Marcelo Katz

Marcelo Katz:“El bufón convierte el poder en una farsa”

El director y dramaturgo habla de Vaca Muerta, una sátira que utiliza el humor y la tradición del bufón para cuestionar las lógicas del poder.

Elenco. Con actuaciones de Carolina Hardoy, Charly Arzulian, Florencia Boasso, Luciana Maquez, Micaela Pane y Sandra Rojas, La obra apuesta por un trabajo físico y coral que potencia el humor grotesco y la irreverencia del universo bufonesco. Foto: GZA. VACA MUERTA

Marcelo Katz, actor, director y maestro, referente del clown en la Argentina, estrenó nuevo espectáculo. Junto a Checho Castrillón, presenta Vaca Muerta, sátira sobre la inmoralidad de políticos, empresarios y gestores en el yacimiento patagónico de gas y petróleo, que supuestamente enriquecerá a la Argentina. La pieza muestra una casta de figuras inescrupulosas e ignorantes como la única que se enriquece, en medio de alianzas y traiciones con el presidente de la Nación y el gobernador de Neuquén. No aparecen nombres propios contemporáneos reconocibles, pero sí, cargos y responsabilidades. El código de humor se basa en la figura del bufón. Hay chistes y escenas enteras de temática sexual en niveles hiperbólicos, para la carcajada feroz. Y violencia, cuidadosamente ensayada, que “nunca busca ser realista. Es grotesca, desmesurada, física, muy coreografiada, construida con enorme precisión: distancias, ritmos, confianza entre los actores, escucha, coordinación corporal. Hay golpes, persecuciones, humillaciones, pero siempre atravesados por el humor. Nos interesa que el público se ría y sienta una pequeña incomodidad por estar riéndose”, dice Katz.

Las funciones, los sábados a las 19 en el Teatro del Pueblo (Lavalle 3636), están interpretadas por Carolina Hardoy, Charly Arzulian, Florencia Boasso, Luciana Maquez, Micaela Pane y Sandra Rojas, cuyos cuerpos se transforman con el vestuario lleno de jorobas y deformidades, diseñado por María Cecilia Ximenes.

—¿Por qué elegiste la temática de Vaca Muerta para hacer un espectáculo?

—No nos interesaba hacer una obra de denuncia sobre Vaca Muerta en sí misma, sino reflexionar, desde el humor y el lenguaje del bufón, sobre esa expectativa casi mesiánica que solemos depositar en determinadas figuras o proyectos. Vaca Muerta concentra poder político, poder económico, expectativas desmesuradas, intereses cruzados y relatos de futuro. A través de la lente deformante del bufón, eso aparece como algo muy teatral: una mezcla de delirio, ambición, ingenuidad, humor y tragedia.

—¿En qué personas y elementos del mundo real te guiaste para hacer esta ficción?

—La realidad actual fue una fuente de inspiración muy fuerte. Vemos una destrucción de la cosa pública y un gobierno que ejerce el poder con niveles alarmantes de agresividad, desprecio por el disenso y falta de empatía. Pero no queríamos hacer un espectáculo anti Milei. Nos parecía una simplificación cómoda. Creemos que el presente es consecuencia de décadas de frustraciones, corrupción, privilegios, mezquindades e incapacidad de construir instituciones sólidas y proyectos colectivos duraderos. Los personajes no son copia de personas reales, sino más bien una condensación de conductas, mecanismos y formas de ejercer el poder (de empresarios, funcionarios, dirigentes políticos, sindicalistas, tecnócratas), repetidos en distintos momentos de nuestra historia, y que el público reconoce inmediatamente.

—En la secuencia de la historia de Vaca muerta, participa Cristina Kirchner. ¿Es aludida en la obra?

—No nos interesó hacer un espectáculo documental, histórico ni realista. Tampoco reconstruir hechos o señalar responsables puntuales. Trabajamos más sobre un clima, una manera de vincularse con el poder, el dinero y los recursos naturales que excede ampliamente a una persona o a una gestión determinada. Aunque muchos personajes son masculinos, los bufones de la Comisión Autárquica de Operaciones Vaca Muerta, decidimos que fueran interpretados por mujeres. Hay una decisión ideológica detrás de eso: hablar de un poder que, todavía hoy y a lo largo de la historia, ha estado mayoritariamente en manos de los hombres.

 

El bufón: su historia y su desarrollo en la Argentina

A.M.

“Hay muy pocos espectáculos de bufones, en la Argentina y otros países de Occidente. Es un género que implica asumir muchos riesgos: por su bestialidad, su desmesura y su incorrección. Es una embarcación para recorrer un camino hacia lo real, pero de una manera fantástica. Nos permite entrar en zonas muy oscuras a través del delirio, el juego y la risa. [Históricamente] el bufón está adentro del sistema y al mismo tiempo afuera. Pertenece a la corte, pero no al poder. Se ríe de los poderosos en su cara, desnuda sus contradicciones y expone aquello que todos ven, pero es difícil nombrar.

Del bufón no me interesa su origen medieval sino su vigencia. Observa críticamente una sociedad, no desde la superioridad moral o corrección política, sino que se mete en el barro. Se deja seducir por el poder, el dinero, los privilegios. Y desde ahí muestra sus mecanismos, con libertad y ferocidad. En lugar de explicar, expone. En lugar de dar respuestas, genera incomodidad, risa y preguntas.

En distintas escalas, todos convivimos con contradicciones, ambiciones, zonas de comodidad, indiferencias. El bufón señala al poder, pero también nos incluye dentro del cuadro.

Muchas veces una carcajada puede revelar algo que un discurso racional no consigue mostrar. El humor baja defensas, atraviesa prejuicios y permite que ciertas preguntas entren por lugares inesperados. El humor no nos aleja de la realidad: cuando es profundo, se acerca a ella. Nos permite mirarla con más lucidez y, a veces, encontrar la energía para seguir actuando sobre ella. Para mí, ese es uno de los grandes desafíos de este tiempo”.