beijing opera como “garante”

China, la potencia detrás del papel protagónico de la diplomacia paquistaní

Pragmático. Xi Jinping con la lider de la oposición de Taiwan. Foto: cedoc

Aunque Pakistán actúa como el anfitrión y facilitador directo, la sombra de la República Popular China se proyecta con una fuerza determinante sobre cada documento que circula entre las delegaciones de Estados Unidos e Irán en la mesa de negociaciones tripartita.

La influencia china en este proceso no es meramente simbólica; es estructural. Mientras el vicepresidente de EE.UU., JD Vance, y el equipo iraní liderado por representantes del régimen mantienen un diálogo cauteloso, Beijing opera como el “garante silencioso”. 

Según fuentes diplomáticas en Islamabad, fue la intervención directa de China a finales de marzo la que rompió el estancamiento. A través de la “Iniciativa de Cinco Puntos” lanzada conjuntamente con Pakistán, el gobierno de Xi Jinping logró lo que otros mediadores no pudieron: ofrecer a Teherán una red de seguridad política y económica suficiente para sentarse a la mesa sin que parezca una capitulación. 

Para China, la estabilidad del estrecho de Ormuz no es un ideal diplomático, sino una necesidad existencial para sus suministros energéticos.

Pakistán, quien alberga a más de 20 millones de musulmanes chiítas (la segunda población más grande de esta tendencia islámica en el mundo después de Irán), cultivó fuertes lazos tanto con Estados Unidos como con China.

El ministro de Asuntos Exteriores paquistaní, Ishaq Dar, visitó Beijing a finales de marzo para mantener conversaciones con el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, quien respaldó los esfuerzos de mediación de Islamabad por considerarlos “en consonancia con los intereses comunes de todas las partes”.

El propio Trump admitió que China ayudó a llevar a Irán a la mesa de negociaciones, una versión respaldada por funcionarios paquistaníes. “Escuché que sí”, dijo Trump cuando se le preguntó si Beijing había intervenido para que Irán aceptara una tregua.

“La noche del alto el fuego, las esperanzas se desvanecían, pero China intervino y convenció a Irán para que aceptara un alto el fuego preliminar”, reveló a la agencia AFP un alto funcionario paquistaní familiarizado con las negociaciones.

Árbitro y beneficiario. La presencia de una delegación china de alto nivel este sábado en Islamabad añade una capa de complejidad. Fuentes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Pakistán sugieren que China podría ofrecerse como garante oficial del cumplimiento de un eventual acuerdo, una función que Beijing ha evitado históricamente pero que ahora parece dispuesta a asumir para desplazar la influencia unilateral de Washington en Oriente Medio.

Para los analistas, el rol de China es el de un “puente pragmático”. Mientras EE.UU. llega a la mesa con una retórica de advertencia –reflejada en las declaraciones recientes de Donald Trump sobre la continuidad de acciones militares si no hay avances–, China utiliza su peso como el mayor comprador de petróleo iraní para ejercer una presión “silenciosa, pero firme” sobre Teherán.

El resultado de las conversaciones en Pakistán no solo determinará el fin de las hostilidades actuales en Medio Oriente; definirá si el modelo de mediación chino, basado en la soberanía, la no interferencia y el pragmatismo económico, puede reemplazar el tradicional arbitraje occidental.

Por ahora, el mundo observa cómo la capital paquistaní se convierte en el epicentro de un nuevo orden mundial, donde la paz entre Washington y Teherán pasa, inevitablemente, por la aprobación de Beijing.