Disparos a la cabeza y al cuello

Irán: la represión deja cientos de muertos menores de 30 años

Rubina Aminian, estudiante de moda de 23 años, es una de las primeras víctimas identificadas del levantamiento contra el régimen iraní, que ya dejó, al menos, 600 muertos.

Rubina Aminian, está entre las primeras víctimas identificadas del levantamiento antigubernamental en Irán. Foto: Redes Sociales

La represión estatal contra las protestas en Irán dejó en las últimas semanas un saldo devastador, con cientos de manifestantes muertos y una marca generacional que empieza a delinearse con crudeza: la mayoría de las víctimas son jóvenes. Estudiantes, deportistas, trabajadores y artistas menores de 30 años concentran el peso de una respuesta armada que apunta directamente a quienes protagonizan el levantamiento contra el poder político y religioso.

En ese contexto, Rubina Aminian, una estudiante de diseño textil y moda de 23 años, figura entre las primeras víctimas identificadas del levantamiento antigubernamental que sacude al país desde fines de diciembre del 2025. De origen kurdo, fue asesinada a tiros el 8 de enero, tras salir de sus clases universitarias en Teherán para sumarse a las protestas.

Según la organización Iran Human Rights, con sede en Noruega, Aminian cursaba estudios en el Shariati College y aspiraba a mudarse algún día a Milán para desarrollar una carrera en la industria de la moda. Murió tras recibir un disparo en la cabeza o el cuello, un patrón que se repite en decenas de jóvenes asesinados durante la represión.

Rubina Aminian

Tras enterarse de lo ocurrido, su familia fue obligada a recorrer un sitio cercano a la universidad para identificar su cuerpo entre decenas de cadáveres de hombres y mujeres jóvenes, todos con heridas similares. “Era fuerte, valiente, y nadie podía decidir por ella”, relató su tío, Nezar Minouei a CNN. “Tenía sed de libertad, sed de los derechos de las mujeres. En definitiva, era una chica viva, que vivía”.

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Los detalles del caso de la joven se conocieron mientras el número de muertos ascendía a al menos 600 personas hasta este lunes, según organizaciones de derechos humanos. Decenas de cuerpos continúan acumulándose en distintas ciudades del país desde que comenzaron las protestas el 28 de diciembre.

La mayoría de las víctimas identificadas son jóvenes de entre 18 y 22 años, asesinados con disparos a corta distancia en la cabeza o el cuello por fuerzas de seguridad estatales. El método, denuncian las organizaciones, apunta a una represión directa y letal destinada a quebrar el núcleo juvenil del movimiento.

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Jóvenes asesinados por protestar

Amir Mohammad Koohkan (26)
Entrenador y árbitro de fútbol sala, fue asesinado el 3 de enero durante una protesta en la ciudad de Neyriz. “Todo el pueblo lo adoraba por su amabilidad”, contó un amigo a la BBC Persa. “Es demasiado pronto, era muy joven”.

Shayan Asadollahi (28)
Peluquero y aspirante a modelo, murió el 1 de enero en Azna, según IranWire. Tenía más de 50.000 seguidores en Instagram, donde compartía videos de peinados, técnicas de estilo y fragmentos de su vida cotidiana.

Rubina Aminian, Mehdi Zatparvar y Shayan Asadollahi

Mehdi Zatparvar (39)
Excampeón mundial de culturismo clásico y entrenador, fue asesinado el 9 de enero en Rasht. Tenía una maestría en fisiología del deporte. Poco antes de morir había escrito: “Solo queremos nuestros derechos. La voz silenciada durante 40 años debe ser gritada”.

Ahmadreza Amani (28)
Estudiante de derecho y pasante en el Colegio de Abogados de Yazd, fue abatido a tiros por fuerzas gubernamentales el 1 de enero, según informó IranWire.

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Las protestas comenzaron como una reacción al aumento del costo de vida y al deterioro económico, pero rápidamente evolucionaron hacia un cuestionamiento abierto al régimen teocrático que gobierna Irán desde la revolución de 1979. Las consignas contra el liderazgo del ayatolá Ali Jameneí se multiplicaron en decenas de ciudades.

Organizaciones de derechos humanos denuncian que la respuesta estatal combinó uso de munición real, detenciones masivas y ocultamiento de información, en un intento por sofocar el movimiento sin dejar testigos.

La muerte de Rubina Aminian y de cientos de jóvenes convirtió las protestas en algo más que una revuelta social: expuso una fractura generacional profunda y colocó a la juventud iraní como el blanco central de la represión. Mientras la comunidad internacional observa, los nombres de las víctimas comienzan a circular como símbolos de un levantamiento que, pese al costo humano, sigue desafiando al poder establecido en Irán.

GD cp