A dos meses de las elecciones, el apoyo a Trump se desploma y se debilita su base de votantes independientes
Las encuestas más recientes del instituto Reuters/Ipso revelan un derrumbe histórico del respaldo al presidente en EE.UU. entre sectores clave que definieron su victoria en 2024. Actualmente su aprobación ronda el 33 %, cuando al asumir el mandato llegaba al 47 %. El colapso es mucho mayor en rubros clave como el referido a la economía en la vida cotidiana, donde el apoyo cae al 12 % y la desaprobación trepa hasta un contundente 75 %.
A solo sesenta días de que los estadounidenses vuelvan a las urnas para definir el equilibrio de poder en el Congreso, el mapa político experimenta un sismo de proporciones inéditas para la actual administración.
El retroceso de Donald Trump al 33% de aprobación —un umbral que retrotrae el pulso de su gestión a los momentos más complicados de su primer periodo— no es un tropiezo aislado, sino el síntoma de una erosión profunda que perfora las bases de su coalición ganadora.
El éxodo silencioso. Si se analiza en profundidad el declive, resulta evidente que el descontento ha calado con mayor fuerza en aquellos sectores que resultaron determinantes para el regreso del magnate republicano a la Casa Blanca.
El caso más elocuente es el de los votantes independientes, un segmento pragmático y volátil que solía otorgarle un margen de maniobra considerable y que hoy se ha alejado de manera drástica, desplomando su respaldo en casi 20 puntos porcentuales en poco más de año y medio.
Una tendencia análoga se registra entre el electorado hispano y los sectores de menores ingresos o sin formación universitaria. Estas comunidades, históricamente más vulnerables a las fluctuaciones inflacionarias y al encarecimiento de los bienes básicos, perciben que las promesas de bonanza económica se diluyeron frente a una realidad cotidiana asfixiante.
En contraste, los núcleos duros más tradicionales —como los sectores demográficamente blancos de mayor edad o las bases orgánicas del partido— muestran una resistencia mucho mayor, amortiguando parcialmente una debacle que de otro modo sería terminal.
El costo de vida. Aunque el debate público suele saturarse con discusiones sobre tensiones geopolíticas globales o controversias institucionales de alto perfil, el termómetro de la calle apunta en otra dirección. Los datos de los sondeos demuestran que el desgaste de la administración encuentra su raíz principal en la frustración socioeconómica.
La brecha entre las expectativas depositadas al inicio de este segundo mandato y la percepción actual sobre la gestión del costo de vida se ha convertido en un abismo.
Mientras que las valoraciones positivas sobre el manejo general de la economía y la contención de la inflación se han derrumbado a mínimos históricos, la desaprobación en estas áreas supera ampliamente los dos tercios de la ciudadanía.
Para el votante medio, las estadísticas macroeconómicas pierden sentido frente al impacto diario de los precios en los bolsillos.
Cambio en los independientes. El desglose demográfico expone con crudeza la magnitud del distanciamiento entre el electorado independiente y las polítias de la Casa Blanca. Aquel sector moderado y pragmático que resultó decisivo para la victoria de Donald Trump en 2024, hoy le da la espalda de manera transversal.
Su aprobación se desploma a mínimos críticos en prácticamente todas las áreas de gobierno: apenas un 28% respalda su política migratoria y un 24% confía en su manejo de la seguridad.
Sin embargo, el rechazo alcanza dimensiones alarmantes cuando se trata de la geopolítica y la economía, registrando un magro 15% de aceptación frente al conflicto con Irán y otro 15% en materia económica.
El colapso es absoluto en lo referente a la asequibilidad de la vida cotidiana, donde el apoyo cae al 12% y la desaprobación trepa hasta un contundente 75%, superando incluso el 71% de rechazo que cosecha la gestión financiera general. Así se consolida un divorcio profundo entre las expectativas de los votantes libres y la realidad de la administración republicana.
Seguidores fieles. A esto se suma la gran incógnita que define el tablero de cara a los comicios de noviembre: el estado de salud de la base electoral del presidente.
En este frente, los datos de Ipsos revelan un fenómeno de doble filo. Por un lado, la lealtad del núcleo duro identificado con el movimiento MAGA se mantiene inquebrantable y masiva, sosteniendo un índice de aprobación que oscila entre el 97% y el 98% desde el inicio del mandato.
Sin embargo, esta solidez en la superficie camufla una mutación estructural dentro del universo conservador: la proporción de votantes republicanos que se alinean con esta corriente ha sufrido un retroceso notable, cayendo del 62% al 48% en poco más de un año y medio.
De este modo, el oficialismo enfrenta un panorama sumamente adverso para defender sus mayorías legislativas. Por primera vez en un largo ciclo político, la oposición demócrata logra capitalizar el descontento general en los temas que los ciudadanos consideran prioritarios.
A dos meses de la contienda electoral, el desafío para la Casa Blanca ya no consiste simplemente en disuadir las críticas externas, sino en reconstruir la confianza de una clase trabajadora y unos sectores independientes que le están dando la espalda en el peor momento posible.
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