EE.UU. e Israel se lanzan sobre Irán: la trama de un conflicto que nunca terminó
Los nuevos bombardeos son el capítulo más reciente de un volcán que incluye petróleo, ideología y muchisíma hostilidad. De 1953 a 2026, la historia se repite con mayor intensidad y menos diplomacia.
Nuevamente, Estados Unidos e Israel atacaron de forma conjunta este sábado varias ciudades de Irán, entre ellas, la capital, Teherán, en una ofensiva que marca un nuevo punto de inflexión en un conflicto que arrastra más de siete décadas de resentimiento, batallas por petróleo y bloqueos económicos.
Como respuesta a la ofensiva de Israel y EE UU, las fuerzas iraníes atacaron bases militares estadounidenses en Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar.
Estados Unidos está llevando a cabo bombardeos sobre Irán, afirmó este sábado la prensa norteamericana, después de que Israel anunciara un "ataque preventivo" sobre la república islámica. Horas más tarde, desde su residencia de Palm Beach, en Florida, Donald Trump, anunció el inicio de "operaciones de combate mayores" para "eliminar amenazas inminentes" causadas por Irán y aseguró que EE UU “garantizará que Irán no consiga un arma nuclear”.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sostuvo en un mensaje a la nación que la ofensiva “durará lo que sea necesario”, que será “mucho más fuerte” que la que inició en junio y que busca “eliminar la amenaza existencial que representa” el régimen de los ayatolás.
El 13 de junio de 2025 Israel inció una ofensiva contra Irán. En los siquientes bombardeos mutuos también murieron civiles de ambos paises. En la noche del 21 al 22 de junio, EE.UU. bombardeó intalaciones nucleares iraníes.
Pero este conflicto sin fin comenzó hace más de 70 años. Una guerra de ideologías y estrategias que sigue generando un profundo resentimiento hasta el día de hoy. Para entender el nivel de confrontación, hay que mirar atrás, desenredar los hilos de la tragedia, indagar los motivos de ambos bandos.
1953: Hoy por mí, mañana por mí
Para entender el odio que hoy marca la relación entre Irán y Estados Unidos, conviene retroceder bastante más atrás que 1979. No a la toma de la embajada en Teherán, ese año, que quedó grabada en la memoria occidental, sino a una madrugada de agosto de 1953.
En ese momento gobernaba en Irán el Sha, Mohammad Reza Pahleví, cuya cercanía con Reino Unido y Estados Unidos era evidente. Para las potencias occidentales, Irán era, ante todo, un actor estratégico en plena Guerra Fría y un proveedor clave de petróleo. Para muchos iraníes, en cambio, esa relación era interpretada como un esquema de subordinación y control.
El primer ministro Mohammad Mosaddeq representaba exactamente lo contrario. Había sido elegido democráticamente y lideraba la nacionalización del petróleo iraní, hasta entonces en manos de intereses británicos. Su decisión tensionó al máximo la relación con el Reino Unido y con Estados Unidos.
El 19 de agosto de 1953, Mohammad Mosaddeq fue derrocado en un golpe de Estado conocido como Operación Ajax, organizado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos con apoyo del gobierno británico, con el objetivo de restituir en el poder al sha Mohammad Reza Pahlavi y garantizar la continuidad de los intereses petroleros occidentales en Irán.
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Mosaddeq fue juzgado ante un tribunal militar por "traición", pasó tres años en prisión y luego permaneció bajo arresto domiciliario hasta su muerte. Para millones de iraníes, aquel golpe fue la prueba definitiva de que Estados Unidos no era un aliado sino un amo imperial.
Lo que resulta menos recordado es que, cuatro años después, la relación bilateral entró en una etapa de cooperación, incluso en materia nuclear. En 1957 ambos países firmaron un acuerdo de cooperación para usos civiles de la energía atómica. En 1967, Estados Unidos entregó a Irán un reactor de investigación, y en 1968 Teherán suscribió el Tratado de No Proliferación Nuclear, comprometiéndose a un programa exclusivamente pacífico.
Paradójicamente, la misma potencia que había destruido su democracia le tendía ahora la mano para construir centrales atómicas.La ironía histórica no se perdería en la memoria iraní: décadas después, ese mismo programa nuclear, iniciado con tecnología y bendición estadounidense, se convertiría en el principal detonante de la crisis actual.
