El mercado, el círculo rojo y los inversionistas avizoran una Argentina sin Javier Milei
La curva de bonos soberanos refleja un salto abrupto en la probabilidad de derrota del Gobierno en 2027. El termómetro financiero coincide con un profundo desgaste social: la inflación dejó de ser el centro de la agenda, y ahora dominan las urgencias el empleo y las deudas. Las empresas alertaron por la crisis y las grandes inversiones ya no son opción hasta las elecciones.
El círculo rojo ya armó el paquete anticrisis ante un eventual nuevo vuelco electoral. Sucede que los números que manejan no están en línea con las estadísticas con las que el Gobierno de Javier Milei insiste en contrariar el pulso de la economía real, que encuentra al grueso del sector productivo en recesión o, en el mejor de los casos, en una meseta. Las advertencias buscaron correcciones para impulsar una reactivación que permita sostener el plan libertario con un sendero antiinflacionario, profundización de reformas y achique del Estado.
El establishment empezó a enterrar la posibilidad cierta de que Milei reelija, pero aún sueña con el surgimiento de un candidato que mantenga la senda macroeconómica diseñada por Luis Caputo. Sin embargo, en las últimas semanas comprobó que los inversores internacionales comenzaron a desconfiar de la ratificación del proyecto libertario en las urnas el año próximo. Para el mercado, desde agosto también comenzó a vislumbrarse en las apuestas financieras una incertidumbre electoral que confirmó los temores del empresariado.
Los empresarios ya armaron un paquete anticrisis frente a un nuevo vuelco electoral
“Hay una preocupación en todo el empresariado por la coyuntura, porque nos preguntamos cómo vamos a resolver este problema de actividad, de caída de empleo, de competencia. Y, al mismo tiempo, una preocupación por ver cómo sigue el Gobierno, si gana las elecciones o, si hay un recambio, qué va a hacer otro gobierno en términos de proyecto económico. Son todas preguntas que están flotando en el ambiente empresarial, sin lugar a dudas, y que ya se reflejan en los bonos y que se van a reflejar seguramente en los activos”, confesó a PERFIL uno de los empresarios que mantienen diálogo directo con distintos funcionarios nacionales.
Esa fuente estuvo en el VIP del Council of the America que se realizó días atrás en el centro porteño. Allí, el círculo rojo palpó un clima de “incertidumbre política” sobre la continuidad del plan libertario, tanto en términos económicos, como en el factor del poder. “Había una sensación de sobreactuación sobre temas que empezaron a hacer ruido y que no se tapan con discursos. La mayoría nos fuimos preocupados por la capacidad política del Presidente para sobrellevar una situación que se ve en la calle y que paralizó las inversiones reales”, sentenció otro integrante del establishment.
El precio de cruzar la frontera electoral
En la City porteña encontraron un termómetro ad-hoc para calibrar esta desconfianza: el diferencial de rendimiento (spread) entre los bonos soberanos AO27, que vencen justo antes del recambio presidencial, y los AO28, que caen un año después. Sebastián Menescaldi, director de la consultora Eco Go, señaló que “este modelo permite medir la probabilidad de cambio político al aislar casi a la perfección el factor de transición”. Al no existir una métrica histórica larga con esta misma estructura de vencimientos, el cruce de liquidez deja en evidencia que lo que alteró las pizarras no fue la macroeconomía pura, sino el temor explícito a un recambio en la administración del Estado.
Durante junio y julio, el optimismo por la acumulación de reservas logró comprimir ese spread a 322 puntos básicos. Pero la recalibración de agosto fue violenta. Los números procesados por Eco Go muestran un salto abrupto: la probabilidad de derrota del oficialismo implícita en la curva de bonos despegó desde un piso cercano al 20% a fines de julio hasta escalar al 41,8% en apenas tres semanas. El costo de atravesar el puente electoral se volvió altísimo para la Casa Rosada. La tasa forward que exige el mercado para sostener deuda argentina hacia 2028 se disparó al 15%, un sobreprecio directo por la incertidumbre institucional.
