“Son historias que arrancan como comedias, pero después explotan”
Sofía Jallinsky y Basovih Marinaro presentan su nueva pelpicula: una sátira incómoda que mezcla humor negro, terror y ciencia ficción como pocos autores.
Tras su exitoso paso por el Festival de Gijón -donde ganó el premio a la Mejor Película de la sección Premiere- y el Bafici, llega el estreno comercial de Los bobos, tercer largometraje de la dupla creativa integrada por Sofía Jallinsky y Basovih Marinaro que pone el foco otra vez en las relaciones de poder apelando a un humor incómodo y provocativo, como ya lo habían hecho en su film anterior, Estertor (2022). Los bobos, que también fue exhibida en Barcelona, Bilbao, Ginebra y Medellín, tiene como protagonistas a Sebastián Romero Monachesi, Cecilia Marani, Fiona Gollob, Liliana Weimer, Florencia Bergallo y Verónica Gerez. Su punto de partida es inquietante. Un exótico grupo de personajes decide asociarse para ofrecer un servicio ilegal que anula las capacidades mentales de personas sin su consentimiento. Y lo peor es que tienen clientela: gente que requiere de ese “servicio” aterrador para resolver conflictos de distinta índole.
Como ya ocurrió con sus dos trabajos anteriores, Los bobos cosechó elogios y rechazo. Lo que generan las películas de esta pareja es indiferencia. “Mucha gente relaciona la película con temas puntuales de la última dictadura militar argentina -dice Basovih Marinaro-. No es algo que hayamos hecho adrede, pero se filtra porque esa es nuestra historia, es lo que nos pasó a los argentinos”, agrega.
“También vino un chico que tiene una neurodivergencia a una de las proyecciones de prensa, y su lectura fue desde el punto de vista de la salud mental -añade Sofía Jallinsky-. Nosotros no construimos la película especialmente desde ahí, si bien hay personajes con psicologías muy diversas en la historia. Creo que cada espectador se agarra de lo que le convoca”.
La película tiene momentos terroríficos pero también está atravesada por un humor corrosivo, marca registrada de la casa. “Hay terror, hay comedia y además aparece algún elemento de ciencia ficción, algo que no existe pero que podría existir, digamos. Una realidad paralela de la que no estamos tan alejados”, explica Jallinsky.
Al margen de que el punto de partida de la escritura del guión de Los bobos haya sido la lectura de dos novelas argentinas también muy revulsivas (La comemadre, de Roque Larraquy, y El ojo de Goliat, de Diego Muzzio), más de una crítica ha mencionado a Los idiotas (1998), otro film polémico, dirigido por el prestigioso danés Lars Von Trier, como una referencia posible. Basovih Marinaro y Jallinsky admiten que hay algo de ese universo del cine nórdico más oscuro, el de Von Trier y Thomas Vinterberg, que se filtra en su obra, pero prefieren puntualizar más concretamente otras influencias: “Las películas de Todd Solondz, por ejemplo -explica Basovih Marinaro-. Nos gusta generar la rispidez, la incomodidad que produce su cine. Yo diría que es un mix entre eso y el cine de Cassavetes, sobre todo por la forma en la que ese director construía las escenas a nivel actoral. Algo que está muy ensayado, que es muy milimétrico aunque a primera vista no lo parezca para nada. Y después, aunque no se note necesariamente en nuestras películas, nos gusta lo que hacen directores argentinos como Ana Katz y Pablo Fendrik”.
En todo caso, aún cuando Los bobos acumule escenas cargadas de crueldad y sadismo, está claro que evita el riesgo de la solemnidad. “El humor es el núcleo de las tres películas que hicimos, lo que nos habilita a generar esa incomodidad que provocan -apunta Sofía-. Son historias que arrancan como comedias, pero después se va todo a la mierda. Y las reacciones de los espectadores siempre son muy diferentes: hay gente que se divierte y otra que la pasa mal”.
“Esperar años para producir una película nos seca la existencia”
A.L.
La crisis que vive el cine argentino a partir de la virtual paralización del INCAA que llevó a cabo su actual presidente, Carlos Pirovano, un especialista en “microeconomía” sin ninguna experiencia comprobable en el área en la que fue designado por el gobierno de Javier Milei, tiene en los problemas de exhibición una de sus manifestaciones más evidentes. Sin cuota de pantalla vigente, conseguir sala para proyectar una película independiente se ha transformado en una odisea. Los bobos no es la excepción: el tercer largo de Basovih Marinaro y Sofía Jallinsky tiene aseguradas por el momento apenas dos funciones: los viernes 5 y 12 de junio a las 21:00 horas en el Cine Arte Cacodelphia (Avenida Presidente Roque Sáenz Peña 1150), que está ubicado a metros del Obelisco.
“Para nosotros siempre fue difícil encontrar espacios para mostrar nuestras películas -revela Jallinsky.-. Lo que cambió es que antes podíamos ahorrar algo con nuestros trabajos y ahora eso es imposible. Se volvió imposible llegar a fin de mes, entonces no tenemos resto. De hecho, nos endeudamos para hacer esta película”.
Un problema importante, agrega Basovih Marinaro, es el de los tiempos: “Esperar años para producir una película nos seca la existencia -remarca-. Nosotros escribimos y pensamos sobre cosas que nos estimulan en el presente, no queremos esperar cinco años para filmar”.
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