1979: Revolución contra hegemonía
Sin embargo, en enero de 1979, el sha Mohammad Reza Pahlavi, aliado estratégico de Washington durante décadas, abandonaba Irán ante la presión creciente de las movilizaciones populares. Semanas más tarde, el ayatolá Ruhollah Jomeiní regresaba del exilio y proclamaba la República Islámica, alterando de manera abrupta el equilibrio regional sobre el que Estados Unidos había asentado su política en Medio Oriente.
Siete meses después, el 4 de noviembre de 1979, un grupo de estudiantes iraníes tomó la embajada de Estados Unidos en Teherán y exigió la extradición del Sha, que se encontraba en territorio estadounidense recibiendo tratamiento médico. 52 diplomáticos y ciudadanos estadounidenses fueron tomados como rehenes. La crisis se prolongó durante 444 días y se convirtió en un episodio fundacional del antagonismo contemporáneo entre ambos países, con profundas consecuencias políticas y simbólicas.
En abril de 1980, Washington rompió formalmente relaciones diplomáticas con Teherán. Los últimos rehenes fueron liberados en enero de 1981, pero la ruptura institucional persistió. Desde entonces, Estados Unidos e Irán carecen de relaciones diplomáticas coherentes: no intercambian embajadores ni mantienen canales bilaterales directos estables. Todas instancias de diálogos y negociaciones entre ellos se realizaron a través de intermediarios, Omán, Suiza, Qatar, como si se tratara de dos potencias de otra era que aún no han firmado el armisticio.
Los años 90 y el bloqueo económico
Durante los años noventa, Estados Unidos fue estrechando el cerco económico sobre Irán. El presidente Bill Clinton anunció el 30 de abril de 1995 un embargo total sobre el comercio y la inversión con la república islámica, acusándola de financiar el terrorismo internacional. La lista de grupos que Washington atribuía a la influencia de Teherán era larga: Hezbolá en el Líbano, Hamás y la Yihad Islámica Palestina en los territorios palestinos.
Las sanciones no lograron aislar completamente a Irán, pero sí sometieron a su economía a una presión crónica que, décadas después, seguiría siendo el principal instrumento de coerción estadounidense.
2002: Política del miedo
El 29 de enero de 2002, cuatro meses después de los atentados del 11-S, el presidente George W. Bush pronunció ante el Congreso las palabras que definirían una era: Irán, Irak y Corea del Norte formaban un "eje del mal", regímenes que apoyaban el terrorismo y amenazaban la paz mundial. Para Teherán, aquella declaración era una declaración de guerra encubierta.
Casi simultáneamente, la comunidad internacional comenzaba a descubrir la magnitud real del programa nuclear iraní. Instalaciones no declaradas. Centrifugadoras ocultas. En 2005, el presidente Mahmoud Ahmadineyad anunció el fin de la moratoria sobre el enriquecimiento de uranio.
Teherán insistía en que su programa tenía fines exclusivamente civiles, pero un informe del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de 2011 recogería inteligencia "ampliamente creíble" según la cual Irán había llevado a cabo actividades relevantes para el desarrollo de un dispositivo nuclear explosivo hasta al menos 2003.
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2015-2018: Imperio, petróleo y uranio
Luego de años de negociaciones, en julio de 2015 se alcanzó en Viena uno de los acuerdos diplomáticos más complejos de la historia reciente. El llamado JCPOA vinculaba a Irán con las seis grandes potencias, China, Francia, Alemania, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos, en un pacto que limitaba el programa nuclear iraní a cambio del levantamiento de las sanciones más duras. La ONU lo respaldó. Parecía el principio del deshielo pero duró poco.
En mayo de 2018, el presidente Trump anunció la retirada unilateral de Estados Unidos del acuerdo, calificándolo de "desastroso". Washington reimplantó las sanciones con una dureza sin precedentes, dirigido no solo contra la economía iraní sino también contra empresas y Estados que mantuvieran vínculos comerciales con Teherán.
Un año más tarde, Irán comenzó a apartarse gradualmente de los límites establecidos en el pacto, incrementando sus niveles de enriquecimiento de uranio y reduciendo el cumplimiento de los mecanismos de verificación. El acuerdo quedó sin efecto.
