Entrevista

Agustín “Rada” Aristarán: “Te enseñan más los fracasos que el éxito”

El multifacético artista llega al Gran Rex para encabezar el musical Charlie y la fábrica de chocolate. Aquí analiza sus trabajos anteriores, sus vínculos con el mundo audiovisual y cómo lo cambió estar en la televisión abierta.

Rol. Wonka aparece como una figura imprevisible que impulsa la acción. La versión local busca construir una identidad propia, lejos de la imitación cinematográfica. Foto: GZA. FOTOS SOY PRENSA

Actor, cantante, bailarín, mago y desde hace poco tiempo Agustín “Rada” Aristarán alcanzó más popularidad gracias a la televisión abierta. Estrena el musical Charlie y la fábrica de chocolate, en una mega producción que estará desde el 4 de junio hasta el 2 de agosto en el teatro Gran Rex. Es casi el mismo equipo que estrenó Matilda y School of rock aunque esta vez lo acompañarán sobre el escenario: Mery del Cerro, Sebastián Almada, Dolores Ocampo, Denise Cotton, Sebastián Holz y Marcelo Albamonte, sin olvidar los cuatro elencos de niños. 

Hoy Rada disfruta de su premio Martín Fierro como mejor humorista y comparte parte de la estatuilla por el programa que integra junto a Mario Pergolini: Otro día perdido en ElTrece. 

—¿Tuviste que hacer pruebas para integrar los elencos de “Matilda”, después “School of rock” y ahora “Charlie y la fábrica de chocolate”?

—Me habían convocado para la segunda temporada de Aladdin, por lo cual la producción me conocía. Para Matilda me llamaron para que probara dos personajes, el padre de Matilda y la señorita Tronchatoro, pero quise el desafío de hacer de mujer. Para School of Rock, me convocaron directamente y ahora también.

—¿Cuál fue el mayor desafío de estos tres musicales?

—Matilda, sin lugar a dudas, porque tuve que interpretar a una mujer, pero los tres musicales me presentan el mismo desafío que es no hacer el personaje que todos tenemos en la cabeza, porque son icónicos del cine.

—¿Tuviste muy presente la película de Tim Burton y la actuación de Johnny Depp?

—Willy Wonka es un personaje muy complejo porque va de la ternura al dibujo animado, de la oscuridad a la paz y a la tranquilidad. Es muy enérgico y es el que sostiene gran parte de la obra con esa energía delirante porque está recontra loco. 

—Buscaste diferenciarte también desde lo físico…¿por eso el bigote?

—Uso bigote hace muchos años y es parte de mi cara, pero también se lo propuse al director para no parecerme al de Johnny Depp. Todos tienen en la cabeza su Wonka, que es muy fuerte y no quería ser semejante. Si vamos a imitar la película es mucho mejor mirarla, ésta será nuestra versión.

—Fueron tres películas pero siempre citamos la de Tim Burton…

—Creo que porque el mundo de Burton es un delirio hermoso y la interpretación de Johnny Depp fue maravillosa. También siento que llegó en un momento muy importante para el cine comercial. 

—¿Cómo es trabajar con tantos niños? 

—Ya es la tercera vez que lo hago. La verdad que es muy fácil, primero porque son muchos elencos, hay que hacer varias veces las escenas y eso no sirve a los adultos porque fijamos todo mejor. Además poseen una energía de juego que a veces nosotros la vamos perdiendo con el tiempo, lamentablemente. Tienen un profesionalismo superior, se acuerdan de todas las letras y son muy responsables, a pesar de la edad.

—Serán dos meses muy intensos: ¿y después de agosto que vendrá?

—Haremos hasta tres funciones diarias, durante junio y julio, más o menos ciento diez representaciones. En agosto seguiré con la televisión y es probable que vuelva con el unipersonal Chanta. Fue un éxito en Mar de Plata, donde creí que me había despedido, pero tengo ganas de hacer el cierre aquí.

—¿Te convocaron para alguna otra obra que no sea musical?

—Sí, tengo la suerte de me convocan y puedo elegir. El año que viene haré una obra muy importante de texto, pero aún no puedo anticiparla.

—¿Qué evalúas para decir que sí o no a un trabajo?

