dirigente puso un ejemplo: un comerciante puede permitir que una persona retire $50.000 en mercadería si sabe que cobrará pocos días después. Pero el escenario cambia cuando se trata de montos mucho mayores.
“Si yo le doy un fiado de 200.000 pesos a un señor o a una señora jubilada que cobra 400.000, lo más probable es que no me lo pague. Pero no porque no quiera, sino porque no va a poder”, señaló.
En Rosario, los almaceneros también detectan un mayor recurso al financiamiento para sostener las compras cotidianas. Según consignó Cadena 3, Juan Milito, de la Unión de Almaceneros de Rosario, advirtió sobre el regreso del fiado y una mayor utilización de las tarjetas de crédito en los comercios de cercanía.
El fenómeno aparece como una respuesta de los consumidores frente a la falta de dinero disponible: algunos clientes recurren al fiado para atravesar los últimos días antes del cobro y otros buscan financiar las compras con tarjeta. En ese contexto, los comerciantes también observan casos de clientes que llegan con sus tarjetas bloqueadas por falta de pago.
Tarjetas y créditos personales: la mora no frena
El deterioro de la capacidad de pago también aparece en el sistema financiero. En el mismo informe del IAG se muestra además que la morosidad de las familias con entidades bancarias llegó en junio al 12,8%. Dentro de ese universo, la mora en tarjetas de crédito se ubicó en 12,6%, mientras que los créditos personales alcanzaron 16,4%. En este último caso, se trata de 19 meses consecutivos de aumento de la morosidad.
La evolución marca un fuerte cambio respecto de los niveles observados a fines de 2023. En noviembre de ese año, la mora de los créditos personales era de 4,2%, mientras que la de tarjetas alcanzaba 1,7%. Desde entonces, ambas curvas mostraron una tendencia ascendente, con una aceleración particularmente marcada durante 2025 y 2026.
Menos ingresos disponibles y cambios en el consumo
Para Savore, detrás de esta dinámica de morosidad hay un factor central: la pérdida de ingresos disponibles una vez que las familias pagan sus gastos fijos.
El dirigente estimó que alrededor del 40% del salario puede quedar comprometido en obligaciones familiares y señaló que el aumento de servicios como luz, gas y transporte redujo el margen restante para el consumo.
Acuña, en cambio, pone el acento en otro punto: la menor disponibilidad de dinero también hace que el consumidor sea más cuidadoso cuando compra en el comercio de cercanía.
“Cuando vos tenés mil pesos y vas a un almacén, comprás por mil pesos”, graficó. A su entender, el límite del dinero disponible lleva a que el consumidor sea más consciente de cuánto puede gastar, mientras que el uso de una tarjeta con crédito disponible puede generar un comportamiento diferente.
En ese marco también cambió la composición de las compras. Savore señaló que cada vez más consumidores están reemplazando primeras marcas por productos elaborados por pequeñas y medianas empresas, que ofrecen precios considerablemente más bajos.
Como ejemplo, mencionó que un pan lactal de una marca tradicional puede llegar a los $6.000, mientras que uno elaborado por una PyME puede venderse por alrededor de $3.000. “Hay un montón de productos que día a día son reemplazados por las marcas PyMEs”, sostuvo.
La transformación no necesariamente implica una caída de calidad. Según el dirigente almacenero, muchos consumidores prueban productos alternativos por necesidad, pero luego continúan comprándolos porque encuentran una relación precio-calidad conveniente.
FN/MSS
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