2019-2020: Terrorismo de Estado y represalias
En abril de 2019, la administración Trump dio un paso sin precedentes al designar a los Guardianes de la Revolución, el cuerpo de élite de las fuerzas armadas iraníes, como organización terrorista. Era la primera vez que Estados Unidos aplicaba esa etiqueta a una rama de las fuerzas armadas de un Estado soberano.
El 3 de enero de 2020, un dron estadounidense mató en el aeropuerto de Bagdad al general Qasem Soleimani, el hombre más poderoso de Irán después del Líder Supremo, arquitecto de la influencia regional de Teherán y comandante de la Fuerza Quds.
Para Trump, Soleimani planeaba un ataque "inminente" contra diplomáticos y fuerzas estadounidenses en Iraq. Irán respondió con misiles balísticos contra bases iraquíes que albergaban tropas norteamericanas.
2023-2025: Guerra con drones
El ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, que mató a unas 1.200 personas y tomó 251 rehenes, desencadenó una espiral de consecuencias que llegaría hasta las propias instalaciones nucleares iraníes. Iran, que había armado y financiado a Hamás durante años, vio cómo su red de aliados regionales, el llamado "Eje de la Resistencia", entraba en acción:
- Los hutíes en Yemen atacaron el tráfico marítimo en el Mar Rojo en el que analistas navales estadounidenses describieron como el combate más intenso de la US Navy desde la Segunda Guerra Mundial
- Hezbolá disparó cohetes desde el Líbano
- Las milicias iraníes atacaron bases estadounidenses en Irak y Siria más de doscientas veces.
En 2024 la confrontación entre Israel e Irán pasó de indirecta a directa, con intercambios de ataques entre ambos países. Y en junio de 2025, durante 12 días de guerra entre Israel e Irán, Estados Unidos atacó tres instalaciones nucleares iraníes el 21 de junio. Trump declaró que los emplazamientos habían sido "destruidos", aunque el alcance real de los daños siguió siendo materia de debate.
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2026: "El rugido del león y la Furia Épica"
Irán salió dañada pero no derrotada de la guerra de 2025. Con una economía devastada, inflación del 60%, el rial en mínimos históricos de 1,42 millones por dólar, y la infraestructura militar en reconstrucción acelerada, el régimen del ayatolá Ali Jamenei se enfrentaba también a una crisis interna de proporciones históricas.
El 28 de diciembre de 2025, el derrumbe de la moneda iraní desató protestas masivas en los principales mercados de Teherán. En enero de 2026, el príncipe heredero iraní en el exilio llamó a la movilización y millones de personas respondieron.
El régimen apagó internet y las comunicaciones internacionales. La represión fue brutal: decenas de miles de civiles muertos a manos de las fuerzas de seguridad y los Guardianes de la Revolución.
Trump reaccionó amenazando con intervenir militarmente para defender a los manifestantes, aunque el foco de sus advertencias pronto derivó hacia el programa nuclear. El 28 de enero declaró en Truth Social que "una enorme armada se dirige hacia Irán".
Washington desplegó los grupos de combate de los portaviones USS Abraham Lincoln y USS Gerald Ford en la región, junto a decenas de cazas, aviones cisterna y sistemas de Defensa antiaérea, en el mayor despliegue aeronaval en Oriente Medio desde la invasión de Irak en 2003.
Se abrió una última ventana diplomática. Bajo mediación omaní, ambas partes retomaron contactos indirectos en febrero. Washington exigía enriquecimiento cero, fin del programa de misiles balísticos y ruptura de lazos con grupos armados de la región. Teherán quería limitar las conversaciones únicamente al expediente nuclear.
El 3 de febrero, seis lancha rápidas de los Guardianes de la Revolución intentaron interceptar el petrolero Stena Imperative en el Estrecho de Ormuz; un F-35 estadounidense derribó un dron iraní Shahed 139 que se aproximaba al Abraham Lincoln.
El 19 de febrero, Trump advirtió que daba "15 días como máximo" antes de que "ocurran cosas malas". El OIEA confirmó el 27 de febrero que no podía verificar si Irán había suspendido realmente sus actividades de enriquecimiento.
Este 28 de febrero de 2026, el tiempo para la potencia y su aliado se terminó . Estados Unidos e Israel han lanzado sus ataques en lo que Israel denominó la Operación Rugido de León y EE.UU. la llamó Operación Furia Épica.
LT / RM
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