Marina Dal Poggetto, titular de Eco Go, advirtió sobre los agujeros del esquema oficial al plantear si el país seguirá teniendo un prestamista de última instancia después de las elecciones. “El programa financiero que presentó el ministro de Economía (Luis Caputo) hace un mes y medio —casi en sintonía con el mínimo de riesgo país— incluye una refinanciación en el mercado doméstico de USD 5.000 millones con un bono que, parados a hoy, extenderlo de octubre de 2027 a noviembre de 2028 te exige una tasa del 15%”, detalló la economista, en una entrevista en el canal de streaming Ahora Play.
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La fragilidad del programa financiero suma otros frentes sin resolver. Dal Poggetto explicó que el plan oficial también contempla USD 2.000 millones de financiamiento bilateral que no se especificó de dónde saldrán, además de la compra de dólares del Tesoro al Banco Central por otros USD 4.900 millones. “No te dice nada sobre cómo pagás los vencimientos, que son poco más de USD 6.000 millones en enero de 2028”, alertó. A esto se suma el riesgo de la herramienta utilizada para transitar los últimos meses: “El Gobierno extiende el REPO a 2028, pero el REPO tiene bonos como garantías”, lo que expone a las cuentas públicas si el valor de esos títulos se desploma.
El nuevo “riesgo kuka” y el estrés del bolsillo
La inquietud financiera y corporativa encontró su explicación directa en la calle. Un relevamiento de opinión pública elaborado por la consultora QSocial Big Data durante agosto aportó la radiografía social que los mercados miran con atención. El dato más disruptivo es que el combate a la inflación ya no ordena la agenda ciudadana: la preocupación por los precios cayó al 10% y fue desplazada por la falta de trabajo (28%), la corrupción (18%) y la pobreza (16%) como las principales urgencias.
La grafilidad del programa financiero suma otros frentes sin resolver
El ancla fiscal dejó de garantizar estabilidad política ante una recesión que se alarga. El estrés de los ingresos golpea de lleno el día a día: según el sondeo de QS, el 77% de los consultados tuvo que recortar gastos para llegar a fin de mes, el 70% asegura que su familia está cada vez más endeudada y el 66% perdió por completo la capacidad de ahorro. Es acá donde muta el fantasma del “Riesgo kuka”: los capitales observan que el deterioro del humor social le da tracción automática a la oposición.
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La tolerancia al ajuste se resquebraja de manera sostenida. El 65% ya no acompaña la premisa fundacional del Gobierno de que “el sacrificio actual valdrá la pena en el futuro”, mientras que la desaprobación de la gestión escaló al 61%. Peor aún para la viabilidad de las reformas de segunda generación: el 63% percibe una “incapacidad” del Ejecutivo para resolver los problemas del país y un 73% considera que se gobierna “solo para algunos sectores”.
El salto de la prima de riesgo empalma de manera matemática con las proyecciones electorales. Hacia 2027, un abrumador 63% de los consultados prefiere que La Libertad Avanza no logre la reelección. Los techos electorales consolidan un escenario de extrema polarización, marcando un rechazo del 58% (“nunca lo votaría”) hacia la figura presidencial. Apenas un 26% cree que la próxima gestión debería continuar con la mayoría de las políticas actuales.
Pérdida de iniciativa y el juego de las crisis
Frente a esta coyuntura, la Casa Rosada evidencia una notable pérdida de iniciativa en el terreno de la discusión pública. Con una agenda refugiada en eventos institucionales, la narrativa oficial cedió la conducción temática frente al ruido de los reclamos previsionales, los despidos y las internas partidarias.
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Pero la desconfianza del mercado tiene también una raíz institucional sistémica. Para Dal Poggetto, el país arrastra un juego político destructivo que boicotea cualquier horizonte de largo plazo. “Si somos un país maduro, no hacemos campaña discutiendo sobre los contratos del anterior. En 2019, Alberto Fernández dijo que la deuda de Macri era impagable; en 2023, Juntos por el Cambio dijo que la deuda en pesos era impagable, y Milei le puso el moño diciendo 'el peso es excremento, no renueven plazos fijos'. Si ese es el juego de Argentina, vamos de crisis en crisis”, sentenció.
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