La llave de las arcas del consumo: ¿qué sucede con el ingreso disponible?
En mi casa se terminaba de comer a las diez y, a menos que quisiera meterme en un problema, debía estar empijamado y arropado para las once. Esa ventana de tiempo era el momento más recreativo del día, el paraíso del niño viviendo en anarquía, azúcar, televisión y videojuegos. Lo mejor era la libertad, porque por un rato el orden de mis acciones lo manejaba yo. Pero, como todo lo que da placer, venía con letra chica. Para las once los platos debían estar limpios, la mesa levantada, la basura afuera y el perro alimentado, y para irse a dormir había que estar bañado y con los dientes lavados. Después de todos esos quehaceres, lo que me quedaba para disponer era, en realidad, media hora. Que tampoco era constante, porque los días que venían los abuelos con los primos la pila de platos se multiplicaba, y si un día le pedía a mi hermano cargar con la basura, al día siguiente me esperaba una tarea extra.
La dinámica entre mi media hora para jugar y mis obligaciones es la misma que tiene el ingreso disponible con los gastos fijos. Justamente, el término se refiere al dinero que queda en la billetera luego de pagar erogaciones inevitables como servicios básicos y transporte. Existen muchas estimaciones sobre este indicador. Según la consultora Equilibra, en marzo cayó 1,9% interanual porque la inflación del mes (+3,4%) corrió por detrás de los gastos fijos (+5,1%). De hecho, viene bajando consistentemente desde la mitad del año pasado. Un informe de Empiria suma un dato elocuente. Los gastos fijos se llevan el 24% del ingreso, pero saltan al 33% en los hogares más pobres y se quedan en 14% en los más ricos. Se apilan cada vez más platos sucios, y para los que menos tienen, muchos más.
La caída de este indicador tiene un impacto sustancial en la actividad de algunos sectores. Entre octubre y marzo, datos del INDEC muestran que el consumo desestacionalizado cayó 7% en shoppings y 3% en supermercados, mientras la industria sigue estancada. Los propios empresarios lo confirman en la más reciente encuesta de tendencias de negocios del INDEC: el 57% de los supermercados y el 52% de los industriales señalan a la demanda interna insuficiente como el principal freno a su crecimiento. Las billeteras más livianas se traducen directamente en el estancamiento productivo. Veamos entonces qué golpeó al ingreso disponible y qué se viene.
Primero, los salarios reales. Entre octubre y marzo el nivel general cayó 2,6%, y si miramos solo al sector formal la caída se profundiza al 3,6%. La inflación fue el verdugo, persistente, hasta tocar un pico en marzo, un mes estacionalmente malo y encima condicionado por el conflicto en Medio Oriente. Se juntaron el hambre y las ganas de comer. Pero abril (+2,6%) trajo la primera baja en diez meses, y las consultoras anticipan que mayo seguirá aflojando, cada vez más cerca del 2%. ¿Qué nos depara lo que viene? Nos van a dejar levantarnos de la mesa más temprano, porque a medida que la inflación afloje los ingresos reales deberían repuntar.
Ahora bien, pasemos al hueso más duro de roer, los gastos fijos. En lo que va del año los precios regulados subieron 17,5% contra el 12,3% del nivel general. Si los precios generales trotan, las boletas corren. El cierre del estrecho de Ormuz no ayuda, y mientras las negociaciones sigan trabadas la escasez energética seguirá presionando los costos. De todas maneras, en el caso argentino pesó más quién paga la boleta que cuánto cuesta el servicio. Desde enero, el Gobierno impuso el sistema de subsidios energéticos focalizados (SEF), que reemplazó la vieja segmentación en tres niveles por un esquema binario, y hoy sólo recibe ayuda el hogar que está por debajo de tres canastas básicas. La movida es lógica, porque los precios venían atrasadisimos y el Estado quiere sacarse de encima esa carga fiscal. Además, la ayuda se concentra cada vez más en quienes más la necesitan. La Secretaría de Energía dispuso en mayo, y prorrogó para junio, un 25% extra de bonificación en el gas para los hogares del SEF, un respiro para los más necesitados en medio de los aumentos. La prueba de fuego la rinden los ingresos medios, que al superar el umbral perdieron el subsidio por completo y enfrentan la boleta plena en invierno, cuando la demanda de energía se dispara y ya hay aumentos anunciados en el rubro y en el transporte.
En suma, hay una pulseada entre dos fuerzas que traccionan en direcciones opuestas. La hora de juego puede estirarse a una hora y media si la desinflación deja repuntar al salario y le devuelve algo de aire al trabajador. Pero los platos sucios, luz, gas, agua y transporte, amenazan con multiplicarse. Si las tarifas siguen subiendo en términos reales se van a comer esa media hora que tanto cuesta ganar. Por eso vale seguir el ingreso disponible de cerca. El tamaño de la billetera del argentino es la llave que puede reactivar no sólo el consumo, sino también a las industrias que esperan el reflorecimiento de la demanda interna para crecer.
* Economista en la Fundación Libertad y Progreso.
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