Guerra en Medio Oriente

Wall Street opera con cautela ante el vencimiento del ultimátum que Donald Trump le da a Irán

A horas de que expida el ultimátum de EE.UU para que Irán abra el Estrecho de Ormuz, la plaza norteamericana opera mixta, el petróleo sube y el oro se afirma como refugio en una jornada atravesada por el riesgo geopolítico y la presión inflacionaria.

Mercados, petróleo y economía Foto: AFP

La Bolsa de Nueva York arranca la rueda de este martes 7 de abril con señales dispares. El Dow Jones sube levemente, mientras el S&P 500 y el Nasdaq operan en baja. El movimiento refleja más cautela que convicción: los inversores no encuentran una dirección clara mientras esperan saber si el ultimatum de Washington a Irán para que abra el Estrecho de Ormuz se concreta o si aparece, en el último minuto, una salida diplomática.

El clima es de espera tensa. Los mercados no están procesando un dato económico tradicional, ni un balance corporativo, ni una señal de la Reserva Federal. Están procesando un deadline político con consecuencias militares y energéticas inmediatas.

Petróleo a u$s 111: mercados en tensión ante el vencimiento del ultimátum de Trump

El vencimiento del ultimátum que Donald Trump le fija a Irán para reabrir el Estrecho de Ormuz concentra la atención de inversores, bancos y operadores en todo el mundo.  La reacción ya se ve en los precios. Wall Street abre con movimientos mixtos, el petróleo se mantiene por encima de los US$111 por barril y el oro conserva firmeza. El mercado, en los hechos, queda congelado frente a una definición política que puede alterar de golpe el mapa energético global.

El petróleo vuelve a ser el termómetro del conflicto

La variable que mejor sintetiza la tensión es el crudo. El Brent supera los US$111 por barril y consolida una suba explosiva desde el inicio de la guerra. El salto no responde sólo a una reacción emocional del mercado: incorpora el temor concreto a una interrupción prolongada del flujo energético en Medio Oriente.

El centro del problema es el Estrecho de Ormuz, por donde habitualmente circula cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural que se comercian en el mundo. Cuando ese corredor queda bajo amenaza o directamente bloqueado, el mercado deja de discutir sólo oferta y demanda. Empieza a ponerle precio a la posibilidad de un shock global de energía.

Ese riesgo tiene implicancias directas. Más petróleo significa más presión sobre combustibles, transporte, logística e inflación. Y cuando la inflación vuelve a tensionarse, los bancos centrales tienen menos margen para bajar tasas. Por eso el conflicto entre Estados Unidos e Irán ya no se mira sólo en clave geopolítica: hoy funciona también como una variable macroeconómica de primer orden.

El oro se sostiene como refugio, pero sin euforia

El oro, en tanto sube aunque sin una disparada desordenada. Esa reacción muestra que el mercado busca cobertura, pero todavía sin entrar en una lógica de pánico total.

El dato es relevante porque el oro suele funcionar como refugio en contextos de guerra, inflación o volatilidad extrema. Sin embargo, en esta oportunidad su avance convive con otro factor que limita una suba más fuerte: la perspectiva de tasas de interés altas por más tiempo. Como el oro no paga rendimiento, pierde atractivo relativo cuando el mercado cree que la Reserva Federal va a sostener una política monetaria más dura.

En otras palabras, el metal recibe el impulso del riesgo geopolítico, pero encuentra un freno en el frente monetario.

Asia y Europa también operan bajo tensión

La prudencia no se limita a Nueva York. Las bolsas asiáticas y europeas también mostraron una rueda de bajo apetito por riesgo. En Asia, el ánimo mejora al comienzo por algunos balances corporativos, pero el efecto dura poco: la escalada del petróleo y la falta de avances diplomáticos vuelven a imponer cautela. En Europa, los movimientos son acotados y predominó la lógica de preservación.

El patrón es el mismo en todas las plazas: nadie quiere sobreexponerse antes de conocer qué pasa una vez que expire el plazo de Trump. En este contexto, el dólar también retiene fortaleza como activo defensivo.

Irán endurece su posición y no da señales de retroceso

Del lado iraní, Teherán rechaza una tregua temporal y plantea condiciones más amplias para cualquier negociación: cese inmediato de los ataques, garantías de no repetición y compensaciones por daños. También insiste en preservar el control sobre el Estrecho de Ormuz.

Eso agrava la lectura del mercado porque aleja la posibilidad de una salida rápida. La crisis ya no parece encaminada a una pausa breve, sino a una negociación más compleja, con demandas incompatibles entre las partes y con la infraestructura energética como rehén central del conflicto.

Ante un escenario de tensión en aumento por los precios, las alimenticias ratificaron su conducción

Trump, en paralelo, sostiene el tono de máxima presión. El plazo vence esta noche y la amenaza de represalias devastadoras sigue en pie. Esa combinación -Irán endurecido y Washington sin señales de retroceso- es la que explica por qué el mercado entra en modo defensivo.

En medio de esa escalada, Qatar suma una señal política que agrava el cuadro. Desde Doha advierten que la región está muy cerca de un umbral a partir del cual la guerra puede volverse inmanejable. La definición importa por dos motivos. Primero, porque viene de un actor central del Golfo. Segundo, porque confirma que la preocupación ya no gira sólo alrededor de una ofensiva puntual, sino del riesgo de que el conflicto se desborde.

Ese tipo de advertencias tiene efecto directo en los precios. Cuanto mayor es la percepción de que la guerra puede expandirse, más difícil resulta contener la prima geopolítica del petróleo y más defensiva se vuelve la postura de los inversores.

El mercado empieza a temer un escenario de estanflación

La consecuencia económica de fondo empieza a tomar forma: el temor a un escenario de estanflación, una combinación de inflación alta con crecimiento débil. Es el peor escenario para los mercados porque complica tanto a los bancos centrales como a las empresas y los consumidores.

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El encarecimiento de la energía presiona sobre precios justo cuando la actividad da señales de menor dinamismo. Esa mezcla altera las expectativas sobre tasas, daña márgenes corporativos y obliga a recalcular proyecciones globales.

Por eso la jornada de hoy tiene un peso especial. No es sólo un día de tensión diplomática. Es un día en el que el mercado evalúa si entra en una nueva fase de shock energético prolongado o si logra evitar, aunque sea de manera transitoria, una escalada todavía mayor.

 

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