entrevista al analista reinaldo escobar

“Hay una situación de incertidumbre en el país y temor a que todo pueda ir a peor”

Escasez. Falta combustible, y el acceso a alimentos es cada día más difícil en la isla. Foto: cedoc

La isla atraviesa una crisis económica y social que muchos comparan con el Período Especial de los años 90. 

Reinaldo Escobar, analista cubano y director del portal 14 y medio, le dijo  a PERFIL que en la actualidad hay menos expectativas y un mayor desgaste político. Entre apagones, escasez y desconfianza institucional, crece la sensación de que el modelo está agotado junto al temor a que la situación pueda deteriorarse aún más. 

P.: ¿Cómo describiría hoy la situación de Cuba?

R.: El estado actual es calamitoso, pero todavía no ha llegado a ser todo lo profundo que podría ser. A pesar de los cortes eléctricos, de los problemas con el transporte y la escasez de alimentos, y a pesar de los precios y de todas las dificultades que tenemos, la capacidad que tiene el país de ahondar aún más en el abismo de la crisis es tremenda.

Todavía se consigue gasolina, de vez en cuando vuelve la electricidad a los hogares, pero lo que la gente teme –y lo que se anuncia– es que eso puede llegar sencillamente a cero.

Cero combustible para el transporte, cero electricidad para los hogares y la industria. Esa es la actualidad en Cuba: una situación de incertidumbre y de temor a que todo pueda ir a peor. Sin mencionar que junto con todo eso se mantiene la represión política contra quienes se manifiestan y contra los disidentes.

P.: ¿Cómo está el clima social? ¿Pueden repetirse protestas como las de julio de 2021?

R.: Las protestas ocurridas en Cuba los días 11 y 12 de julio de 2021 fueron algo que nadie esperaba. Siempre digo que si el 10 de julio me hubieran preguntado si esa escalada de protesta y esa explosión social eran posibles, habría dicho que no. Sin embargo, ocurrió. 

Hoy, podrían escalar como en 2021, ser diez veces más violentas, más intensas y más extendidas, o no ocurrir nunca. En primer lugar, porque desde 2021 hasta hoy han salido del país más de un millón de personas. Y muchos de los que se fueron eran justamente quienes también protestaron: gente joven, que ahora ya no está aquí para hacerlo. 

Por otra parte, la represión que ejecutó el gobierno contra los manifestantes –incluidas penas de 10 o 15 años de cárcel– ha sido bastante persuasiva. Hoy la gente tiene más miedo a salir a protestar.

Entonces, si las protestas ocurren, pueden ser muy peligrosas, porque esta vez la gente ya está advertida de que tiene que salir enmascarada y podrían ser, lamentablemente, muy violentas. 

P.: ¿La situación afectó la legitimidad del Partido?

R.: Hablar de la legitimidad del Partido Comunista requiere precisar el término. En primer lugar, es el único partido legalmente reconocido por la Constitución de la República y el único permitido. En ese sentido, tiene una legitimidad formal.

Ahora bien, en relación con su prestigio o liderazgo entre la población no militante, eso no es así. Hoy el Partido Comunista no moviliza a las masas, no es un partido líder y, además, es un partido minoritario. En el último censo había, si acaso, unos 800 mil militantes, y puede que ahora queden muchos menos.

No tiene legitimidad real, aunque tenga legitimidad formal.

P.: ¿Miguel Díaz-Canel tiene liderazgo propio?

R.: En Cuba existe la percepción de que Miguel Díaz-Canel fue puesto allí por la voluntad de Raúl Castro. Se dice que es un puesto “a dedo”. Y, claro está, no fue elegido de manera directa por la población ni tiene representatividad electoral en ese sentido.

Es visto como un dirigente errático. Por ejemplo, cuando fue detenido su ministro de Economía y también vicepresidente, Alejandro Gil, él lo felicitó por su cumpleaños cuando ya estaba bajo investigación. Entonces surge la pregunta: ¿cómo es posible que el presidente no supiera que había una investigación sobre su propio ministro y vicepresidente?

Por otra parte, asume las posturas que le indican. No tiene un discurso propio. Y el principal error político de su primer mandato –ahora está en el segundo– fue que, desde su toma de posesión como presidente, fijó como lema la “continuidad”. Y continuidad significa seguir haciendo lo mismo que la generación histórica diseñó para el país.

No habló de renovación ni de reconstrucción. Dijo “continuidad”. Y esa ha sido la marca de su gobierno en estos siete años.

P.: Si el modelo ya no ofrece expectativas, ¿hay margen para un cambio?

R.: Ese modelo, descrito en los documentos oficiales de los congresos del Partido, está agotado en la medida en que no le ofrece hoy a la población ninguna posibilidad real de desarrollo, de esperanza ni de mejora en sus condiciones de vida.

En lo económico, podría ser reemplazado por un avance hacia las reglas de la economía de mercado: mayor apertura a la inversión extranjera y privatización de una serie de sectores que hoy permanecen en manos de la empresa estatal socialista. Es tanto, lo que hay que deshacer y reformular –desde la centralidad que se le otorga a la empresa estatal hasta los mecanismos de planificación, que existen en los papeles, pero no funcionan en la práctica– que el margen para introducir cambios es amplio.

En el plano político, el marco es más restrictivo: se trata de un país con un solo partido permitido, donde la discrepancia está penalizada en el Código Penal y no existe ninguna vía legal de participación alternativa en la toma de decisiones. La represión marca los límites. La cuestión de fondo es si existe voluntad en quienes gobiernan para impulsar una apertura.

Me inclino a creer que, en el terreno económico, sí. Entre otras cosas, porque también estarán en juego sus propios intereses. En ese ámbito es probable que se avance.

En cambio, en materia política no veo señales de apertura. La tónica de estos años ha sido no ceder. El primer paso debería ser la liberación de los presos políticos –hay cerca de mil en las cárceles cubanas– sin condiciones, y la creación de un espacio real para la libertad de expresión y de asociación. ¿Lo harán? Lo dudo. Salvo que enfrenten una presión muy fuerte, no parece haber voluntad de avanzar en ese sentido.

Además, creo que existe una élite preparada para una transición ordenada, aunque limitada al plano económico. Si hubiera derivaciones en el terreno político, no serían inmediatas.

Desde el punto de vista económico, lo que reemplazaría al socialismo sería la economía de mercado. Desde el punto de vista político, lo que debería sustituir a la estructura actual es un sistema democrático pleno.