—Tengo la suerte de poder elegir los proyectos y con quién trabajar. Muchas veces digo que no a la propuesta porque no me gusta el texto o a veces quiero ir por otros lados, que me desafíen. Son muchos los factores.

—Te está acompañando el público…

—Si es cierto también cuando hacía espectáculos con mi banda y de magia, incluso llenamos un Luna Park. Me sigo sorprendiendo. Pero no me fue bien en Chile, frente a cientos cincuenta mil espectadores, allí no me funcionó y me chiflaron (N. d. R. 2019 en la Fiesta de la Independencia de Talca). Creo que con los cachetazos es donde más aprendés. Fue Daniel Fanego quien dijo que te enseñan más los fracasos que el éxito. 

—¿Con Otro día perdido cambió la recepción del público?

—Si se multiplicó o quintuplicó. Es mucho lo que sucede con el reconocimiento de la gente. Antes a mí me seguía un público, pero no dejaba de ser un grupo muy grande, ahora siento que aumentó y ya pasé a más popularidad. No me gusta la palabra famoso, pero sí a una persona que la conoce mucha más gente. 

—Te convocaron para la televisión ¿como a actor o mago? 

—Como co conductor, me lo propuso Mario Pergolini. Me dijo: “Quiero que estés al lado mío en el programa.” La parte de magia fue mi propuesta. Soy mago desde que tengo uso de razón. Y gustó mucho desde el principio y ya quedó como una parte del programa. 

—¿Es difícil trabajar con Pergolini?

—No. Me llevo súper bien. Es un tipo muy generoso también con Evelyn (Botto) y antes lo fue con Laila (Roth). Está muy atento a lo que necesitamos y a lo que queremos. Conmigo fue muy generoso, inclusive desde antes de trabajaba con él, siempre ha ido a mis espectáculos, cosas que no hace con casi con nadie.

—¿Te marcó el ser dirigido por Campanella en Parque Lezama? 

—Muchísimo. Cuando me convocó estaba dirigiendo a Fernanda (Metilli) en Empieza con D, junto a Eduardo Blanco. No lo podía creer que él me convocara para filmar junto a Luis Brandoni, uno de los actores argentinos más importantes. Fue una experiencia trascendental para mí. Es un papel chiquito, pero que quiebra la historia. 

—¿Sentís diferencia entre un director teatral y uno cinematográfico? 

—Sí, claro, obvio. Me estoy adaptando todavía a las diferencias entre el teatro y el cine. En el escenario trabajo más con Marcelo Caballero, incluso me dirigió en el unipersonal Chanta, mientras que Ariel del Mastro hace más la dirección macro de todo el espectáculo. Soy muy nuevo en el mundo audiovisual, pero cada vez lo estoy haciendo más. Mi año 2027 va a tener mucho cine y series.

—Tu hija (Bianca) está estudiando en la universidad pública. ¿Está completando una formación que no tuviste?

—No, ella está yendo por su camino. Está buscando su propia carrera y a mí me enorgullece que esté en un marco académico, cosa que no hice. Busco darle todos los medios emocionales y económicos para que lo pueda llevar a cabo. Si bien está estudiando en la universidad pública, todos los cursos extras que quiera sumar cuentan con mi ayuda. Con la mamá estamos orgullosísimos de lo que está haciendo. Me formé de otra manera, desde la práctica y lo sigo haciendo, ya que entreno en artes nuevas que me gustan. 

—¿Cómo vivís esta competencia con tantos musicales? 

—Muy bien, la cartelera porteña siempre fue de las más importantes que hay. Charlie y la fábrica de chocolate es un evento, durará sólo dos meses y no se extiende. Es una supermegaproducción, si bien todas las que estarán en cartel son muy grandes, ésta tendrá incluso un ascensor, Wonka y Charlie volarán por arriba de la gente. Tuvieron que readaptar el teatro Gran Rex, reforzar las parrillas por el peso que tiene la escenografía. 

—¿Tenés algún ídolo? 

—No sé si ídolo, pero si una persona que admiro profundamente y es René Lavand, del que tuve la suerte de ser su discípulo. Creo que fue alguien a quien no se lo conoció lo suficiente. Le abrió los shows a los Beatles dos veces, recorrió el mundo y acá no se le dio el lugar que se merecía. Para mí fue de los mejores artistas que tuvo este país.