Brasil se adelanta en Latinoamérica con un caza supersónico de fabricación propia
El presidente Lula Da Silva celebró la llegada de los primeros aviones supersónicos ensamblados en Brasil por Embraer, un hito industrial apoyado en una transferencia tecnológica inédita en la región. El programa fue desarrollado por la empresa sueca Saab. De esta manera, el gigante sudamericano se incorpora al reducido grupo de países capaces de producir aviones de combate. Un experto explica las ventajas y desventajas de esta aeronave.
“Hoy el cielo de Brasil es escenario de un momento histórico”, escribió Lula Da Silva en sus redes sociales. El mensaje estuvo acompañado de un video con el presidente de Brasil a bordo de uno de los cuatro primeros cazas supersónicos Gripen F-39 fabricados en su territorio.
El programa, desarrollado por la empresa sueca Saab y ensamblado localmente por Embraer, marca uno de los mayores avances tecnológicos en la historia del sector aeronáutico brasileño.
Los Gripen operativos comenzarán a ser usados en operaciones de vigilancia y defensa. Los aviones, con 14 metros de largo, alcanzan velocidades de hasta 2.400 kilómetros y pueden volar hasta 16 mil metros de altitud.
Una importante ventaja militar del gigante sudamericano en la región. “Lo que diferencia al Gripen con respecto a los demás aviones de combate que hay en la región es que son aviones nuevos”, mientras que las flotas más avanzadas de Argentina y Chile operan F-16 con más años de servicio, afirmó a PERFIL Santiago Rivas, director de Revista Pucará.
Sin embargo, matiza que, a medida que esos países actualicen sus sistemas, “la diferencia tecnológica se acorta”. Pero aun así, destaca que “la mayor ventaja radica en su radar de apertura sintética y barrido electrónico, así como en su sistema de detección de blancos de manera infrarroja, que actualmente no poseen otros aviones de combate de la región”.
“El Gripen es un buen avión pero tiene varias cuestiones que generan dudas y otras directamente en contra”, aclara el especialista. “Por un lado, ningún avión producido por Saab ha sido empleado extensivamente en combate, ni Suecia ha participado en ninguna guerra aérea, por lo que no puede aplicar experiencia propia en sus diseños” y “por otro lado, es un avión en desarrollo, muchos sistemas están en proceso de integración –por ejemplo, el radar con la computadora del avión– y eso puede demorar alcanzar la plena capacidad operativa o generar algunos problemas a lo largo de su vida útil”, destaca.
Rivas sostiene que, “si bien su reducido tamaño les da ventajas para operar en rutas o aeropuertos pequeños, implica también que tienen menos alcance y menos capacidad de armas que sus competidores –y que se deba optar entre más combustible o más armas para no sobrepasar el peso máximo–, lo cual a la larga significa menos capacidad de combate”.
Transferencia de tecnología. La Saab acordó producir 36 aviones, de los cuales 15 se fabricarían en Brasil. “El proyecto de Gripen en Brasil está centrado principalmente en el proyecto industrial, donde Brasil recibió transferencia de tecnología como parte del proceso”. Esa transferencia permite que el país “adquiera conocimientos y tecnología que podrá aplicar en el futuro para otros desarrollos aeroespaciales”, remarca Rivas. De este modo, Brasil se incorpora al reducido grupo de países capaces de producir aviones de combate avanzados.
La Saab planea utilizar su acuerdo con Embraer como una plataforma de exportación para producir cazas en Brasil y venderlos a otros países latinoamericanos.
En efecto, la transferencia tecnológica permite potenciar el entramado productivo del país sudamericano, ya que “hay componentes que se producen en Brasil para toda la flota de Gripen en el mundo” que “hoy son Suecia, Brasil y Tailandia y que se espera que se sume Colombia”, explica Rivas.
Sin embargo, detalla que el horizonte exportador de Brasil queda condicionado: “Dependerá de acuerdos entre el fabricante (Saab), el comprador y los brasileños”, por ejemplo en el caso de Colombia “no ha quedado claro si los aviones saldrán de la línea de producción de Brasil o la de Suecia”.
Influencia. La elección del Gripen respondió a criterios industriales y estratégicos antes que geopolíticos. Según Rivas, “un programa de compra de aviones de combate implica una decisión política y un alineamiento con los países a los que se compra”. Es por eso que “Brasil centró su programa en la transferencia de tecnología y la producción local, algo que EE.UU. no estaba dispuesto a ofrecer”.
Francia ofrecía un esquema similar con el Rafale, “que era la preferida del gobierno de Lula en ese entonces”. La oferta de Francia era la de un avión “mucho más caro, pero también más sofisticado en todo sentido y un modelo ya validado en combate y con muchos años de experiencia”. Mientras que “China en ese entonces no ofrecía nada similar”.
Equilibrio regional. La incorporación del Gripen no reconfigura por sí sola el equilibrio militar regional ni le da liderazgo a Brasil. En rigor, Rivas sostiene que “la capacidad militar es algo mucho más complejo que tener un determinado avión de combate”.
Además, Rivas destaca que el programa arrastra retrasos significativos: “El plan era que se entregaran los 36 aviones antes de fin de 2024 y por ahora solo se entregaron 12 –el primero se entregó en 2019 para pruebas y en 2021 los primeros aviones operativos–, sin que haya volado aún ningún biplaza, y ya se ha planteado que terminen las entregas entre 2032 y 2034”.
En ese escenario, “es muy posible que la Fuerza Aérea Argentina alcance la plena capacidad operativa con sus 24 F-16 al mismo tiempo que Brasil”, dice.
Respecto, del panorama sudamericano, el especialista plantea que las capacidades son heterogéneas y generalmente insuficientes. “En general toda la región está muy atrasada. La inversión en defensa es insuficiente en todos los países y en general también está mal ejecutada”.
Colombia se destaca por su experiencia real de combate y avances tecnológicos, aunque orientados a la guerra irregular.
Chile modernizó sus capacidades en los años 2000 pero “se ha frenado mucho en los últimos diez años”.
Brasil tiene una industria sólida, pero “la operatividad de sus sistemas es baja y ha sido poco eficiente en la administración de sus programas, lo que hace que el sistema de defensa no termine siendo eficiente”.
Argentina “intenta recuperarse luego de más de treinta años de desinversión que llevará mucho tiempo revertir”, mientras que Perú proyecta modernización, aunque “viene avanzando lento”.
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